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Mostrando las entradas de febrero 16, 2025

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Seduciendo al Padre del Villano - CAPÍTULO 1

  Para ser justos, definitivamente no estaba muy contenta. Podríamos decir que es una sobre carga. Tan pronto como abrí los ojos en mi nuevo cuerpo, mi cuerpo recibió un ligero shock y no pudo soportarlo. Si no fuera por esa razón, no habría estado inconsciente durante toda la semana después de eso. Tan pronto como desperté, arrastré los pies y busqué nuevamente el espejo. En el espejo estaba exactamente la misma cara que había visto una semana atrás. Dulce y esponjoso cabello rosa claro como algodón de azúcar, ojos azul cielo claros y puros, y rasgos faciales densos en una cara pequeña. Mi mano automáticamente se extendió hacia el espejo. ― Hola… Bonita. Era tan bonita, era demasiado bonita. Viví 25 años pensando que mi cara no era tan mala, pero comparada con esta cara, no era más que una ventosa de pata de calamar. ( exagerada xD ) Me quedé acariciando el espejo durante largo rato, casi babeando. Pude ver claramente que era mi cuerpo moviéndose como yo quería, pero...

Seduciendo al Padre del Villano - PRÓLOGO

  ― Padre. Abrí los ojos de frente y miré al hombre que estaba frente a mí. Pude ver cómo sus pulcras cejas se alzaban torcidas. Una mirada de desconcierto apareció en su hermoso rostro. ― ¿Padre? ― Eh. Y entonces me di cuenta de que había vuelto a cagarla. Este maldito hocico. ¡Esta maldita boca! Cambié rápidamente mis palabras. ― Ah, no, Su Majestad. ―… Su Majestad, que ya parecía molesto. Ni siquiera respondió, pero, me equivoqué al seguir convirtiendo a un joven soltero y perfectamente sano en padre. Sonreí rápida y brillantemente. Las esquinas de sus ojos se elevan brillantemente cada vez que sonríe, se verían bonitos incluso para un hombre cuyos estándares estéticos están en el reino celestial. Grité, sonriendo tan brillantemente que mi cara se convulsionó. ― ¡Por favor cásate conmigo! Acéptame, y no ese aterrador compromiso con Lady Elard. Me aferré a él con ojos dulces. Y el joven emperador de Belgot, Euredian Belgot, con su brillante cabello y sus ojos ...

Tomando al Príncipe de un País Enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 7

  REGEN Una tormenta de emociones se desató en su interior. Si no lo hubieran descubierto, sería una cosa, pero ahora que la verdad estaba fuera, no tenía razones para seguir conteniéndose.   ― Para mí, ya no existe razón ni valor alguno para seguir con vida. No deseo prolongar mi existencia de manera lamentable.   No entendía por qué seguía viviendo sin pagar por sus pecados, después de haber sido incapaz de proteger nada. No tenía voluntad de vivir. ¿Qué podía hacer ahora que su núcleo de maná estaba destrozado? Se sentía como una libélula atrapada por un niño inocente. Un niño cruel y puro que libera a la libélula, pero solo después de arrancarle las alas. La libélula ya no puede volar de nuevo por el cielo y debe arrastrarse por el suelo como un insecto. Estar vivo no es realmente vivir.   ― Le ruego que sea misericordiosa y me permita esto ignorando mi decisión.   ¡Clang! El jarrón de porcelana que decoraba las flores se hizo añicos. Él recogió el trozo má...

Tomando al Príncipe de un País Enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 6

  ― Míreme. La autoridad de la estirpe imperial se manifiesta a través de la mirada y la voz. No importa si el objetivo está consciente o no; basta con que posea los órganos sensoriales para recibir el estímulo. Mi mirada se abrió paso, hurgando en lo más profundo de su psique. Someter a alguien por la fuerza, sin su consentimiento, no es tarea fácil. En condiciones normales, habría sido imposible dominar a un héroe aclamado como “el tesoro de Lohengrin”. Sin embargo, en este momento, tanto su cuerpo como su mente, e incluso su núcleo de mana, estaban hechos jirones. ―..... A pesar de haber terminado de verter la poción, un hilo de líquido seguía resbalando por su ojo izquierdo. Esas lágrimas fisiológicas eran, probablemente, el único y débil rastro de resistencia que él podía ofrecer. Confirmé que un pequeño emblema apareció fugazmente en su pupila izquierda antes de desvanecerse. Retiré los dedos con los que mantenía su párpado abierto y sequé sus lágrimas. ― Ya terminó. Debe hab...