Noah no pudo decir nada, como si tuviera
un nudo en la garganta.
Por otra parte, Shushu ya estaba
derramando un mar de lágrimas. Al verla así, Ciel intuyó que la despedida era
inminente. Él le entregó un pañuelo con una sonrisa amarga, sin guardar ningún
tipo de resentimiento.
― Está llorando otra vez. Espero que su
próximo caballero sea alguien que no la haga llorar.
―... No lo habrá.
― ¿Disculpe?
― No habrá ningún “próximo caballero”.
Dijo Shushu tras sonarse ruidosamente la
nariz con el pañuelo.
― Lloro porque lo que acaba de decir la
hermana Lete me conmovió.
― Alteza, esas palabras significan...
― De todos modos, Shushu no puede
ganarles a sus hermanas mayores. Ya me he mentalizado para ir al convento.
Ninguna de las princesas tenía la
intención de reemplazar a su caballero directo. Sin embargo, la astucia del
Emperador Loco estaba un nivel por encima, por lo que ya tenía preparado el
siguiente paso para agitar los corazones de las princesas.
― Vaya, vaya, ¿acaso ninguno de ellos es
de su agrado? Es comprensible, ya que habiendo tenido antes a un prisionero de
guerra, es probable que no se den por satisfechas. Por eso, yo mismo he
preparado algo más.
En cuanto el Emperador Loco chasqueó los
dedos, algunos de los caballeros de la guardia real que hasta entonces
permanecían de pie al fondo como parte del escenario, dieron un paso al frente.
Ellos se posicionaron por delante de los prisioneros de guerra.
― Ampliaré sus opciones. De entre los
caballeros que aprecio, he seleccionado especialmente a aquellos con aptitudes
sobresalientes. Incluso hay un voluntario.
Al ver la figura del “voluntario” que
caminaba en último lugar, los rostros de las princesas se desencajaron por la
sorpresa. Ni siquiera Sasha fue la excepción.
― ¿Si-Sir Dominic?
― No puede ser.
En medio de la agitación de las
princesas, la mirada de Dominic voló directo hacia una sola persona. Como
siempre, el objetivo al que perseguía con tenacidad era Rosassia.
La princesa, cuyo rostro se había
desprovisto de cualquier expresión, y el comandante de la guardia real, quien
esbozaba una sonrisa tan perfecta como una pintura, entrelazaron sus miradas en
silencio. Por su parte, el caballero directo que custodiaba el flanco de la
princesa bajó la mirada con una expresión tan sombría y oscura como su propio
estado de ánimo.
El Emperador Loco habló:
― Como ya saben, soy famoso por ser un
padre que ama con locura a sus hijas. Si alguna de ellas lo desea, estoy
dispuesto a ceder con gusto incluso a Dominic. Y bien, ¿quién se quedará con
él?
La sutil incitación hizo tambalear a las
princesas. Entre todas, los ojos carmesíes de Liliana eran los que brillaban
con mayor codicia.
¿Quién era, después de todo, Dominic Muzecal?
Era el caballero más fuerte del imperio, no, del mundo entero, y un gran
aristócrata que gozaba del favor del Emperador Loco. Si lograba tener a Dominic
de su lado, ganar el primer lugar en el concurso ni siquiera sería un problema.
En pocas palabras, era la carta del
triunfo absoluto.
“Lo quiero”.
Era un hombre por el que había sentido
codicia desde un principio. Ahora que se presentaba la oportunidad de tenerlo,
no pensaba dejarla pasar. Por ello, decidió hacer la vista gorda ante ciertos
hechos que resultaban incómodos.
Hechos como que Julius la observaba
fijamente en ese mismo instante, o que Dominic se había presentado con el único
propósito de ser elegido por Rosassia, fueron borrados deliberadamente de su
mente.
― ¡Yo!
Liliana se levantó de su asiento a toda
prisa. Su respiración se había vuelto un tanto agitada debido a la expectación.
― Deseo intentarlo, Majestad.
― Como esperaba de mi Lily. Eres muy
audaz.
Dominic apartó la mirada que mantenía
clavada en Sasha y le echó un vistazo de reojo a Liliana. La sonrisa de hace un
momento se había enfriado por completo y sus ojos desbordaban fastidio, pero
Liliana, en su estado de excitación, no se percató de ello.
El Emperador Loco disfrutaba de la
situación.
― Dominic es un caballero fuerte.
Requerirá una cantidad considerable de poder de dominio, ¿estás segura de ti
misma?
― Daré mi mejor esfuerzo.
Arrebatar a un caballero que ya ha sido
sellado por otra persona es imposible a menos que exista una diferencia abismal
en el poder de dominio. Dado que en este momento no había nadie capaz de
abrumar al Emperador Loco en términos de dominio, para que Liliana pudiera
intentar sellar a Dominic, primero el Emperador Loco debía liberarlo.
El Emperador Loco se acarició la barbilla
pulcra mientras fingía quedarse pensativo.
― Ahora que lo pienso, ¿saben ustedes qué
le ocurre a un caballero cuando se rompe su sello?
―....
Las princesas mostraron expresiones que
indicaban que era la primera vez que oían hablar de ello. Sasha no fue la
excepción.
― Qué oportuno. Es una buena ocasión para
mostrárselos.
El Emperador Loco, riendo con evidente diversión,
dictó una orden:
― Apresen a Dominic.
Algunos de los caballeros de la guardia
real que se encontraban cerca rodearon a Dominic. Le colocaron en el cuello, en
ambas muñecas y en ambos tobillos unos grilletes que normalmente se usarían
solo para un traidor de la peor calaña. Cada pieza de sujeción estaba unida a
una larga cadena, y los extremos eran sostenidos por cinco caballeros de la
guardia real, uno cada uno. Incluso si capturaran a una bestia salvaje y feroz,
dudosamente la atarían de una forma tan bárbara.
Era un trato sumamente humillante, pero
Dominic no se inmutó. Al contrario, seguía sonriendo como de costumbre, por lo
que a primera vista parecía que consideraba aquel trato como algo completamente
natural.
Por el contrario, las que quedaron conmocionadas
fueron las princesas.
― ¿Ma-Majestad?
― ¿Por qué le hace esto a Sir Dominic...?
Y eso no era el final.
El eco de unos pasos pesados hizo
retumbar el suelo de la sala de audiencias. Las decenas de caballeros de la
guardia real que custodiaban las paredes dieron simultáneamente tres pasos al
frente, como si cerraran un cerco. Dominic era un objetivo tan peligroso que
requería que una cantidad tan grande de personal redujera la distancia e
incluso desenvainara sus espadas.
El meticuloso Emperador Loco desconfiaba
de algo más aparte de Dominic.
― Los caballeros directos de las princesas,
retrocedan cinco pasos.
En el espacio creado al distanciar a las
princesas de sus caballeros directos, los caballeros de la guardia real del
emperador se posicionaron de dos en dos. A primera vista parecía una medida
para proteger a las princesas, pero la realidad era todo lo contrario.
Regen apretó los puños en silencio
mientras retrocedía.
“Ha tomado a las princesas como rehenes”.
Aprovechando el momento en que el sello
de Dominic, la fuerza principal, se rompería, el emperador había tomado medidas
para evitar que los caballeros directos intentaran asesinarlo. La prevención
del Emperador Loco era efectiva. Los caballeros de la guardia real apostados a
la izquierda y derecha de Sasha estaban listos para colocarle una espada en el
cuello en cualquier momento si ella intentaba algo.
En una situación donde Regen se
encontraba dos pasos más lejos de la distancia en la que podía proteger a Sasha
de forma absoluta, era imposible pensar en un asesinato; no quedaba más remedio
que contener el aliento y cuidar hasta el más mínimo movimiento para no
levantar sospechas. Para un caballero directo, la persona que poseía su sello
era un ser de esa magnitud.
― Mírame a los ojos, Dominic Muzecal.
A través de la gran distancia que los
separaba, las miradas del Emperador Loco y de Dominic se entrelazaron. Un mismo
patrón emergió y comenzó a girar en los ojos de ambos. En el proceso en que la
unión forjada por el poder absoluto se desataba, una onda similar a un latido
del corazón se propagó repetidamente por toda la sala de audiencias.
Las princesas observaron aquella escena
tan insólita, olvidándose incluso de parpadear.
Poco después, el ambiente de la sala de
audiencias se volvió apacible. Como si anunciara que todo había concluido, el
Emperador Loco hundió la espalda profundamente en su trono, y Dominic dejó
escapar un suspiro disfrutando de la sensación de libertad.
Las princesas, que por alguna razón se
habían mantenido tensas, también estuvieron a punto de soltar un suspiro de
alivio al ver que no había ocurrido nada grave. Sin embargo, de repente, la
figura de Dominic desapareció de su lugar.
Al instante siguiente, Dominic se lanzó directo
hacia el trono imperial.
― ¡Kyaaa!
En medio de los gritos de algunas de las
princesas que se llevaron un buen susto, Dominic estiró su mano derecha
apuntando directamente al cuello del Emperador Loco. A pesar de tener frente a
sus ojos una mano con una fuerza descomunal, capaz de fracturar con facilidad
las vértebras cervicales de cualquier ser humano, el Emperador Loco sonrió con
total tranquilidad.
― ¡Agh!
Dominic no logró cumplir su cometido
justo a un palmo de la nariz del Emperador Loco. Las cadenas conectadas a sus
extremidades y a su cuello lo derribaron hacia atrás y se tensaron al máximo.
Una fuerza de tracción que parecía que iba a desgarrar su cuerpo en cinco
direcciones bloqueó los movimientos de Dominic. Como los grilletes también
poseían la función de suprimir el maná, Dominic terminó siendo sometido por más
de una decena de caballeros de la guardia real.
Aun con la espalda aplastada contra el
suelo, sus ojos desosaban una intensa sed de sangre mientras fulminaba al
Emperador Loco. El Emperador Loco lo observó con una expresión de intriga.
― Dominic, no tenía idea de que tuvieras
tantas ganas de matarme.
― Kh...
No hubo respuesta. En este momento,
parecía que toda la cordura de Dominic se había esfumado, dejando en su lugar
únicamente el instinto.

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