La familia de la
villana.
Lamenté demasiado tarde haber usado un tono tan autoritario, pero ya no podía retractarme de mis palabras. Esto se debió a que Richard, quien había mantenido una expresión de total incomprensión todo el tiempo, se inclinó lentamente, recogió el manojo de llaves y comenzó a quitarse los grilletes de los pies.
Al ver esto, mordí con fuerza el interior de mi mejilla sin darme cuenta.
En realidad, los grilletes que Richard se estaba quitando en este momento no
eran unos comunes, sino un artefacto de restricción que controlaba su maná.
Debido a que los llevaba puestos, Richard había obedecido sumisamente las
palabras de Evgenia hasta ahora. Si Richard, ahora que era libre, cambiaba de
actitud de un momento a otro y me asfixiaba, bien podría morir con el cuello
roto en el acto.
«Por supuesto, eso pasaría si no tuviera puesta esta pulsera».
Eché una sutil mirada hacia abajo, a la pulsera que llevaba en la muñeca. Esta pulsera también parecía un accesorio común, pero en realidad era un artefacto mágico encantado con un hechizo para proteger a quien la portara. Gracias a ella, había podido estar tranquila tanto al escapar de la habitación como en este preciso instante.
«Como era de esperarse de la familia Basilian. ¡Pensar que el vestidor está repleto de estos costosos artefactos mágicos!».
Confiando en la seguridad que me brindaba la pulsera, le di la espalda y traje una caja que estaba colocada en un rincón de la celda. Tal como había previsto, en su interior había una túnica negra y un par de zapatos. Curiosamente, en cuanto puse un pie en el calabozo subterráneo, sentí que sabía con exactitud qué contenía esta caja.
— Ponte esto.
Le hablé a Richard, quien se había quitado los grilletes y permanecía de
pie en una postura dubitativa, usando un tono un poco más suave que antes
mientras le extendía la túnica y los zapatos.
Aunque Richard seguía mostrando un rostro lleno de sospecha, la aceptó sin
oponer resistencia y se colocó lentamente la túnica y los zapatos. Al ver que
la ropa y el calzado le quedaban perfectos a su cuerpo, no pude evitar
desconcertarme, sintiendo como si de alguna manera hubieran sido preparados
exclusivamente para él.
Sin embargo, no lo demostré y le entregué el último objeto que había traído: una bolsa negra. Cuando Richard también la aceptó sin rechistar, solté un suspiro de alivio de forma natural, sintiendo que el objetivo que me había traído hasta aquí se cumpliría con éxito. Por supuesto, si pensaba en un futuro feliz al lado de Euclid, esto era apenas el primer paso; pero un viaje de mil leguas comienza con el primer paso.
— Bien, ahora vete.
Dije con ligereza, sintiéndome extrañamente liberada.
Al escucharme, Richard frunció el entrecejo profundamente. Fue la primera
vez que manifestó sus emociones con tanta claridad, lo que me hizo dar un
respingo sin darme cuenta.
«Ahora que lo pienso, todavía no le he pedido disculpas ni una sola vez. ¡Cómo pude cometer semejante error!».
— Lamento todo lo que pasó durante este tiempo.
— ¡…!
— Sé que, si te digo algo como esto a estas alturas, te preguntarás qué dobles intenciones tengo y te parecerá absurdo. Pero de verdad lamento haberte comprado, haberte encerrado en un lugar como este y haberte hecho daño.
A medida que mis palabras continuaban, el rostro de Richard se fue
distorsionando cada vez más. Sin duda me había disculpado depositando una gran
cantidad de sincero arrepentimiento, pero quizá debido a que mi voz era
demasiado fría, parecía que mi sinceridad no se transmitía del todo bien.
Sintiéndome todavía más culpable, pronuncié las palabras que, desde la perspectiva de Richard, debían de ser las más alegres:
— A partir de ahora, eres un hombre libre.
Para Richard, quien había nacido en el mercado ilegal y había vivido toda su vida como esclavo, ¿habría unas palabras que deseara escuchar más que estas? En realidad, dado que la marca de esclavo aún debía de permanecer en él, su estatus seguiría siendo el mismo por ahora; sin embargo, se decía que cuando Richard tomó el control del bajo mundo tras escapar de la residencia del Duque Basilian, definitivamente ya no poseía dicha marca de esclavitud.
«Así que supongo que se la borrará él mismo por su cuenta una vez que salga de aquí».
— Dentro de la bolsa hay monedas de oro y joyas. No estará nada mal para establecerte en el lugar que desees.
Lo dije como si no fuera la gran cosa, pero en realidad me había asegurado
de llevarme una buena cantidad de las joyas que había en el vestidor de
Evgenia. La bolsa negra también la había encontrado en uno de los cajones del
vestidor; y considerando que lucía sumamente lujosa por el brillo satinado que
desprendía, era evidente que el valor de las joyas resguardadas en su interior
debía de ser grandioso.
«Con todo esto, ¿no estará dispuesto a perdonarme por los tormentos del pasado...?».
Observé de reojo a Richard, quien contemplaba en silencio la bolsa que le
había entregado, y luego fijé mi vista en su herida mano izquierda. Ante
aquella lesión que lucía tan dolorosa que hacía que se me frunciera el
entrecejo con solo mirarla, mi recuperada conciencia me llevó a percatarme de
un detalle: el reverso de la manga izquierda de la túnica que Richard llevaba
puesta tenía bordado con hilo de oro un patrón en forma de flama, idéntico al
de la bolsa.
Sin embargo, aparté la mirada sin darle mayor importancia.
En aquel entonces, yo ignoraba por completo el hecho de que, en este mundo, la marca de esclavitud se localizaba en el dorso de la mano izquierda. Y tampoco sabía... el significado de esa flama dorada.
— ¿Todo saldrá bien...?
Tras dejar ir a Richard primero, yo también abandoné el edificio anexo.
Pensé que me sentiría aliviada en cuanto lograra sacar a Richard de la
residencia del duque, pero extrañamente sentía el pecho oprimido, como si una
pesada roca se hubiera asentado en él.
A decir verdad, incluso antes de venir al anexo, ya tenía la vaga idea de
que enfrentar a Richard no sería una tarea sencilla. Sin embargo, había asumido
que esa carga mental se debía a lo difícil que resultaría romper con un
resentimiento del pasado.
«¡Es que, después de todo, jamás imaginé que se resistiría a marcharse!».
Solté un profundo suspiro mientras rememoraba la desconcertante situación de hace unos momentos.
— ¿Qué me vaya? ¿Por qué?
— ¿Qué? ¿Cómo que por qué? ¿Acaso lo preguntas porque no lo sabes?
¿Es que haber vivido tanto tiempo como esclavo le había afectado el
cerebro?
Justo cuando yo comenzaba a confundirme tanto como las pupilas rojas de Richard, que temblaban con agitación, él se desplomó de repente de rodillas frente a mí.
— ¡A... Ama!
Inhalé una bocanada de aire por la sorpresa al escuchar aquella palabra inesperada. Mientras yo permanecía completamente petrificada, Richard se aproximó arrastrando las rodillas hacia mí.
— Es porque... porque no la llamaba “Ama” ... por eso me está desechando, ¿verdad? Fue culpa mía. Así que, por favor, no me deseche.
Pensar que Richard me estaba suplicando al borde de las lágrimas.
A pesar de haber leído la novela entera con
atención en varias ocasiones, fui incapaz de ocultar mi desconcierto ante un
aspecto que jamás habría imaginado. Además, el rostro de Richard, mostrando sus
emociones sin reserva alguna, conservaba un aire sorprendentemente juvenil.
Solo entonces pude recordar de nuevo la verdadera
edad de Richard.
«Apenas tenía dieciocho años...».
Era cuatro años menor que Evgenia. Un muchacho
todavía joven, además de herido y hambriento. En ese instante, sentí una
profunda compasión por Richard mientras se aferraba a mí suplicando que, por
favor, no lo abandonara.
Sin embargo, no rectifiqué mi decisión de sacarlo
de la residencia del duque. Por fortuna, Richard pareció intuir que mi postura
no cambiaría, de modo que se levantó lentamente y caminó hacia el exterior del
calabozo. Su silueta alejándose con parsimonia, como si esperara que yo lo
detuviera, no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.
«Cielos, la que lo encerró fue Evgenia y
yo solo lo he liberado, ¿por qué tengo que ser yo la que se sienta culpable?».
Sacudí la cabeza para desprenderme de esos densos
sentimientos. De acuerdo con mis previsiones, pronto contraería matrimonio, así
que no podía permitirme seguir conservando a Richard a mi lado por un brote
momentáneo de lástima. Evgenia lo había comprado como esclavo sin saber
absolutamente nada, guiada únicamente por el color de sus ojos; pero en
realidad, él era el equivalente a una bomba de tiempo. La verdadera identidad
de Richard poseía tal peso que incluso la familia del Duque Basilian,
considerada la facción más poderosa después de la familia imperial,
difícilmente podría manejarlo.
Además, aunque el día de hoy hubiera mostrado una
faceta totalmente opuesta a mis expectativas, Richard no era en absoluto un
individuo débil. Al fin y al cabo, estaba previsto que él escapara de la
residencia del duque muy pronto por sus propios medios. Aunque claro, en la
historia original, Evgenia perdía el juicio ante la inminencia de su matrimonio
forzado y dejaba caer el artefacto de control de maná junto con el manojo de
llaves de la celda frente a los barrotes, permitiéndole huir con facilidad.
El punto era que Richard, estando completamente
solo, lograría burlar la seguridad de la residencia del Duque Basilian, que
estaba repleta de caballeros, y abandonar la mansión.
«En pocas palabras, esto significa que es
un hombre de gran calibre que simplemente no había podido usar su fuerza debido
al artefacto de restricción».
Y una vez fuera de los dominios de los Basilian,
Richard se encargaría de tomar el control del bajo mundo tras haberse borrado a
la perfección la marca de esclavitud. Convirtiéndose en el líder de un enorme
gremio de asesinos llamado “Black”.
Así es, por lo tanto, no tenía necesidad alguna de
preocuparme por Richard. Ya fuera que tomara el control del bajo mundo o que se
marchara a un lugar libre con el dinero que yo le había proporcionado. Aunque
lo más probable era que siguiera el curso de la obra original para llevar a
cabo su venganza, fuera lo que fuese, me bastaba con quedar excluida de la
lista de sus objetivos de venganza.
Quizá porque mis pensamientos se habían ordenado
un poco, mi corazón se sintió mucho más aliviado. Ahora solo debía regresar a
mi habitación y tranquilizar a Anne, quien seguro estaría preocupada...
— Oye.
En ese instante, mi cuerpo se congeló ante la voz
que se escuchó a mis espaldas.
«¿A-acaso me han descubierto?».
¡¿Si me había asegurado de verificar
minuciosamente los horarios de relevo de los caballeros y sus rutas de
patrullaje?!
Estaba tan sumamente asustada que, sin siquiera
percatarme de que el apelativo con el que me llamaban era bastante inusual, me
limité a contener la respiración mientras presionaba mi pecho, sintiendo que el
corazón se me iba a salir.
¡Por favor, que no me hayan descubierto!
Sin embargo, en contra de mis fervientes deseos, el sonido de unos pasos
firmes que avanzaban con paso resuelto se detuvo justo delante de mí.
Tragué saliva con dificultad y levanté la cabeza lentamente.
Llevaba un uniforme de caballero pulcro, un poco diferente al de los guardias que custodiaban la puerta de mi habitación, el cabello corto y una espada sujeta a la cintura. Aquel hombre, a quien cualquiera identificaría como un caballero a primera vista, me contemplaba desde lo alto con el ceño completamente fruncido.
Dado que ya había visto mi rostro, debió de haberse dado cuenta de quién
era yo. Sin embargo, al ver que el hombre ni siquiera pestañeaba a pesar de
estar frente a la temible Evgenia, no tardé en adivinar su identidad.
Bueno, en realidad lo extraño habría sido no reconocerlo. Poseía el mismo cabello negro y los mismos ojos azules que Evgenia.
Este hombre era, sin lugar a dudas...
— Alexis.
El hermano menor de Evgenia y caballero imperial, Alexis Basilian.

Comentarios
Publicar un comentario
Escribe un comentario.