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Encontré Un Esposo Cuando Recogí Al Protagonista Masculino - CAPÍTULO 1

 



 

¿Prometen ambos amarse sinceramente y estar juntos por el resto de sus vidas?

Sí.

 

La respuesta fluyó de sus labios sin un solo segundo de duda. Su rostro era gélido, una expresión que nadie asociaría con la de un novio en el día más feliz de su vida. Sin embargo, en la comisura de sus labios colgaba una sonrisa de satisfacción, una que solo él era capaz de reconocer.

 

Por el contrario, Werazel simplemente miraba al vacío con la mente en blanco. Debía responder a la pregunta del oficiante, pero no podía. Sabía que en el momento en que pronunciara ese “sí”, ya no habría marcha atrás.

 

“¿Realmente me voy a casar?”.

 

De verdad, uno nunca puede predecir lo que le depara el destino ni siquiera a un paso de distancia.

 

Jamás se habría imaginado, ni en sus sueños más remotos, que terminaría casándose con él. Aunque, por supuesto, todo esto había sido su propia elección...

 

Werazel.

 

Ante aquella voz que rompió el silencioso letargo, Werazel se estremeció sorprendida. Lentamente, levantó la cabeza para encontrarse con el hombre que estaba frente a ella.

Ataviado con un impecable traje de gala negro, el hombre brillaba con tal intensidad que parecía que el único protagonista de la boda era el novio. Su rostro era tan gallardo que parecía que un escultor hubiera dedicado toda su vida y alma para tallarlo a la perfección.

 

Unos ojos que parecían tener diamantes rojos incrustados dentro de una mirada afilada, y unos labios firmemente cerrados bajo una nariz tan recta como una flecha bien tallada.

Él era, simplemente, la perfección personificada.

 

Con una estatura mucho mayor que la de cualquier hombre promedio y hombros anchos, nunca había descuidado su entrenamiento, ni un solo día. Gracias a ello, el contorno de sus músculos, que no podía ocultarse ni bajo la ropa, era tan firme y sexy que podía encender el fuego en el corazón de cualquier mujer.

Además, el traje que vestía, confeccionado con la tela de la más alta calidad, había nacido de las manos de un famoso diseñador...

 

Era una prenda única, la única de su clase en todo el imperio. El traje de gala estaba tan impecable que no permitía ni la más mínima mota de polvo, y no presentaba ni una sola arruga microscópica. En él se reflejaba fielmente la personalidad del Duque: un hombre perfeccionista y meticuloso hasta la médula.

 

Aquel traje, que destilaba un inconfundible aroma a riqueza, combinaba perfectamente con el vestido que ella llevaba puesto. El vestido de novia, blanco puro y confeccionado a medida por un diseñador, podía considerarse sin temor a dudas el más caro del mundo.

Hecho de seda, el vestido poseía un brillo sutil y elegante; el escote, que dejaba al descubierto sus hombros redondeados, estaba adornado con encaje de hilo de plata, perlas y rubíes, dándole un aire majestuoso. El diseño de corte sirena, que se ceñía a su cuerpo, estaba decorado con cientos de pequeños diamantes rosas que ofrecían un resplandor natural.

 

Eran las vestiduras de un novio y una novia dignos de la familia más rica del imperio.

La ceremonia se llevaba a cabo en el templo, con una lista de invitados reducida únicamente a los parientes más cercanos. Werazel miró en silencio a Chester, quien la llamaba. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de él.

 

¿No vas a responder?

 

Él soltó aquellas palabras con un tono sumamente cariñoso. Con una amabilidad y un afecto capaces de hacer que el corazón de cualquier mujer diera un vuelco.

 

La novia, Werazel Prosier, ¿jura amar sinceramente y estar siempre junto al novio, Chester Halos?

 

El oficiante repitió la pregunta dirigiéndose a la novia, que seguía sin responder. Junto con esa pregunta, una voz tenue llegó desde los asientos de los invitados, que no estaban ni a la mitad de su capacidad.

 

Lizel.

 

Ella giró la cabeza hacia los asientos. En la primera fila, un niño pequeño vestido de etiqueta la miraba fijamente.

A estas alturas, ya no había marcha atrás. Con el dinero que había acordado recibir, podría vivir rindiéndose a la gran vida por el resto de sus días.

Solo un año. Con un año sería suficiente para vivir sin preocuparme por el dinero jamás.

 

Haa... Sí.

Procederemos ahora con el intercambio de los anillos que simbolizan su amor.

 

Ante las palabras del oficiante, ambos sacaron los anillos. Un anillo con un diamante rosa de 19 quilates fue deslizado en el dedo anular izquierdo de Werazel. Encajaba a la perfección, como si le hubieran puesto unos grilletes hechos a medida.

Acto seguido, Werazel colocó en el dedo de Chester un anillo de diseño simple adornado con un pequeño diamante. En ese momento, Chester mostró una expresión de satisfacción que solo él comprendía.

 

Por la presente, ante la Diosa Armikan, declaro que ambos han unido sus vidas y se han convertido en esposo y esposa.

 

El oficiante, con el corazón lleno de devoción, inclinó la cabeza ante la estatua de la diosa. Werazel, siguiendo el ejemplo de Chester, juntó las manos e inclinó la cabeza ante la Diosa Armikan, la deidad del Imperio y su guardiana.

Sin embargo, el rostro de Werazel estaba ensombrecido por toda clase de preocupaciones. Parecía que solo ahora empezaba a asimilar la realidad de que verdaderamente se había casado con el Duque Chester.

 

Haa...

 

Werazel se desplomó sobre la amplia cama de la habitación donde ahora se encontraba sola. Había sido un día agotador. Se había levantado desde la madrugada para arreglarse y, finalmente, la caótica ceremonia nupcial había terminado.

Pero eso no era el final. Solo para quitarse todos los accesorios que llevaba encima, necesitó otra hora más. Tenía decenas de horquillas en el cabello, y solo después de soportar el dolor de sentir que le arrancaban el pelo, pudo finalmente sentirse libre.

La quietud que llegó tras la partida de los sirvientes, que antes pululaban por doquier, le trajo paz mental. Sus oídos habían sufrido bastante con el bullicio incesante de todo el día.

 

Toc, toc.

 

En ese momento, se escuchó el sonido de alguien llamando a la puerta.

 

― Adelante.

 

Respondió ella sin pensarlo demasiado. Estaba convencida de que sería Tia, quien había dicho que traería un té caliente.

 

― ¿Estás lista?

 

Sin embargo, la voz que escuchó era profunda y varonil. No había forma de que la voz de Tia sonara así... Werazel, sobresaltada, se incorporó de un salto en la cama.

 

― ¿P-por qué está usted aquí...?

 

Sus ojos se abrieron de par en par. Una figura inesperada estaba de pie frente a ella. Al ver a Chester vestido con ropa tan informal y cómoda, el rostro de Werazel se encendió en llamas en un instante.

 

― Pero ¡¿qué es esa facha?!

 

Apartó la vista apresuradamente, pero sus mejillas ardían al recordar la imagen de sus músculos firmes asomándose entre la fina bata.

 

― Es el atuendo ideal para tomar a la novia entre mis brazos.

La voz burlona y pícara de Chester sobresaltó a Werazel.

 

― ¿Qué ha dicho?

 

“Tomar a la novia. Eso significa que...”

 

― Porque hoy es nuestra noche de bodas.

 

“¿Este hombre acaba de decir “noche de bodas”? ¡Esto no estaba en el contrato! Y más importante aún, ¿por qué demonios ha empezado a hablarme con tanta informalidad de repente?”

Werazel sacudió la cabeza, tratando de verificar si sus oídos le habían fallado.

 

― Ya que nos casamos, es natural que pasemos la noche de bodas. Yo ya estoy listo, ¿acaso tú necesitas un poco más de tiempo?

 

Sin embargo, la voz que siguió caló en sus oídos con una claridad aún mayor. Con la boca abierta por el impacto, como si le hubieran dado un golpe en la cabeza, Werazel balbuceó:

 

― N-no... pero ¿qué es esto ahora...?

 

Chester comenzó a caminar lentamente hacia una Werazel que tartamudeaba por el shock.

Un paso, otro paso.

La tenue luz de la luna, que iluminaba suavemente la habitación sumergida en la penumbra, hacía brillar sus músculos entreviéndose. La forma de su musculatura, visible a través de la abertura de su bata, era tan sexy que cualquiera habría tragado saliva. Esas grietas firmes y bien esculpidas, como si el mismísimo Creador las hubiera tallado con precisión, hacían que se le hiciera agua la bo...

 

“¡Ah, no, esto no está bien!” Reaccionando tardíamente, Werazel gritó:

 

― ¡N-no se acerque!

 

Al ver que Chester se aproximaba, Werazel retrocedió torpemente. Sin embargo, no tenía a dónde escapar; la cabecera de la cama chocó de inmediato contra su espalda.

 

― Bueno, no es como si se necesitara mucha preparación para la noche de bodas.

 

Antes de que pudiera reaccionar, Chester, que ya estaba frente a la cama, se posicionó sobre el cuerpo de una Werazel completamente encogida por los nervios.

 

― ¡Hah!

 

Werazel contuvo el aliento, sorprendida por la cercanía repentina de su rostro.

 

― No pienses en dormir esta noche.

 

Una voz cargada de un aura extrañamente seductora resonó por toda la habitación.

Sus ojos rojos, que brillaban con un matiz intenso, se clavaron en ella mientras su aliento ardiente se dirigía hacia los labios de Werazel.

 




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