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Encontré Un Esposo Cuando Recogí Al Protagonista Masculino - CAPÍTULO 3

 


 

— ¿Es aquí?

Werazel murmuró mientras observaba el callejón oscuro y lúgubre. Rastreando los fragmentos de la novela que recordaba esporádicamente, estaba segura de que en algún lugar de este basurero de los barrios bajos se encontraba Raphelion, a quien el Duque de Halos estaba buscando.

Raphelion Halos.

Él era el hijo oculto de Iorn Halos, el anterior Duque de la familia Halos —conocida por ser la más rica del Imperio—, y el protagonista masculino de la novela. El Duque Iorn, tras heredar el título, no tomó esposa durante mucho tiempo por una razón: ya tenía a una mujer amada y a un hijo.

Hace seis años, Iorn se había retirado solo a una villa tranquila para descansar, donde se enamoró de una joven plebeya que terminó concibiendo a su hijo.

— Y luego, ¿qué pasó...? Ah, se enfrentaron a una fuerte oposición.

El Duque intentó convertir a la mujer en su esposa, pero se topó con la férrea resistencia de su propio padre, quien alegaba que el estatus de ella era demasiado humilde. Finalmente, tras la muerte de su padre hace unos meses y el término del funeral, Iorn pudo por fin llamar a su amada y a su hijo al Ducado.

Sin embargo, Iorn, que partió para recoger a su esposa e hijo, nunca regresó a la mansión ducal. Desgraciadamente, falleció junto a su esposa en un accidente de carruaje, dejando a Raphelion solo en el mundo. Raphelion, que sufrió un fuerte traumatismo craneal debido al accidente, perdió la memoria y vagó sin rumbo hasta que fue encontrado por la gente de la familia Halos y regresó sano y salvo a casa.

— Hasta ahí llega el trasfondo del protagonista... ¿y cómo seguía la trama?

Tras sumirse en sus pensamientos, logró recordar el argumento general. La historia principal giraba en torno a Einshia Henneron, la única hija de un Marqués que, a petición de sus padres —amigos de la familia Halos—, termina quedándose un tiempo en la mansión ducal y se involucra con el protagonista.

Debido a sus recuerdos perdidos, el protagonista sufre dolores intensos cada día, y Einshia, la heroína poseedora de un misterioso poder curativo, lo ayuda a su lado. A raíz de eso, se convierten en amigos y, más tarde, su relación evoluciona hacia el amor, superando crisis juntos mientras crecen hasta convertirse en adultos.

En pocas palabras, era una historia de "crecimiento adorable" entre niños. Por lo tanto, este era el momento en que el Duque de Halos estaba invirtiendo tiempo y dinero para encontrar a su sobrino, Rapel.

— Era un basurero. Estoy segura.

En la novela se mencionaba que Rapel, tras perder la memoria, vagó sin rumbo y terminó viviendo en un basurero por un tiempo. Se decía que nadie pudo encontrarlo pronto porque nadie imaginó que estaría viviendo en un lugar así.

«No puedo dejar pasar una oportunidad tan buena».

La recompensa era de nada menos que 100 millones de chelines. Era una suma astronómica que permitiría pagar todas las deudas y aún conservar 20 millones de chelines. La codicia desbordaba el rostro de Werazel, quien no podía evitar que se le escapara una sonrisa de satisfacción.

Con el corazón lleno de expectativas, se adentró en un callejón que permanecía oscuro incluso a plena luz del día. A cada paso que daba por el callejón, pequeños trozos de basura crujían bajo sus pies. Si hubiera sido la Werazel original, habría armado un escándalo quejándose de que el olor a basura se impregnaría en sus zapatos, pero a ella no le importaba.

«¿Qué importa la basura? Tengo 100 millones de chelines justo frente a mis ojos».

Werazel, que avanzaba con ligereza, se detuvo en seco de repente tras cruzar el oscuro callejón y entrar al basurero.

«¿De verdad vivió en un sitio como este?».

Se quedó atónita ante la escena inesperada. No podía creer que un ser humano pudiera vivir realmente allí. Lo que veía era dantesco. En el basurero, todo tipo de desperdicios estaban desparramados de forma caótica: desde muebles rotos y trozos de papel viejo hasta comida podrida. El suelo estaba tan repleto de basura que no había ni un solo lugar donde poner un pie.

— ¡Ugh!

Werazel se tapó la nariz de inmediato ante el hedor a podrido que emanaba del lugar.

Era un olor con una acidez tan fuerte que paralizaba la nariz al instante. Un hedor tan insoportable que hacía que la cabeza diera vueltas. Werazel escudriñó los alrededores buscando el origen de aquel tufo. Su rostro, mientras contenía la respiración, estaba tan congestionado y rojo que parecía que iba a estallar en cualquier momento.

Mientras revisaba el entorno, su mirada se clavó en una colina.

«¿Es basura...?».

Lo que de lejos parecía una loma, era en realidad una montaña de desperdicios acumulados. A su alrededor, las moscas pululaban en enjambres, mientras perros y gatos hambrientos hurgaban entre los montones de basura en busca de algo que comer.

Crac, crac.

En ese momento, un crujido llegó a los oídos de Werazel, quien se había quedado petrificada por la impresión. El sonido provenía de un lugar bastante cercano.

— ¿Hay alguien ahí?

Pensó que podría ser el ruido de un animal buscando comida, pero la sospecha de que podría ser Rapel la cruzó como un relámpago. Werazel movió su cuerpo con cautela.

— ¿Rapel?

Sin embargo, no había nada más que basura a su alrededor; no se veía ninguna figura humana. Werazel dio media vuelta, asumiendo que se había equivocado. Quería salir de allí lo antes posible. Un olor nauseabundo llegó con la brisa, provocándole arcadas. Sentía que, si se quedaba un segundo más, acabaría vomitando de verdad.

Aquel era un entorno donde un ser humano no podía sobrevivir de ninguna manera. Ningún ser vivo podría aguantar allí ni un mes... no, ni siquiera una semana.

«Es mejor que no esté aquí».

Era un alivio inmenso que aquel niño no se encontrara en un lugar tan sucio, miserable y parecido a una cloaca.

— Ma... má...

Sin embargo, el débil sonido que escuchó a sus espaldas la obligó a detenerse de nuevo.

— ¿Hay alguien aquí? ¿Eres tú, Rapel?

Sus ojos recorrieron el lugar con urgencia, pero seguía sin ver nada más que basura. De pronto, un desecho salió rodando desde un rincón lejano.

— Pa... pá...

La voz débil se escuchó una vez más. Werazel movió sus piernas a toda prisa, sin importarle que su vestido se arrastrara por la basura o que sus zapatos la hicieran tambalear.

— Ah...

Un suspiro escapó de sus labios de forma involuntaria. En el lugar donde se detuvieron sus pasos, se encontraba un niño pequeño, desplomado y sin fuerzas. Su cabello negro y opaco estaba esparcido sobre los desperdicios, y sus ojos rojos, nublados y sin vida, parecían a punto de desvanecerse. Cabello negro y ojos rojos: el símbolo exclusivo de la familia Halos. No cabía duda de que el niño era Raphelion Halos.

— Raphelion...

Werazel se tapó la boca con la mano. En el momento en que se encontró cara a cara con aquel niño cuya vida parecía estar a punto de extinguirse, la invadió una sensación indescriptible. El rostro y las extremidades de Rapel estaban mugrientos, como si hubiera rodado por el lodo, y su cara demacrada revelaba claramente su estructura ósea. Sus labios tenían un tono morado sin vida y estaban agrietados, con restos de sangre seca.

— ¿Ma... má?

Una manita temblorosa se aferró al dobladillo de su falda. Con fuerza, como un niño que finalmente se reencuentra con la madre que había perdido. En ese instante, a Werazel le dio un vuelco el corazón y sus ojos se humedecieron.

— No... No soy tu madre. Lo siento.

Un sentimiento de lástima mezclado con una leve culpa se hizo un nudo en su pecho. Se sintió avergonzada de sí misma por haber pensado únicamente en el dinero, sin siquiera considerar el dolor de un niño que había perdido a sus padres y su memoria. Estaba sufriendo un verdadero cargo de conciencia.

— ¿Dónde está mi mamá...?

—.......

Ante la pregunta de Rapel, Werazel no pudo decir nada. Conocía la respuesta, pero no era lo suficientemente cruel como para decirle a un niño que se había quedado solo que sus padres ya no estaban en este mundo, ni lo suficientemente descarada como para mentirle diciendo que vendrían pronto.

— Mamá... Papá... Hic. Me... me duele...

Lágrimas transparentes rodaron por las mejillas de Raphelion. Con el corazón encogido por la compasión, Werazel le secó las lágrimas con la mano. Ver a un niño tan pequeño llorando por unos padres que ya no existían le produjo un dolor punzante en la punta de los dedos.

Ugh... Ah...

Rapel sollozaba mientras respiraba de forma irregular. Su rostro estaba tan encendido y caliente como una brasa. Alarmada, ella puso rápidamente su mano sobre la frente del pequeño.

— Está ardiendo.

El cuerpo del niño estaba caliente, demasiado, como si hubiera caído en un foso de fuego. Sus párpados parecían pesarle tanto que, una vez que cerraba los ojos, tardaba mucho en volver a abrirlos. Su respiración febril era tan débil que parecía que iba a cortarse en cualquier momento.

— ¿Puedes levantarte?

Primero debía llevar al niño con un médico lo antes posible.

Werazel pasó sus manos por detrás de la espalda de Rapel, quien yacía tendido. Intentó levantarlo con fuerza, pero el niño no podía sostener su propio cuerpo y volvía a desplomarse sin vida contra el suelo.

Hic. Me... me duele...

— Tranquilo. Te curaré pronto.

Con gran esfuerzo, logró incorporar el torso de Rapel. Como parecía no tener fuerzas para caminar, decidió que tendría que sacarlo de allí cargándolo en brazos.

Hic, tengo frío... —murmuró Rapel con la mirada perdida en el vacío, como si estuviera medio inconsciente.

— ¿Tienes frío? Espera un momento, debe haber algo con qué cubrirte...

Vio una manta a poca distancia. Sin embargo, no podía cubrir a un niño enfermo con un desecho lleno de restos de comida y polvo acumulado. Sin dudarlo, Werazel rasgó el dobladillo de su propio vestido con las manos. Con un fuerte sonido de tela desgarrada, envolvió meticulosamente el cuerpo de Rapel con el trozo de tela. Afortunadamente, al ser una tela de tres capas, ayudaría a mantener su temperatura corporal.

Werazel se despojó de sus zapatos de tacón y metió los pies a la fuerza en unas botas desparejadas y gastadas que encontró cerca. Emanaban un olor desagradable, pero no le importó; era mejor que tropezar mientras corría cargando al niño con sus zapatos originales.

— Está bien. Pronto estarás mejor.

Acto seguido, levantó al niño en vilo con ambos brazos. Aunque estaba delgado por el hambre, un niño sigue siendo un niño, y sintió un peso considerable en sus brazos. Ignorando su vestido, que ahora le llegaba solo por las rodillas, salió caminando del basurero con el pequeño en brazos.

—....

Mientras tanto, para el niño, el cálido abrazo de Werazel se sentía como el de una madre. Era el primer toque amable que recibía en aquel lugar donde nadie escuchaba sus peticiones de ayuda. El pequeño sintió que esta persona, que lo llamaba "Rapel", era como un rayo de esperanza.

— Ma... má...

Tal vez por eso, Rapel levantó su manita del tamaño de una moneda y se aferró con fuerza al brazo de Werazel. No quería dejarla ir. Mientras luchaba por no perder el conocimiento, Rapel grabó en su memoria el rostro de Werazel, quien sudaba por el esfuerzo de cargarlo. Era como si estuviera grabándola a fuego en su corazón.







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