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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 76

 



Los hombres, que habían estado distraídos con Sasha, se sobresaltaron y regresaron de inmediato junto a su dueña. En cuanto Orlette se sentó en el diván, los tres hombres se pegaron a ella, a sus lados y por detrás, con total naturalidad. Incluso tras salir del dormitorio, Orlette parecía reinar sobre ellos con autoridad.

Sasha suspiró y se quejó:

 

Aún ni siquiera se ha puesto el sol.

¿Qué importa la hora? Lo que importa es con quién estás.

 

Respondió Orlette, mientras acariciaba la barbilla de uno de los hombres como si fuera un gatito. Los otros dos competían entre sí, haciendo alardes de afecto para que ella también los mimara.

Regen sintió el impulso de cubrir con su mano los ojos de Sasha, que parecía estar a punto de olvidarse de parpadear otra vez. Por suerte, Noah despejó la vista al expulsar a los tres hombres de la sala de recepción, alegando que él mismo se encargaría de atender a Orlette.

Sasha, con el rostro aún algo aturdido, abrió los labios.

 

¿Tanto te gusta?

¿Eh?

 

Ante la pregunta que Sasha pareció soltar sin pensarlo, un breve silencio se apoderó de la sala.

Orlette se quedó desconcertada.

 

― ¿Qué fue lo que preguntaste?

― Te pregunté si te gusta. Tengo curiosidad.

― Vaya... esto es un poco impactante.

― ¿Por qué es impactante?

 

Sasha, habiendo confesado su falta de experiencia, se mantenía impasible y digna. Orlette, a quien le daba pereza explicarlo todo punto por punto, le preguntó de repente a Regen, que permanecía de pie a su lado:

 

― ¿Acaso ustedes dos no se han acostado todavía?

 

En lugar de Regen, que se quedó sin palabras por la consternación, Sasha protestó ante lo que consideró un insulto:

 

― Sir Regen es mi caballero. ¿Qué clase de persona crees que soy para decir algo así?

 

Su reprimenda fue mordaz, como si le preguntara si la veía como a una basura que usaba su poder como arma para tomar el cuerpo de otros.

 

― Ah, no... no es eso...

Orlette se sentía indignada.

 

“¡Pero si es obvio que te gusta ese caballero!”

 

No habían sido una ni dos las veces que su hermana menor, de quien pensaba que tenía el corazón de hielo, endulzaba su voz con una ternura inusual solo frente a ese caballero. Era imposible que Orlette no se diera cuenta de lo que Sasha sentía por Regen.

Además, para Orlette, Sasha era una hermana tan hermosa que podía presumir de ella en cualquier lugar. Si Sasha se proponía seducir a alguien, lo normal era que los hombres ya hubieran caído rendidos ante ella, sintiéndose honrados y agradecidos de compartir su lecho.

Por supuesto, Orlette tuvo que rectificar ese pensamiento hoy mismo.

 

― ¿Qué es lo que “no es eso”?

― Bueno, es que...

― Es qué, ¿qué?

― El ambiente entre ustedes dos...

― ¿Qué pasa con el ambiente?

―..... Nada. Olvídalo. Ha sido un desliz mío.

― Ten más cuidado, por favor.

 

Mientras la intensidad de Sasha disminuía, Orlette sintió que, tardíamente, la indignación empezaba a asomar. Aunque por un momento se había visto abrumada por el ímpetu de su hermana, Orlette también era una princesa con un carácter formidable.

¿Cómo se atrevía esa hermanita impertinente a ponerse a la defensiva sin entender las profundas intenciones de su hermana mayor? Merecía un buen escarmiento. Orlette se propuso firmemente burlarse de ella y atormentarla un poco.

Orlette fingió cambiar de tema y lanzó el anzuelo.

 

― Sasha, sabes cuánto se preocupa esta hermana por ti siempre, ¿verdad?

― Por supuesto.

 

Era adorable cómo, para estas cosas, asentía con tanta docilidad.

 

― Por eso mismo, Sasha, me sorprendió mucho lo que confesaste hace un momento. Me preocupa de verdad que tú, una princesa, sigas durmiendo en una cama tan fría por las noches.

― ¿No crees que te preocupas por cosas irrelevantes?

― No, no, para nada. Eres alguien que algún día podría heredar el linaje Imperial, ¿cómo podrías permitirte ser una ignorante en esos asuntos?

―..... No creo que sea precisamente un defecto.

 

Sasha fingía estar tranquila, pero no lograba engañar a los ojos de Orlette. A juzgar por cómo se le habían puesto rojas las orejas, parecía que le resultaba vergonzoso prolongar este tema frente al hombre que le gustaba.

 

“¿Quién te mandó a desafiarme?”

 

Ya faltaba poco. Orlette sonrió para sus adentros.

 

― No te lo tomes a la ligera. Antes de que mi hermanita tenga alguna carencia, esta hermana debe tomar cartas en el asunto.

― ¿Qué piensas hacer?

― Yo aprendí por mi cuenta, pero, ¿cómo podría dejarte a ti a tu suerte? Parece que ha llegado el momento de revivir la educación sexual tradicional de la familia Imperial.

― ¿Educación sexual tradicional de la familia Imperial? ¿Qué es eso?

― Se trata de entrenar a un joven puro para que sirva como compañero de práctica de la Princesa.

―.... Es demasiado anticuado, no creo que vaya conmigo. Yo también me encargaré de aprender por mi cuenta.

 

Sasha no cedía ni una palabra, pero su rostro ya se había transformado, luciendo como una manzana bien madura.

 

― No creo que hoy sea un buen día para conversar. Me retiro por ahora.

― Sí, sí. Ve con cuidado. Estudia mucho, ¿eh?

 

Gracias a que Orlette los dejó ir de buena gana, Sasha y Regen pudieron escapar de la habitación de la Aurora. Sin embargo, pronto quedó claro que incluso esta retirada estaba bajo los cálculos de Orlette. Antes de que la puerta de la sala de recepción terminara de cerrarse, estalló una carcajada desde atrás.

 

― ¡Pffft! Noah, ¿viste eso hace un momento? Se puso completamente roja como una...

 

***

 

Cerró la puerta de un golpe, haciendo el mayor ruido posible.

Mientras daba la espalda a la entrada de la habitación de la Aurora, Sasha sintió cómo la mirada de Regen se posaba fijamente sobre ella. Sin el valor suficiente para encontrarse con sus ojos, caminó a paso firme hacia su aposento, manteniendo la vista clavada al frente.

 

― ¿Hamel? ¿Demia? ¿Sione? ¿No hay nadie?

 

Tras un día lleno de altibajos, regresó a la habitación del Pájaro de Plateado, pero todas las doncellas estaban ausentes. Suspiró al entrar al dormitorio. Parecía que tendría que encargarse ella misma de quitarse los engorrosos adornos y desatar los lazos que le oprimían la cintura y las costillas.

Solo quería descansar. Sentía que debía dar por terminado este día lo antes posible.

Mientras estaba frente al espejo quitándose los pendientes, escuchó el sonido de la puerta abriéndose. Un hombre alto entró con pasos silenciosos y se detuvo a sus espaldas, sin decir una palabra.

 

― ¿?

 

No parecía tener ningún asunto pendiente. Además, la distancia entre ambos era demasiado corta.

***

 

En el instante en que me sentí ligeramente desconcertada, él extendió su mano hacia mi nuca. Mientras yo me estremecía, el grueso collar tipo choker que rodeaba mi cuello fue desatado.

Sin mediar palabra, solo pequeños sonidos resonaban en el dormitorio. El tiempo transcurría mientras los adornos eran retirados por sus manos y las cintas de mi cabello se soltaban. Él me asistía con la vestimenta como si fuera algo natural, pero mi ánimo no estaba para nada tranquilo. Esto era extraño. Atender de esta manera no era, originalmente, su función.

 

Debería haberlo detenido. Yo también estaba extraña.

Al no hacer nada, lo estaba permitiendo. No debería ser así, el pensamiento daba vueltas en mi cabeza, pero no lograba convertirse en palabras. Mientras tanto, las cosas que cubrían mi cuerpo iban siendo desmanteladas, una a una, por sus manos.

Estoy confundida. ¿Es esto la realidad? ¿Será solo mi imaginación que siento una intención clara en su tacto?

¿Acaso estaba volviendo a interpretar las cosas a mi conveniencia, como una tonta? Justo cuando mis dudas no dejaban de crecer, sentí un tirón en el lazo de mi cintura. La sensación del roce de la suave tela fue tan nítida que casi me quedo sin aliento.

 

― Sasha.

 

Nuestras miradas se encontraron a través del espejo.

 

― Yo estoy aquí, cerca de ti. Por lo tanto, no hay necesidad de llamar a otros a tu dormitorio.

 

Estaba verdaderamente confundida.

 

― ¿Qué quieres decir con eso?

― Parecías tener curiosidad sobre los hombres.

 

El significado se volvió más claro. Al mismo tiempo que mis pensamientos se ordenaban, mi mente se enfrió.

Me giré lentamente. La distancia entre nuestras miradas, conectadas directamente y no a través del espejo, era extremadamente corta.

 

― Regen, ¿eres consciente de lo que estás diciendo ahora mismo?

― Sí.

 

Regen me miró fijamente a los ojos mientras tomaba una de mis manos, sosteniéndola. Hundió sus labios en el dorso de mi mano y luego los frotó contra la comisura de su boca. Era exactamente el mismo lugar que él había retirado con premura hace poco, como si le desagradara que mis dedos lo tocaran. Solo entonces mi mente procesó la situación con total claridad.

Esto era una seducción. Él me estaba seduciendo. A mí.

 

― Si es necesario, que sea conmigo.

 

Siento que mi corazón va a explotar, pero al mismo tiempo, se enfría gélidamente.

 

― “Si es necesario”, dices... ¿Qué es lo que es necesario? ¿Te refieres a un hombre?

― Sí.

 

Su afirmación me dejó sin aliento.

 

― ¿Por qué lo dices de esa manera?

 

Como si fuera un hombre de compañía.

Él no respondió. Su silencio parecía confirmar incluso los pensamientos que cruzaban mi mente. En un instante, mis palabras brotaron con afilada aspereza:

 

― Entonces, ¿lo que intentas decir es que te ofreces para encargarte de mi “instrucción”?

― Si así lo deseas.

 

Mientras decía aquello, ni siquiera hizo el amago de apartar la mirada. Era como si declarara que no había ni una pizca de mentira en sus palabras. Para mí, fue un impacto total. Era algo que simplemente no podía suceder, algo que no debía ocurrir.

Mi propio caballero se estaba ofreciendo ante mí para servirme en la cama.

 







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