― Su Alteza.
― ¿Su Alteza?
La dama de cabello negro, que aún
resoplaba de indignación, me miró con los ojos de plato. Hamel dio un paso
atrás y le llamó la atención de forma sutil:
― Es Su Alteza la Princesa Imperial Pájaro
Plateado. Muestre sus respetos, señora.
― ¿La Princesa Pájaro Plateado...?
Normalmente, cuando alguien causa un
alboroto y se topa con un miembro de la familia imperial, lo lógico es que se
intimide. Sin embargo, los ojos de la dama de cabello negro brillaron de
alegría al mirarme.
Su actitud era tan curiosa, como si
acabara de encontrarse con un aliado, que la observé con intriga mientras se
presentaba:
― Berthe, de la Casa del Conde Gawain,
saluda a Su Alteza la Princesa Imperial Pájaro Plateado.
― Gawain, ya veo.
― Así es. Soy la madre de Laval, jo, jo.
Fue en ese momento cuando comprendí de
dónde venía esa confianza tan infundada. Esbocé una leve sonrisa y elegí mis
palabras con cuidado:
― Ah, veo que el conde Gawain se parece
mucho a su madre.
― ¡Por supuesto!
La condesa viuda tomó mis palabras como
un cumplido. Yo continué fingiendo una voz sumamente afectuosa:
― Por regla general, solo aquellos que
llevan la sangre Imperial tienen permitido el acceso a este lugar.
― V-vaya, ya veo.
― Sin embargo, hay una manera de ser
hospitalaria con usted, señora, sin necesidad de romper las reglas.
Bibliotecario, saque la silla de adentro y colóquela junto a la puerta.
La silla de la sala de lectura en la
que yo había estado sentada hace un momento fue trasladada justo al lado de la
condesa.
― Tome asiento, por favor.
― No hacía falta que se molestara
tanto...
Aunque decía eso, se la veía sumamente complacida.
No porque pudiera descansar sus piernas cansadas, sino por la satisfacción de
haber ganado esa pequeña guerra de orgullo.
― Es solo una pequeña cortesía hacia la
condesa de Gawain. Espero que descanse cómodamente antes de irse.
Con esto, supuse que no guardaría
ningún rencor absurdo ni intentaría perjudicar a Hamel. Me di la vuelta
dispuesta a regresar al palacio secundario en compañía de Hamel.
― ¡Espere un momento!
― ¿Tiene algo más que decir, señora?
― Es que... no conozco muy bien la
distribución del Palacio Imperial. ¿Podría acompañarme hasta dónde está mi
carruaje? Usted misma, Princesa.
Era la primera vez que un noble me
exigía algo así con tanto descaro. Definitivamente, era un tipo de persona muy
poco común.
Mi dilema no duró mucho. No ganaba nada
buscando roces innecesarios con la mujer que calentaba la cama del emperador loco.
― Con mucho gusto.
― ¡Sabía que aceptaría mi petición!
― Ah, ¿sí?
― Sí. Qué buen hijo he tenido, de verdad.
Jo, jo.
“Parece que
hay un enorme malentendido aquí”.
Me resultó desagradable, pero decidí
dejarlo pasar por esta vez.
― Ejem, como solo frecuento los aposentos
de Su Majestad, todavía no me he acostumbrado al Palacio Imperial. Sería
estupendo que la Princesa Pájaro Plateado me indicara el camino así de vez en
cuando.
Yo me limité a sonreír.
Mientras salíamos del palacio principal
y caminábamos juntas hacia el lugar donde estaban los carruajes, la condesa no
paró de parlotear ni un segundo:
― Laval se parece a mí, por eso es tan
apuesto, ¿verdad?
―... Sí.
― Además de ser tan apuesto, es sumamente
talentoso, por lo que últimamente no paran de lloverle los cortejos de las
jóvenes damas de la nobleza. Parece que la competencia se está volviendo cada
vez más feroz... ¿Usted también lo nota, Princesa?
― He oído que le va muy bien desde que se
convirtió en el capitán de la guardia de la capital Imperial.
― ¡Siento que el valor de Laval tardó
demasiado en ser descubierto! Incluso antes de ser capitán de la guardia, ya
era un hombre extraordinario con un potencial infinito; pero aquellas damas
ciegas rechazaron todas las propuestas de matrimonio por no saber reconocerlo.
A lo sumo, solo conseguíamos propuestas de insignificantes damas de familias de
vizcondes. ¡Me muero de la rabia cada vez que me acuerdo de esa época!
―....
― Pero ahora la situación ha cambiado.
¿Cómo se sentirán esas damas que rechazaron las propuestas en su momento al ver
a mi hijo tan exitoso hoy en día? Seguro que se están lamentando y tirándose de
los pelos, ¿verdad? Ya que las cosas son así, me encantaría que nuestro Laval
se casara con la mujer más noble de todas para darles una lección y bajarles
los humos a las demás.
―....
― ¡Ah! Me pregunto qué señorita tan
afortunada se convertirá en la pareja de Laval. Yo, francamente, envidio mucho
a mi futura nuera. Qué bendición casarse con mi hijo.
¿De dónde salía semejante mentalidad?
¿Acaso era una especie de complejo psicológico similar al que hace que algunos
padres crean ser el primer amor de sus hijas? Sentí que se me revolvía el
estómago.
― Laval llegará todavía más lejos. Por
eso, sería maravilloso que la Princesa Pájaro Plateado mostrara un interés
activo hacia él en público para darle más prestigio a nuestro Laval. ¿Qué opina
de...?
― Condesa Gawain.
― ¡Sí!
Ya había tenido suficiente paciencia. Aun
así, intenté no sonar demasiado cortante y le solté una frase manteniéndome
dentro de lo que yo consideraba un límite afable:
― Laval Gawain no es para tanto.
― ¿Cómo dice?
El rostro de la condesa reflejaba que,
aunque lo había escuchado con sus oídos, su cerebro no lograba procesar el
significado de mis palabras. Este nivel de confusión era perfecto.
En ese preciso momento, apareció el
protagonista de la tediosa conversación.
― ¿P-Princesa Pájaro Plateado?
― Parece que ha venido a recoger a su
madre, Conde.
― ¿Eh? Ah, sí.
Al ver que la condesa y yo estábamos
juntas, Laval se mostró sumamente desconcertado. Se notaba que tenía la
conciencia bastante sucia.
― Que tenga un buen viaje de regreso, Condesa
Gawain.
Mi papel aquí había terminado. Mientras
me despedía de la dama fingiendo una supuesta cordialidad, Laval se colocó
apresuradamente a mi lado y le dijo a su madre con total desinterés:
― El carruaje está allá, suba primero.
― ¿Eh? ¿Yo sola? ¿Y tú, hijo?
― Yo debo escoltar a Su Alteza de regreso
al Palacio secundario.
―... Ah, claro. De acuerdo.
Pude leer una mezcla compleja de
emociones en los ojos de la condesa Gawain. Era una mirada que, aunque apoyaba
a su hijo, también se mantenía a la defensiva por temor a que se lo
arrebataran.
No rechacé la compañía de Laval.
Después de todo, tenía algo que decirle si me lo encontraba. En el camino hacia
el palacio secundario, Laval comenzó a insinuarse y a mostrar una sutil
expectativa:
― Hace un momento vi que se llevaba muy
bien con mi mam... ah, no, con mi madre...
― Si es alguien que atiende a Su
Majestad, ¿no vendría siendo como una madre para mí también?
― ¿V-Verdad que sí?
Laval se iluminó de alegría. Parece
que, debido a mi tono tan calmado, mis palabras le sonaron favorables. Pero mi
intención no era tratar a la condesa Gawain como a mi futura suegra, sino
hacerle saber que estaba perfectamente al tanto del acto de inmoralidad que él
había cometido.
Aquel hombre no solo carecía de
vergüenza, sino que además era un completo estúpido. Habiendo ganado una confianza
del todo innecesaria, Laval comenzó a darse ínfulas de grandeza y a presumir
con altanería:
― Es que en esta ocasión he logrado una gran
hazaña. Su Majestad me ha prometido que me otorgará un gran reconocimiento
público durante el Festival de la Fundación.
― Ah, ya veo.
― Quién sabe, tal vez incluso reciba el
título de Marqués. Sería el mismo rango que ostenta Sir Dominic.
― Te felicito por adelantado.
― Aunque de solo pensar en que me volveré
todavía más popular de lo que ya soy ahora, me entra un poco de cansancio, la
verdad.
― Es muy probable.
― A partir de ahora, mi vida social podría
volverse mucho más ajetreada. Ya de por sí me llueven las invitaciones de todas
partes... Así que, en el futuro, temo que será difícil hacerme un espacio
incluso para dar un paseo tan tranquilo como este al lado de Su Alteza la
Princesa Pájaro Plateado.
Madre e hijo compartían exactamente la
misma forma de hablar. Su estrategia consistía en provocar impaciencia en el
oyente para obligarlo a dar el primer paso y acercarse con entusiasmo, ¿no es
así? Por supuesto, se había equivocado rotundamente de persona. Me limité a
devolverle respuestas cortas y con total desinterés:
― Es una lástima.
― Ejem. Habrá un banquete en el Palacio Imperial
la noche del Festival de la Fundación, ¿ya ha decidido quién será su pareja de
baile?
― Para mí, mi escolta me basta y me sobra
con Sir Regen.
― ¡¿Cómo que le basta?! ¿No cree que debería
mirar a largo plazo? Sería mucho más conveniente que empezara a buscar desde ya
a un hombre con una base sólida y confiable en quien apoyarse, en lugar de
conformarse con su caballero directo.
― Yo me encargaré de mis asuntos.
Laval era un hombre con un límite de
tolerancia sumamente bajo. Al ver que no le daba ni una sola de las respuestas
que él tanto ansiaba escuchar, no tardó en mostrar su verdadero temperamento:
― Su Alteza la Princesa Pájaro Plateado, ¿me
permitiría decirle unas palabras con total lealtad y franqueza?
― Adelante, habla.
― Si mantiene una actitud tan rígida, a los
jóvenes nobles les resultará muy difícil acercarse a usted. ¿Acaso Su Alteza no
se encuentra en una posición donde debería esforzarse por ganarse el favor de
los jóvenes herederos de las familias influyentes? Puede que ahora mismo sea la
ganadora del banquete, pero nadie sabe qué deparará el futuro. Siempre hay que
estar preparada para cualquier imprevisto...
― Te estás yendo demasiado por las ramas.
¿Qué es exactamente lo que quieres decir?
Completamente ofendido y furioso, terminó
soltando semejante estupidez por esa boca suya:
― ¡Si sigue comportándose de esa manera, no
pienso pujar por usted cuando llegue la subasta!
―....
Esto ya era cruzar la línea de forma
descarada.
― ¡A-Ah! No, no es lo que quise decir, a lo
que me refería era...
Laval se apresuró a corregirse atolondrado,
pero ya era demasiado tarde para tragarse las palabras que había escupido. Pude
sentir claramente cómo mi propia expresión se congelaba, volviéndose gélida
como el hielo. (La cagaste Laval, la
cagaste XD)
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