— Hic... huc... Con las mejillas blandas completamente infladas, Rapel contenía el llanto mientras su pequeño pecho subía y bajaba. Werazel había tirado a la basura los harapos que el niño llevaba puestos y lo había cambiado por unos pantalones cómodos y una camiseta que ella misma usaba cuando era pequeña. Al bañarlo, el niño había llorado con tanta fuerza que pensó que se le romperían los tímpanos. — Rapel, lo siento. Pero tenías que lavarte. — ¡Agua no! ¡No quielo! Completamente enfurruñado, Rapel giró el rostro bruscamente e ignoró a Werazel. Al hacerlo, su suave cabello negro se meció con ligereza. Para evitar que el niño sintiera rechazo ante un extraño, ella misma se había encargado de bañarlo sin llamar a los sirvientes; sin embargo, como estaba tan mugriento, le tomó diez minutos enteros solo enjuagarlo con agua. Y una vez que desenredó el cabello que se había apelmazado en un solo nudo y lavó su cuerpo sucio, ya había pasado más de una hora. El aspecto ori...
Descubre el amor coreano en español