— ¿Es aquí?
Werazel murmuró mientras observaba el
callejón oscuro y lúgubre. Rastreando los fragmentos de la novela que recordaba
esporádicamente, estaba segura de que en algún lugar de este basurero de los
barrios bajos se encontraba Raphelion, a quien el Duque de Halos estaba
buscando.
Raphelion Halos.
Él era el hijo oculto de Iorn Halos, el
anterior Duque de la familia Halos —conocida por ser la más rica del Imperio—,
y el protagonista masculino de la novela. El Duque Iorn, tras heredar el
título, no tomó esposa durante mucho tiempo por una razón: ya tenía a una mujer
amada y a un hijo.
Hace seis años, Iorn se había retirado
solo a una villa tranquila para descansar, donde se enamoró de una joven
plebeya que terminó concibiendo a su hijo.
— Y luego, ¿qué pasó...? Ah, se
enfrentaron a una fuerte oposición.
El Duque intentó convertir a la mujer
en su esposa, pero se topó con la férrea resistencia de su propio padre, quien
alegaba que el estatus de ella era demasiado humilde. Finalmente, tras la
muerte de su padre hace unos meses y el término del funeral, Iorn pudo por fin
llamar a su amada y a su hijo al Ducado.
Sin embargo, Iorn, que partió para
recoger a su esposa e hijo, nunca regresó a la mansión ducal. Desgraciadamente,
falleció junto a su esposa en un accidente de carruaje, dejando a Raphelion
solo en el mundo. Raphelion, que sufrió un fuerte traumatismo craneal debido al
accidente, perdió la memoria y vagó sin rumbo hasta que fue encontrado por la
gente de la familia Halos y regresó sano y salvo a casa.
— Hasta ahí llega el trasfondo del
protagonista... ¿y cómo seguía la trama?
Tras sumirse en sus pensamientos, logró
recordar el argumento general. La historia principal giraba en torno a Einshia
Henneron, la única hija de un Marqués que, a petición de sus padres —amigos de
la familia Halos—, termina quedándose un tiempo en la mansión ducal y se
involucra con el protagonista.
Debido a sus recuerdos perdidos, el
protagonista sufre dolores intensos cada día, y Einshia, la heroína poseedora
de un misterioso poder curativo, lo ayuda a su lado. A raíz de eso, se
convierten en amigos y, más tarde, su relación evoluciona hacia el amor,
superando crisis juntos mientras crecen hasta convertirse en adultos.
En pocas palabras, era una historia de
"crecimiento adorable" entre niños. Por lo tanto, este era el momento
en que el Duque de Halos estaba invirtiendo tiempo y dinero para encontrar a su
sobrino, Rapel.
— Era un basurero. Estoy segura.
En la novela se mencionaba que Rapel,
tras perder la memoria, vagó sin rumbo y terminó viviendo en un basurero por un
tiempo. Se decía que nadie pudo encontrarlo pronto porque nadie imaginó que
estaría viviendo en un lugar así.
«No puedo dejar pasar una oportunidad
tan buena».
La recompensa era de nada menos que 100
millones de chelines. Era una suma astronómica que permitiría pagar todas las
deudas y aún conservar 20 millones de chelines. La codicia desbordaba el rostro
de Werazel, quien no podía evitar que se le escapara una sonrisa de
satisfacción.
Con el corazón lleno de expectativas,
se adentró en un callejón que permanecía oscuro incluso a plena luz del día. A
cada paso que daba por el callejón, pequeños trozos de basura crujían bajo sus
pies. Si hubiera sido la Werazel original, habría armado un escándalo
quejándose de que el olor a basura se impregnaría en sus zapatos, pero a ella
no le importaba.
«¿Qué importa la basura? Tengo 100
millones de chelines justo frente a mis ojos».
Werazel, que avanzaba con ligereza, se
detuvo en seco de repente tras cruzar el oscuro callejón y entrar al basurero.
«¿De verdad vivió en un sitio como
este?».
Se quedó atónita ante la escena
inesperada. No podía creer que un ser humano pudiera vivir realmente allí. Lo
que veía era dantesco. En el basurero, todo tipo de desperdicios estaban
desparramados de forma caótica: desde muebles rotos y trozos de papel viejo
hasta comida podrida. El suelo estaba tan repleto de basura que no había ni un
solo lugar donde poner un pie.
— ¡Ugh!
Werazel se tapó la nariz de inmediato
ante el hedor a podrido que emanaba del lugar.
Era un olor con una acidez tan fuerte
que paralizaba la nariz al instante. Un hedor tan insoportable que hacía que la
cabeza diera vueltas. Werazel escudriñó los alrededores buscando el origen de
aquel tufo. Su rostro, mientras contenía la respiración, estaba tan
congestionado y rojo que parecía que iba a estallar en cualquier momento.
Mientras revisaba el entorno, su mirada
se clavó en una colina.
«¿Es basura...?».
Lo que de lejos parecía una loma, era
en realidad una montaña de desperdicios acumulados. A su alrededor, las moscas
pululaban en enjambres, mientras perros y gatos hambrientos hurgaban entre los
montones de basura en busca de algo que comer.
Crac, crac.
En ese momento, un crujido llegó a los
oídos de Werazel, quien se había quedado petrificada por la impresión. El
sonido provenía de un lugar bastante cercano.
— ¿Hay alguien ahí?
Pensó que podría ser el ruido de un
animal buscando comida, pero la sospecha de que podría ser Rapel la cruzó como
un relámpago. Werazel movió su cuerpo con cautela.
— ¿Rapel?
Sin embargo, no había nada más que
basura a su alrededor; no se veía ninguna figura humana. Werazel dio media
vuelta, asumiendo que se había equivocado. Quería salir de allí lo antes
posible. Un olor nauseabundo llegó con la brisa, provocándole arcadas. Sentía
que, si se quedaba un segundo más, acabaría vomitando de verdad.
Aquel era un entorno donde un ser
humano no podía sobrevivir de ninguna manera. Ningún ser vivo podría aguantar
allí ni un mes... no, ni siquiera una semana.
«Es mejor que no esté aquí».
Era un alivio inmenso que aquel niño no
se encontrara en un lugar tan sucio, miserable y parecido a una cloaca.
— Ma... má...
Sin embargo, el débil sonido que
escuchó a sus espaldas la obligó a detenerse de nuevo.
— ¿Hay alguien aquí? ¿Eres tú, Rapel?
Sus ojos recorrieron el lugar con
urgencia, pero seguía sin ver nada más que basura. De pronto, un desecho salió
rodando desde un rincón lejano.
— Pa... pá...
La voz débil se escuchó una vez más.
Werazel movió sus piernas a toda prisa, sin importarle que su vestido se
arrastrara por la basura o que sus zapatos la hicieran tambalear.
— Ah...
Un suspiro escapó de sus labios de
forma involuntaria. En el lugar donde se detuvieron sus pasos, se encontraba un
niño pequeño, desplomado y sin fuerzas. Su cabello negro y opaco estaba
esparcido sobre los desperdicios, y sus ojos rojos, nublados y sin vida,
parecían a punto de desvanecerse. Cabello negro y ojos rojos: el símbolo
exclusivo de la familia Halos. No cabía duda de que el niño era Raphelion Halos.
— Raphelion...
Werazel se tapó la boca con la mano. En
el momento en que se encontró cara a cara con aquel niño cuya vida parecía
estar a punto de extinguirse, la invadió una sensación indescriptible. El
rostro y las extremidades de Rapel estaban mugrientos, como si hubiera rodado
por el lodo, y su cara demacrada revelaba claramente su estructura ósea. Sus
labios tenían un tono morado sin vida y estaban agrietados, con restos de
sangre seca.
— ¿Ma... má?
Una manita temblorosa se aferró al
dobladillo de su falda. Con fuerza, como un niño que finalmente se reencuentra
con la madre que había perdido. En ese instante, a Werazel le dio un vuelco el
corazón y sus ojos se humedecieron.
— No... No soy tu madre. Lo siento.
Un sentimiento de lástima mezclado con
una leve culpa se hizo un nudo en su pecho. Se sintió avergonzada de sí misma
por haber pensado únicamente en el dinero, sin siquiera considerar el dolor de
un niño que había perdido a sus padres y su memoria. Estaba sufriendo un
verdadero cargo de conciencia.
— ¿Dónde está mi mamá...?
—.......
Ante la pregunta de Rapel, Werazel no
pudo decir nada. Conocía la respuesta, pero no era lo suficientemente cruel
como para decirle a un niño que se había quedado solo que sus padres ya no
estaban en este mundo, ni lo suficientemente descarada como para mentirle
diciendo que vendrían pronto.
— Mamá... Papá... Hic. Me... me
duele...
Lágrimas transparentes rodaron por las
mejillas de Raphelion. Con el corazón encogido por la compasión, Werazel le
secó las lágrimas con la mano. Ver a un niño tan pequeño llorando por unos
padres que ya no existían le produjo un dolor punzante en la punta de los
dedos.
— Ugh... Ah...
Rapel sollozaba mientras respiraba de
forma irregular. Su rostro estaba tan encendido y caliente como una brasa.
Alarmada, ella puso rápidamente su mano sobre la frente del pequeño.
— Está ardiendo.
El cuerpo del niño estaba caliente,
demasiado, como si hubiera caído en un foso de fuego. Sus párpados parecían
pesarle tanto que, una vez que cerraba los ojos, tardaba mucho en volver a
abrirlos. Su respiración febril era tan débil que parecía que iba a cortarse en
cualquier momento.
— ¿Puedes levantarte?
Primero debía llevar al niño con un
médico lo antes posible.
Werazel pasó sus manos por detrás de la
espalda de Rapel, quien yacía tendido. Intentó levantarlo con fuerza, pero el
niño no podía sostener su propio cuerpo y volvía a desplomarse sin vida contra
el suelo.
— Hic. Me... me duele...
— Tranquilo. Te curaré pronto.
Con gran esfuerzo, logró incorporar el
torso de Rapel. Como parecía no tener fuerzas para caminar, decidió que tendría
que sacarlo de allí cargándolo en brazos.
— Hic, tengo frío... —murmuró
Rapel con la mirada perdida en el vacío, como si estuviera medio inconsciente.
— ¿Tienes frío? Espera un momento, debe
haber algo con qué cubrirte...
Vio una manta a poca distancia. Sin
embargo, no podía cubrir a un niño enfermo con un desecho lleno de restos de
comida y polvo acumulado. Sin dudarlo, Werazel rasgó el dobladillo de su propio
vestido con las manos. Con un fuerte sonido de tela desgarrada, envolvió
meticulosamente el cuerpo de Rapel con el trozo de tela. Afortunadamente, al
ser una tela de tres capas, ayudaría a mantener su temperatura corporal.
Werazel se despojó de sus zapatos de
tacón y metió los pies a la fuerza en unas botas desparejadas y gastadas que
encontró cerca. Emanaban un olor desagradable, pero no le importó; era mejor
que tropezar mientras corría cargando al niño con sus zapatos originales.
— Está bien. Pronto estarás mejor.
Acto seguido, levantó al niño en vilo
con ambos brazos. Aunque estaba delgado por el hambre, un niño sigue siendo un
niño, y sintió un peso considerable en sus brazos. Ignorando su vestido, que
ahora le llegaba solo por las rodillas, salió caminando del basurero con el
pequeño en brazos.
—....
Mientras tanto, para el niño, el cálido
abrazo de Werazel se sentía como el de una madre. Era el primer toque amable
que recibía en aquel lugar donde nadie escuchaba sus peticiones de ayuda. El
pequeño sintió que esta persona, que lo llamaba "Rapel", era como un
rayo de esperanza.
— Ma... má...
Tal vez por eso, Rapel levantó su
manita del tamaño de una moneda y se aferró con fuerza al brazo de Werazel. No
quería dejarla ir. Mientras luchaba por no perder el conocimiento, Rapel grabó
en su memoria el rostro de Werazel, quien sudaba por el esfuerzo de cargarlo.
Era como si estuviera grabándola a fuego en su corazón.

Comentarios
Publicar un comentario
Escribe un comentario.