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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 84

 


Noah no pudo decir nada, como si tuviera un nudo en la garganta.

Por otra parte, Shushu ya estaba derramando un mar de lágrimas. Al verla así, Ciel intuyó que la despedida era inminente. Él le entregó un pañuelo con una sonrisa amarga, sin guardar ningún tipo de resentimiento.

― Está llorando otra vez. Espero que su próximo caballero sea alguien que no la haga llorar.

―... No lo habrá.

― ¿Disculpe?

― No habrá ningún “próximo caballero”.

Dijo Shushu tras sonarse ruidosamente la nariz con el pañuelo.

― Lloro porque lo que acaba de decir la hermana Lete me conmovió.

― Alteza, esas palabras significan...

― De todos modos, Shushu no puede ganarles a sus hermanas mayores. Ya me he mentalizado para ir al convento.

Ninguna de las princesas tenía la intención de reemplazar a su caballero directo. Sin embargo, la astucia del Emperador Loco estaba un nivel por encima, por lo que ya tenía preparado el siguiente paso para agitar los corazones de las princesas.

― Vaya, vaya, ¿acaso ninguno de ellos es de su agrado? Es comprensible, ya que habiendo tenido antes a un prisionero de guerra, es probable que no se den por satisfechas. Por eso, yo mismo he preparado algo más.

En cuanto el Emperador Loco chasqueó los dedos, algunos de los caballeros de la guardia real que hasta entonces permanecían de pie al fondo como parte del escenario, dieron un paso al frente. Ellos se posicionaron por delante de los prisioneros de guerra.

― Ampliaré sus opciones. De entre los caballeros que aprecio, he seleccionado especialmente a aquellos con aptitudes sobresalientes. Incluso hay un voluntario.

Al ver la figura del “voluntario” que caminaba en último lugar, los rostros de las princesas se desencajaron por la sorpresa. Ni siquiera Sasha fue la excepción.

― ¿Si-Sir Dominic?

― No puede ser.

En medio de la agitación de las princesas, la mirada de Dominic voló directo hacia una sola persona. Como siempre, el objetivo al que perseguía con tenacidad era Rosassia.

La princesa, cuyo rostro se había desprovisto de cualquier expresión, y el comandante de la guardia real, quien esbozaba una sonrisa tan perfecta como una pintura, entrelazaron sus miradas en silencio. Por su parte, el caballero directo que custodiaba el flanco de la princesa bajó la mirada con una expresión tan sombría y oscura como su propio estado de ánimo.

El Emperador Loco habló:

― Como ya saben, soy famoso por ser un padre que ama con locura a sus hijas. Si alguna de ellas lo desea, estoy dispuesto a ceder con gusto incluso a Dominic. Y bien, ¿quién se quedará con él?

La sutil incitación hizo tambalear a las princesas. Entre todas, los ojos carmesíes de Liliana eran los que brillaban con mayor codicia.

¿Quién era, después de todo, Dominic Muzecal? Era el caballero más fuerte del imperio, no, del mundo entero, y un gran aristócrata que gozaba del favor del Emperador Loco. Si lograba tener a Dominic de su lado, ganar el primer lugar en el concurso ni siquiera sería un problema.

En pocas palabras, era la carta del triunfo absoluto.

“Lo quiero”.

Era un hombre por el que había sentido codicia desde un principio. Ahora que se presentaba la oportunidad de tenerlo, no pensaba dejarla pasar. Por ello, decidió hacer la vista gorda ante ciertos hechos que resultaban incómodos.

Hechos como que Julius la observaba fijamente en ese mismo instante, o que Dominic se había presentado con el único propósito de ser elegido por Rosassia, fueron borrados deliberadamente de su mente.

― ¡Yo!

Liliana se levantó de su asiento a toda prisa. Su respiración se había vuelto un tanto agitada debido a la expectación.

― Deseo intentarlo, Majestad.

― Como esperaba de mi Lily. Eres muy audaz.

Dominic apartó la mirada que mantenía clavada en Sasha y le echó un vistazo de reojo a Liliana. La sonrisa de hace un momento se había enfriado por completo y sus ojos desbordaban fastidio, pero Liliana, en su estado de excitación, no se percató de ello.

El Emperador Loco disfrutaba de la situación.

― Dominic es un caballero fuerte. Requerirá una cantidad considerable de poder de dominio, ¿estás segura de ti misma?

― Daré mi mejor esfuerzo.

Arrebatar a un caballero que ya ha sido sellado por otra persona es imposible a menos que exista una diferencia abismal en el poder de dominio. Dado que en este momento no había nadie capaz de abrumar al Emperador Loco en términos de dominio, para que Liliana pudiera intentar sellar a Dominic, primero el Emperador Loco debía liberarlo.

El Emperador Loco se acarició la barbilla pulcra mientras fingía quedarse pensativo.

― Ahora que lo pienso, ¿saben ustedes qué le ocurre a un caballero cuando se rompe su sello?

―....

Las princesas mostraron expresiones que indicaban que era la primera vez que oían hablar de ello. Sasha no fue la excepción.

― Qué oportuno. Es una buena ocasión para mostrárselos.

El Emperador Loco, riendo con evidente diversión, dictó una orden:

― Apresen a Dominic.

Algunos de los caballeros de la guardia real que se encontraban cerca rodearon a Dominic. Le colocaron en el cuello, en ambas muñecas y en ambos tobillos unos grilletes que normalmente se usarían solo para un traidor de la peor calaña. Cada pieza de sujeción estaba unida a una larga cadena, y los extremos eran sostenidos por cinco caballeros de la guardia real, uno cada uno. Incluso si capturaran a una bestia salvaje y feroz, dudosamente la atarían de una forma tan bárbara.

Era un trato sumamente humillante, pero Dominic no se inmutó. Al contrario, seguía sonriendo como de costumbre, por lo que a primera vista parecía que consideraba aquel trato como algo completamente natural.

Por el contrario, las que quedaron conmocionadas fueron las princesas.

― ¿Ma-Majestad?

― ¿Por qué le hace esto a Sir Dominic...?

Y eso no era el final.

El eco de unos pasos pesados hizo retumbar el suelo de la sala de audiencias. Las decenas de caballeros de la guardia real que custodiaban las paredes dieron simultáneamente tres pasos al frente, como si cerraran un cerco. Dominic era un objetivo tan peligroso que requería que una cantidad tan grande de personal redujera la distancia e incluso desenvainara sus espadas.

El meticuloso Emperador Loco desconfiaba de algo más aparte de Dominic.

― Los caballeros directos de las princesas, retrocedan cinco pasos.

En el espacio creado al distanciar a las princesas de sus caballeros directos, los caballeros de la guardia real del emperador se posicionaron de dos en dos. A primera vista parecía una medida para proteger a las princesas, pero la realidad era todo lo contrario.

Regen apretó los puños en silencio mientras retrocedía.

“Ha tomado a las princesas como rehenes”.

Aprovechando el momento en que el sello de Dominic, la fuerza principal, se rompería, el emperador había tomado medidas para evitar que los caballeros directos intentaran asesinarlo. La prevención del Emperador Loco era efectiva. Los caballeros de la guardia real apostados a la izquierda y derecha de Sasha estaban listos para colocarle una espada en el cuello en cualquier momento si ella intentaba algo.

En una situación donde Regen se encontraba dos pasos más lejos de la distancia en la que podía proteger a Sasha de forma absoluta, era imposible pensar en un asesinato; no quedaba más remedio que contener el aliento y cuidar hasta el más mínimo movimiento para no levantar sospechas. Para un caballero directo, la persona que poseía su sello era un ser de esa magnitud.

― Mírame a los ojos, Dominic Muzecal.

A través de la gran distancia que los separaba, las miradas del Emperador Loco y de Dominic se entrelazaron. Un mismo patrón emergió y comenzó a girar en los ojos de ambos. En el proceso en que la unión forjada por el poder absoluto se desataba, una onda similar a un latido del corazón se propagó repetidamente por toda la sala de audiencias.

Las princesas observaron aquella escena tan insólita, olvidándose incluso de parpadear.

Poco después, el ambiente de la sala de audiencias se volvió apacible. Como si anunciara que todo había concluido, el Emperador Loco hundió la espalda profundamente en su trono, y Dominic dejó escapar un suspiro disfrutando de la sensación de libertad.

Las princesas, que por alguna razón se habían mantenido tensas, también estuvieron a punto de soltar un suspiro de alivio al ver que no había ocurrido nada grave. Sin embargo, de repente, la figura de Dominic desapareció de su lugar.

Al instante siguiente, Dominic se lanzó directo hacia el trono imperial.

― ¡Kyaaa!

En medio de los gritos de algunas de las princesas que se llevaron un buen susto, Dominic estiró su mano derecha apuntando directamente al cuello del Emperador Loco. A pesar de tener frente a sus ojos una mano con una fuerza descomunal, capaz de fracturar con facilidad las vértebras cervicales de cualquier ser humano, el Emperador Loco sonrió con total tranquilidad.

― ¡Agh!

Dominic no logró cumplir su cometido justo a un palmo de la nariz del Emperador Loco. Las cadenas conectadas a sus extremidades y a su cuello lo derribaron hacia atrás y se tensaron al máximo. Una fuerza de tracción que parecía que iba a desgarrar su cuerpo en cinco direcciones bloqueó los movimientos de Dominic. Como los grilletes también poseían la función de suprimir el maná, Dominic terminó siendo sometido por más de una decena de caballeros de la guardia real.

Aun con la espalda aplastada contra el suelo, sus ojos desosaban una intensa sed de sangre mientras fulminaba al Emperador Loco. El Emperador Loco lo observó con una expresión de intriga.

― Dominic, no tenía idea de que tuvieras tantas ganas de matarme.

― Kh...

No hubo respuesta. En este momento, parecía que toda la cordura de Dominic se había esfumado, dejando en su lugar únicamente el instinto.

 


 




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