El Emperador Loco les explicó a las
conmocionadas princesas:
― Mírenlo bien con sus propios ojos,
hijas mías. Esto es lo que sucede cuando se rompe el sello de un caballero
directo. Al mismo tiempo que pierden la cordura y se descontrolan, afloran sus
verdaderos sentimientos, aquellos que hasta entonces habían permanecido
reprimidos bajo la lealtad y el respeto.
―….
― Según mi propia experiencia, en nueve
de cada diez casos terminan manifestando una clara sed de sangre. Por lo tanto,
les recomiendo que rompan el sello de sus caballeros directos únicamente
matándolos.
Ninguna de las princesas fue capaz de
responderle. El impacto de ver a Dominic, conocido como la primera espada del
Emperador Loco, mostrando tal sed de sangre hacia el mismísimo emperador no era
algo de lo que pudieran calmarse fácilmente.
― Liliana, ahora es tu turno.
― Ma-Majestad.
Mantener el deseo de intentarlo tras
presenciar semejante secuencia de hechos no era tarea fácil. En especial ahora
que Dominic no difería en absoluto de una bestia salvaje guiada únicamente por
la sed de sangre. El temor a que pudiera morir si se le acercaba hizo que Liliana
retrocediera varios pasos.
― N-no puedo hacerlo. No soy capaz. ¡Por
favor, perdóneme!
― Vaya, vaya.
Como si desde un principio no hubiera
tenido grandes expectativas, el Emperador Loco desvió de inmediato su interés
hacia otro objetivo.
― Ahora que lo pienso...
La mirada del Emperador Loco se posó
sobre Sasha.
― Sasha, ¿no era hoy tu cumpleaños?
―.... Me conmueve profundamente que lo
recuerde, su Majestad.
― ¿Qué te parece? ¿Qué tal si te quedas
con Dominic como regalo de cumpleaños?
― Ya cuento con Sir Regen a mi lado.
― Como es tu cumpleaños, te autorizaré de
manera especial a que te lleves a Dominic de forma adicional.
Por más que se tratara de Sasha, no pudo
rechazar la propuesta de inmediato ante semejante oferta. Contar con dos
caballeros directos significaba que, incluso si llegaba a quedar en el último
lugar en un concurso, aún tendría la posibilidad de sobrevivir.
“Sasha”.
Regen tampoco ignoraba ese hecho. Sin
embargo, aunque su mente lograba comprenderlo, su corazón no podía aceptarlo.
― ¿Acaso los caballeros no son mejores
cuanto más se tengan?
Todos se sobresaltaron al escuchar la voz
que acababa de resonar. Habían sido palabras de Dominic, quien todavía se
encontraba aplastado a los pies del Emperador Loco.
― Vaya, ¿ya has recuperado la cordura?
― Sí, Majestad. Me lamento profundamente
y me disculpo por haber cometido semejante falta de respeto.
― No importa. Dado que soy un emperador
clemente, te perdono generosamente.
― Me conmueve su gracia. ¡Gloria eterna
al reinado del Gran Emperador!
Un tirano arrogante sentado con las
piernas cruzadas en su trono imperial y un caballero sometido de forma tan miserable
que una de sus mejillas tocaba el suelo intercambiaban palabras. Desde la
sonrisa rutinaria hasta los diálogos artificiales, todo aquello no difería en
absoluto de una farsa teatral.
― Majestad.
La voz de Sasha resonó en la sala de
audiencias. Ella pronunció, con un poco de retraso, las palabras que debió
haber dicho desde un principio:
― Siento que me falta demasiada capacidad
como para hacerme cargo también de Sir Dominic. Le ruego que guarde la espada
de su Majestad.
El rostro de Dominic se distorsionó de
manera terrible, pero Sasha no lo miró y se limitó a complacer al Emperador Loco.
― No queda de otra, Dominic. Tendrás que
jurarme lealtad una vez más.
―... Sí, Majestad. Con mucho gusto.
Permaneciendo postrado en el suelo en la
misma postura con la que miraba hacia el trono imperial, Dominic volvió a ser
sellado por el Emperador Loco.
― Es una verdadera lástima que no haya
ningún cambio fresco. Puede que cambien de opinión cuando hayan superado más
concursos.
Con este aviso de que en el futuro
volvería a darles la oportunidad de cambiar a sus caballeros directos, el
Emperador Loco dio por terminada la audiencia.
***
Las expresiones de las hermanas al salir
de la sala de audiencias eran sombrías. Como todavía se necesitaba tiempo para
que se asentara el impacto de lo que habían visto y oído en el interior, todas
se despidieron deprisa y corriendo, casi sin saludarse.
No sería una exageración decir que las
princesas, incluyéndome a mí, tenían todos sus pensamientos y nervios volcados
en este momento hacia sus caballeros directos. Esto se debía a que la frase del
Emperador Loco, “los verdaderos sentimientos que hasta entonces habían
permanecido reprimidos bajo la lealtad y el respeto”, se había quedado profundamente
grabada en sus mentes.
Es algo que ya sabía, pero volví a
reflexionar sobre ello de nuevo. La relación entre una princesa y su caballero
directo no es natural ni normal. Las virtudes que un caballero directo ofrece,
tales como el afecto, la amabilidad y la cortesía, no eran una total y absoluta
sinceridad, sino una hermosa falsedad fabricada y manipulada por el sello.
Traté de aplicar esta realidad
comprendida por mi mente a Regen, quien caminaba a mi lado en este momento.
Sentí una punzada de dolor en el pecho, lo que me obligó a bajar la mirada de
inmediato hacia el suelo. Yo soy sincera. ¿Acaso soy la única que es sincera?
― Sasha.
Parece que mis pasos se detuvieron sin
darme cuenta. Antes de que Regen pudiera encontrarlo extraño, me apresuré a
poner una excusa:
― No es nada.
Llegué a pensar que preferiría que
alguien cortara de raíz este amor no correspondido. De esa forma, podría
regresar a ser la princesa indiferente y fría que era antes, y mi mente estaría
en paz.
Sin embargo, Regen no me dio espacio ni
para imaginar esa breve escapatoria.
― ¿Cómo que no es nada? Ha presenciado
algo terrible. No tiene que fingir que está bien.
La voz de Regen sonaba inusualmente
afectuosa el día de hoy. Deseaba con el alma que, al menos la preocupación que
se percibía en ella, fuera sincera.
Con la cabeza sutilmente agachada, dejé salir
una respuesta en voz baja:
―....
― ¿Está llorando?
― ¿De qué estás hablando?
Me puse seria y levanté la cabeza de
golpe.
― Por fin me sostiene la mirada.
―....
Mi corazón dio un vuelco ante la tenue
sonrisa que me dedicaba de frente. El haber deseado hace un momento que este
amor no correspondido terminara se volvió ridículo. Incluso si no hubiera
estado enamorada, habría caído rendida de amor en este preciso instante, así
que ¿de qué servía resistirse?
Decidí mandar todo a volar. Después de
todo, el hombre frente a mis ojos era mi caballero, y me pertenecía. Decidí
exigirle con descaro:
― Así es. Estoy deprimida. Consuélame con
dulzura.
Daba la casualidad de que nos
encontrábamos en un jardín solitario y tranquilo. Como las vistosas rosas
estaban en pleno apogeo y llenaban todo mi campo de visión, sería perfecto que
me besara con una pasión tan intensa como el color de esas rosas rojas.
Sin embargo, Regen se limitó a mirarme
fijamente con sus ojos dorados y limpios. En cualquier otra ocasión, me habría
tomado de la muñeca de inmediato para llevarme a un rincón apartado, pero el
ambiente era extrañamente calmado.
― Antes de eso, debo preguntarle por qué
motivo está deprimida.
― ¿Acaso importa el motivo?
― Para mí es importante. Mucho.
― ¿Por qué?
― Porque si resulta que necesita consuelo
por no haber podido recibir a Dominic como su caballero, me va a ser muy difícil
consolarla con dulzura.
Me sorprendió, ya que era algo en lo que
ni siquiera había pensado. Sin embargo, había otra parte que me llamaba más la
atención.
― ¿Qué te va a ser difícil hacerlo con
dulzura?
― ¿Debo asumir entonces que la razón en
la que pensé es la correcta?
La voz de Regen pareció volverse tan baja
que, por alguna razón, causaba escalofríos.
― No. Definitivamente no es eso. Puedo
jurarlo incluso sobre el Puente de la Promesa.
― Qué alivio.
El cambio en la atmósfera de Regen el día
de hoy era tan grande que resultaba increíble. Suavizando su expresión, Regen
tomó mi barbilla entre sus manos de manera delicada.
En cuanto aquello que le pesaba en el
corazón desapareció, su rostro se acercó como si hubiera estado esperando ese
preciso momento. Sin embargo, para mí, un beso no era lo más importante ahora.
― ¿Qué no puedes ser dulce? ¿De verdad
serías capaz de hacer algo así?
― ¿Por qué le toma tanta importancia a
esa parte?
― Porque para mí es importante. Mucho.
Sé que a Regen le desagrada la idea de
que yo reciba a otro caballero. Pero, aun así, el sello debería obligar a Regen
a tratarme con afecto, amabilidad y cortesía. Porque esa es la actitud que se
supone que debe mostrar un caballero manipulado por la lealtad y el respeto.
Sin embargo, decir que no creía poder ser dulce, ¿no significaba acaso una
resistencia total contra el sello?
Al final, terminé exigiéndole:
― Inténtalo.
― ¿A qué se refiere?
― Consuélame sin ser dulce.
― ¿Acaso se encuentra ebria?
― Qué grosero de tu parte.
― Le pido disculpas.
Regen desplazó la mano que acunaba mi
mejilla hacia mi frente. El tacto con el que acomodó minuciosamente mi
flequillo fue tan suave como una brisa ligera.
― Es imposible. En este momento, lo único
que se me ocurre es ser dulce con Sasha.
― ¿Por causa del sello?
El desengaño no pudo ocultarse en mi voz
al volver a preguntar. Como no quería que viera mi expresión, me di la vuelta
bruscamente.
En ese instante, sentí cómo sus brazos me
rodeaban desde atrás, abrazándome. Una resonancia profunda, como el eco de una
cueva, sacudió mi oído:
― Tal vez...
Pensando que era una afirmación, intenté
zafarme de sus brazos y escapar, pero él no me soltó. De repente, me vi
obligada a escuchar el resto de sus palabras atrapada en su pecho:
―... O tal vez no.
Un tacto suave rozó la parte posterior de
mi cuello. Mi respiración se detuvo por un segundo ante un escalofrío que no
supe si era de piel de gallina o de pura emoción.

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