― ¿Prometen ambos amarse sinceramente y estar juntos por el resto de sus vidas? ― Sí. La respuesta fluyó de sus labios sin un solo segundo de duda. Su rostro era gélido, una expresión que nadie asociaría con la de un novio en el día más feliz de su vida. Sin embargo, en la comisura de sus labios colgaba una sonrisa de satisfacción, una que solo él era capaz de reconocer. Por el contrario, Werazel simplemente miraba al vacío con la mente en blanco. Debía responder a la pregunta del oficiante, pero no podía. Sabía que en el momento en que pronunciara ese “sí”, ya no habría marcha atrás. “¿Realmente me voy a casar?”. De verdad, uno nunca puede predecir lo que le depara el destino ni siquiera a un paso de distancia. Jamás se habría imaginado, ni en sus sueños más remotos, que terminaría casándose con él. Aunque, por supuesto, todo esto había sido su propia elección... ― Werazel. Ante aquella voz que rompió el silencioso letargo,...
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