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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 85

 


El Emperador Loco les explicó a las conmocionadas princesas:

― Mírenlo bien con sus propios ojos, hijas mías. Esto es lo que sucede cuando se rompe el sello de un caballero directo. Al mismo tiempo que pierden la cordura y se descontrolan, afloran sus verdaderos sentimientos, aquellos que hasta entonces habían permanecido reprimidos bajo la lealtad y el respeto.

―….

― Según mi propia experiencia, en nueve de cada diez casos terminan manifestando una clara sed de sangre. Por lo tanto, les recomiendo que rompan el sello de sus caballeros directos únicamente matándolos.

Ninguna de las princesas fue capaz de responderle. El impacto de ver a Dominic, conocido como la primera espada del Emperador Loco, mostrando tal sed de sangre hacia el mismísimo emperador no era algo de lo que pudieran calmarse fácilmente.

― Liliana, ahora es tu turno.

― Ma-Majestad.

Mantener el deseo de intentarlo tras presenciar semejante secuencia de hechos no era tarea fácil. En especial ahora que Dominic no difería en absoluto de una bestia salvaje guiada únicamente por la sed de sangre. El temor a que pudiera morir si se le acercaba hizo que Liliana retrocediera varios pasos.

― N-no puedo hacerlo. No soy capaz. ¡Por favor, perdóneme!

― Vaya, vaya.

Como si desde un principio no hubiera tenido grandes expectativas, el Emperador Loco desvió de inmediato su interés hacia otro objetivo.

― Ahora que lo pienso...

La mirada del Emperador Loco se posó sobre Sasha.

― Sasha, ¿no era hoy tu cumpleaños?

―.... Me conmueve profundamente que lo recuerde, su Majestad.

― ¿Qué te parece? ¿Qué tal si te quedas con Dominic como regalo de cumpleaños?

― Ya cuento con Sir Regen a mi lado.

― Como es tu cumpleaños, te autorizaré de manera especial a que te lleves a Dominic de forma adicional.

Por más que se tratara de Sasha, no pudo rechazar la propuesta de inmediato ante semejante oferta. Contar con dos caballeros directos significaba que, incluso si llegaba a quedar en el último lugar en un concurso, aún tendría la posibilidad de sobrevivir.

“Sasha”.

Regen tampoco ignoraba ese hecho. Sin embargo, aunque su mente lograba comprenderlo, su corazón no podía aceptarlo.

― ¿Acaso los caballeros no son mejores cuanto más se tengan?

Todos se sobresaltaron al escuchar la voz que acababa de resonar. Habían sido palabras de Dominic, quien todavía se encontraba aplastado a los pies del Emperador Loco.

― Vaya, ¿ya has recuperado la cordura?

― Sí, Majestad. Me lamento profundamente y me disculpo por haber cometido semejante falta de respeto.

― No importa. Dado que soy un emperador clemente, te perdono generosamente.

― Me conmueve su gracia. ¡Gloria eterna al reinado del Gran Emperador!

Un tirano arrogante sentado con las piernas cruzadas en su trono imperial y un caballero sometido de forma tan miserable que una de sus mejillas tocaba el suelo intercambiaban palabras. Desde la sonrisa rutinaria hasta los diálogos artificiales, todo aquello no difería en absoluto de una farsa teatral.

― Majestad.

La voz de Sasha resonó en la sala de audiencias. Ella pronunció, con un poco de retraso, las palabras que debió haber dicho desde un principio:

― Siento que me falta demasiada capacidad como para hacerme cargo también de Sir Dominic. Le ruego que guarde la espada de su Majestad.

El rostro de Dominic se distorsionó de manera terrible, pero Sasha no lo miró y se limitó a complacer al Emperador Loco.

― No queda de otra, Dominic. Tendrás que jurarme lealtad una vez más.

―... Sí, Majestad. Con mucho gusto.

Permaneciendo postrado en el suelo en la misma postura con la que miraba hacia el trono imperial, Dominic volvió a ser sellado por el Emperador Loco.

― Es una verdadera lástima que no haya ningún cambio fresco. Puede que cambien de opinión cuando hayan superado más concursos.

Con este aviso de que en el futuro volvería a darles la oportunidad de cambiar a sus caballeros directos, el Emperador Loco dio por terminada la audiencia.

 

***

Las expresiones de las hermanas al salir de la sala de audiencias eran sombrías. Como todavía se necesitaba tiempo para que se asentara el impacto de lo que habían visto y oído en el interior, todas se despidieron deprisa y corriendo, casi sin saludarse.

No sería una exageración decir que las princesas, incluyéndome a mí, tenían todos sus pensamientos y nervios volcados en este momento hacia sus caballeros directos. Esto se debía a que la frase del Emperador Loco, “los verdaderos sentimientos que hasta entonces habían permanecido reprimidos bajo la lealtad y el respeto”, se había quedado profundamente grabada en sus mentes.

Es algo que ya sabía, pero volví a reflexionar sobre ello de nuevo. La relación entre una princesa y su caballero directo no es natural ni normal. Las virtudes que un caballero directo ofrece, tales como el afecto, la amabilidad y la cortesía, no eran una total y absoluta sinceridad, sino una hermosa falsedad fabricada y manipulada por el sello.

Traté de aplicar esta realidad comprendida por mi mente a Regen, quien caminaba a mi lado en este momento. Sentí una punzada de dolor en el pecho, lo que me obligó a bajar la mirada de inmediato hacia el suelo. Yo soy sincera. ¿Acaso soy la única que es sincera?

― Sasha.

Parece que mis pasos se detuvieron sin darme cuenta. Antes de que Regen pudiera encontrarlo extraño, me apresuré a poner una excusa:

― No es nada.

Llegué a pensar que preferiría que alguien cortara de raíz este amor no correspondido. De esa forma, podría regresar a ser la princesa indiferente y fría que era antes, y mi mente estaría en paz.

Sin embargo, Regen no me dio espacio ni para imaginar esa breve escapatoria.

― ¿Cómo que no es nada? Ha presenciado algo terrible. No tiene que fingir que está bien.

La voz de Regen sonaba inusualmente afectuosa el día de hoy. Deseaba con el alma que, al menos la preocupación que se percibía en ella, fuera sincera.

Con la cabeza sutilmente agachada, dejé salir una respuesta en voz baja:

―....

― ¿Está llorando?

― ¿De qué estás hablando?

Me puse seria y levanté la cabeza de golpe.

― Por fin me sostiene la mirada.

―....

Mi corazón dio un vuelco ante la tenue sonrisa que me dedicaba de frente. El haber deseado hace un momento que este amor no correspondido terminara se volvió ridículo. Incluso si no hubiera estado enamorada, habría caído rendida de amor en este preciso instante, así que ¿de qué servía resistirse?

Decidí mandar todo a volar. Después de todo, el hombre frente a mis ojos era mi caballero, y me pertenecía. Decidí exigirle con descaro:

― Así es. Estoy deprimida. Consuélame con dulzura.

Daba la casualidad de que nos encontrábamos en un jardín solitario y tranquilo. Como las vistosas rosas estaban en pleno apogeo y llenaban todo mi campo de visión, sería perfecto que me besara con una pasión tan intensa como el color de esas rosas rojas.

Sin embargo, Regen se limitó a mirarme fijamente con sus ojos dorados y limpios. En cualquier otra ocasión, me habría tomado de la muñeca de inmediato para llevarme a un rincón apartado, pero el ambiente era extrañamente calmado.

― Antes de eso, debo preguntarle por qué motivo está deprimida.

― ¿Acaso importa el motivo?

― Para mí es importante. Mucho.

― ¿Por qué?

― Porque si resulta que necesita consuelo por no haber podido recibir a Dominic como su caballero, me va a ser muy difícil consolarla con dulzura.

Me sorprendió, ya que era algo en lo que ni siquiera había pensado. Sin embargo, había otra parte que me llamaba más la atención.

― ¿Qué te va a ser difícil hacerlo con dulzura?

― ¿Debo asumir entonces que la razón en la que pensé es la correcta?

La voz de Regen pareció volverse tan baja que, por alguna razón, causaba escalofríos.

― No. Definitivamente no es eso. Puedo jurarlo incluso sobre el Puente de la Promesa.

― Qué alivio.

El cambio en la atmósfera de Regen el día de hoy era tan grande que resultaba increíble. Suavizando su expresión, Regen tomó mi barbilla entre sus manos de manera delicada.

En cuanto aquello que le pesaba en el corazón desapareció, su rostro se acercó como si hubiera estado esperando ese preciso momento. Sin embargo, para mí, un beso no era lo más importante ahora.

― ¿Qué no puedes ser dulce? ¿De verdad serías capaz de hacer algo así?

― ¿Por qué le toma tanta importancia a esa parte?

― Porque para mí es importante. Mucho.

Sé que a Regen le desagrada la idea de que yo reciba a otro caballero. Pero, aun así, el sello debería obligar a Regen a tratarme con afecto, amabilidad y cortesía. Porque esa es la actitud que se supone que debe mostrar un caballero manipulado por la lealtad y el respeto. Sin embargo, decir que no creía poder ser dulce, ¿no significaba acaso una resistencia total contra el sello?

Al final, terminé exigiéndole:

― Inténtalo.

― ¿A qué se refiere?

― Consuélame sin ser dulce.

― ¿Acaso se encuentra ebria?

― Qué grosero de tu parte.

― Le pido disculpas.

Regen desplazó la mano que acunaba mi mejilla hacia mi frente. El tacto con el que acomodó minuciosamente mi flequillo fue tan suave como una brisa ligera.

― Es imposible. En este momento, lo único que se me ocurre es ser dulce con Sasha.

― ¿Por causa del sello?

El desengaño no pudo ocultarse en mi voz al volver a preguntar. Como no quería que viera mi expresión, me di la vuelta bruscamente.

En ese instante, sentí cómo sus brazos me rodeaban desde atrás, abrazándome. Una resonancia profunda, como el eco de una cueva, sacudió mi oído:

― Tal vez...

Pensando que era una afirmación, intenté zafarme de sus brazos y escapar, pero él no me soltó. De repente, me vi obligada a escuchar el resto de sus palabras atrapada en su pecho:

―... O tal vez no.

Un tacto suave rozó la parte posterior de mi cuello. Mi respiración se detuvo por un segundo ante un escalofrío que no supe si era de piel de gallina o de pura emoción.








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