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Mi esposo es mi personaje favorito, pero creo que me voy a divorciar - CAPÍTULO 6

 


El hombre arqueó una ceja y me dirigió una mirada extraña. 

«¿No me digas que no es Alexis?». 

De repente perdí la confianza y me sentí desconcertada, pero por fortuna, Alexis elevó una comisura de los labios y habló con sarcasmo: 

— Tú. Escuché que te habían impuesto una orden de confinamiento, ¿qué haces merodeando por aquí? ¿Acaso ahora también te burlas de las órdenes de nuestro padre? De verdad eres increíble, Evgenia Basilian. 

Cada palabra que salía de su boca me resultaba molesta, pero al sentir el alivio de no haberme equivocado y al no tener ninguna excusa en particular que dar, mantuve la boca bien cerrada. Aunque, por supuesto, era una lástima. 

«Maldición, quería regresar de forma silenciosa». 

Mi plan consistía en escabullirme con cuidado hasta el edificio principal y luego hacer un trato con el caballero que custodiaba la entrada de mi habitación. Como él tampoco querría que se supiera que yo había salido de la habitación, pensaba sugerirle que lo sepultáramos en silencio. 

«Pero de entre todas las personas, tenía que toparme justo con este tipo...». 

Solté un suspiro cargado de pura frustración. Sin embargo, la expresión de Alexis, quien me estaba ridiculizando hasta hace un momento, cambió a una de total desconcierto. 

— Oye. Tú... ¿por qué...?

— ¿...?

— Escuché que te habías vuelto loca y te habías golpeado la cabeza contra la pared, ¿pero de verdad se te averió el cerebro?

— ¡¿Qué?! 

Por más que fuera su hermano, ¿no se estaba pasando de la raya con sus palabras? De por sí, desde el instante en que me topé con Alexis, una inexplicable sensación de desagrado había invadido mi cuerpo. ¡Y aun así me había guardado ese descontento sin demostrarlo porque todo lo que me reclamaba era verdad! 

— ¿Loca? ¿Acaso le diste tu caballerosidad de comer a los perros? Vaya forma de hablarle a tu hermana mayor. 

Pensé que de inmediato se burlaría de mis palabras y me desafiaría. Sin embargo, el rostro de Alexis volvió a cambiar de una manera extraña. Esta vez, como si estuviera viendo algo definitivamente insólito, dio de pronto un paso hacia adelante y se plantó más cerca de mí. Luego, inclinó su rostro hacia el mío y me observó fijamente. 

— Cielos, ¿Qué demonios haces? 

¿Sería este el rechazo instintivo que sienten los hermanos de la vida real? Fruncí el ceño y retrocedí un paso, pero Alexis, sin importarle en absoluto, continuó examinándome minuciosamente antes de preguntar a bocajarro: 

— ¿Qué acabas de decir?

Aunque Evgenia no era para nada baja de estatura, el hecho de que un tipo mucho más alto que yo se comportara de forma intimidante me infundió un poco de temor, al mismo tiempo que me provocaba un fastidio creciente. 

— ¿Acaso dije algo que no fuera cierto?

—... Eso no, que, ¿Qué fue lo que dijiste?

— Hmph. Dije que si le habías dado tu caballerosidad de comer a los perros.

— Lo que dijiste después. 

¿Lo que dije después?

Al no comprender la intención de su pregunta, ladeé un poco la cabeza por un instante mientras trataba de hacer memoria. 

— ¿Vaya forma de hablarle a tu hermana mayor?

— ¡Ja! ¿Hermana mayor? ¿Acabas de decir “hermana mayor”?

— S-sí.

Por alguna razón terminé vacilando y tartamudeé un poco. Y como aquello hirió mi orgullo, volví a arremeter en voz alta con tono cortante. 

— ¡Es la verdad! Desde hace un momento no dejas de decirme “oye”, “tú”... ¿Acaso te parece que está bien portarte así con tu hermana mayor? 

Por otra parte, ante la expresión de absoluta incredulidad de Alexis, mi cerebro comenzó a trabajar a toda marcha. 

«¿Acaso Evgenia no era la hermana mayor? No, no puede ser. ¡Definitivamente Alexis era dos años menor que Evgenia!». 

Sin embargo, la reacción de Alexis fue tan gélida que, sin querer, terminé acobardándome. Yo había sido hija única en mi vida anterior. Aunque tenía primos y primas, no éramos muy cercanos, por lo que no sabía con exactitud cómo era la relación entre hermanos en la realidad. Pero, según mi sentido común, la actitud de Alexis era demasiado rebelde.

Mientras torcía la boca con descontento, Alexis, que no dejaba de fulminarme con la mirada, se pasó una mano por el cabello con brusquedad. 

— ¿Desde cuándo me has tratado como a un hermano menor? Si eras tú la que se ponía como loca cada vez que te llamaba “hermana”. 

Sabía que no se llevaban bien, ¿pero hasta ese extremo? Descubrir este hecho inesperado me dejó sumamente desconcertada. 

«A este paso, ¿no se dará cuenta de que no soy la verdadera Evgenia?».

Para ser honesta, solo había pensado en tener cuidado frente a Anne; no me había preocupado en absoluto por los demás, especialmente por la familia del Duque Basilian. Sin embargo, al pensar que, después de todo, la familia era la familia, comencé a sentirme extrañamente incómoda. 

— Evgenia Basilian. 

Alexis me llamó con una voz cargada de desagrado. Como no me atrevía a pedirle que me llamara hermana mayor como hace un momento, me limité a levantar la mirada como preguntándole por qué me veía así, lo que hizo que la expresión de Alexis se volviera seria. 

— ¿De verdad te lastimaste gravemente la cabeza? Te llamo incluso por tu nombre y apellido, y te quedas tan tranquila.

—... ¡Así es! Me golpeé la cabeza e incluso quedé inconsciente, ¿esperabas que estuviera intacta? 

Atrapada por una sensación de crisis ante la posibilidad de que descubriera mi identidad, exclamé con total descaro. 

— Bueno, como ni siquiera te aliaste a echarme un vistazo, es natural que no lo sepas.

— ¡Oye, eso es...!

— ¡Así que no vengas a actuar ahora como si te importara! 

Un denso silencio cayó tras mis palabras, las cuales resultaron sumamente gélidas y despiadadas. Por alguna razón, se sintió como si una ráfaga de viento helado soplara a nuestro alrededor. 

«¡Ugh!». 

Y no era una ilusión. Debido a que me había enzarzado en una inoportuna disputa con Richard en el calabozo subterráneo del anexo, mi cuerpo ya se encontraba frío como la escarcha. Y para colmo, justo en ese momento soplaba ese viento helado... 

«¡Ah, no! ¡Siento que voy a estornudar!».

Estábamos en medio de una atmósfera sumamente seria, y yo acababa de soltar unas palabras crueles con mucha elocuencia y carisma. ¿Y venir a estornudar justo aquí? De ninguna manera, era algo que no podía permitir bajo ninguna circunstancia.

Por fortuna, no sentía que me fuera a salir mucosidad, pero la nariz me picaba tanto que me estaba volviendo loca. Con el firme propósito de proteger mi orgullo y, sobre todo, de mantener la fachada propia de Evgenia, apreté los puños con fuerza y arrugué el rostro por completo. 

Y mientras hacía toda clase de muecas intentando contener el estornudo a como diera lugar...

A través de mis ojos entrecerrados por el esfuerzo, alcancé a divisar el rostro de Alexis, quien me miraba con una expresión extrañamente perdida. En sus ojos se reflejaban claramente el asombro y el desconcierto. 

«Ah... ¿Acaso se habrá dado cuenta?». 

¡De que estaba aguantando un estornudo de una forma ridícula!

En ese preciso instante, el peligro me acechó. Presurosa, me cubrí el rostro con las manos y me di la vuelta bruscamente. 

Y entonces... 

— ¡Atchú! 

Al final terminé estornudando. Gracias a que me había pellizcado la nariz con fuerza para contenerlo, el sonido no fue tan escandaloso, pero como mis hombros dieron un gran respingo, la situación ya no era algo que pudiera ocultar. 

«Maldición, no pasa nada. Dicen que el amor y el estornudo son dos cosas que no se pueden ocultar». 

Traté de consolarme a mí misma a como diera lugar, pero la vergüenza me invadió como una ola. 

— Oye, tú...

En ese momento, Alexis intentó dirigirme la palabra. 

«Qué tipo tan cruel, ¿acaso piensa ponerme en evidencia justo ahora?». 

Con la firme convicción de no pasar por más humillaciones, me di la vuelta a toda prisa y salí huyendo. Bueno, en realidad fue un decir; caminé a paso veloz hacia el edificio principal, haciendo evidente que estaba sumamente enfadada.

En aquel instante, atrapada en mi propia agonía de vergüenza, fui incapaz de percatarme del asunto. 

— Vaya... ¿Qué fue eso? ¿No me digas que se le saltaron las lágrimas de la tristeza porque no fui a verla...?

Jamás habría imaginado que Alexis soltaría semejante disparate mientras contemplaba mi silueta alejándose a sus espaldas.

— ¡Aaa-tchis! 

Maldita sea. Al final terminó atrapándome. ¡Me refiero a ese enemigo implacable llamado resfriado! 

— A decir verdad, ya me lo imaginaba... ¡Atchú! 

De haber sabido que terminaría así, le habría hecho caso a Anne ayer cuando me pidió que me abrigara bien antes de salir. Pero lamentarse a estas alturas ya era demasiado tarde.

Tras dejar atrás a Alexis, entré al edificio principal y, luego de lanzar una especie de amenaza al desconcertado caballero de la guardia, me arrojé directo a la cama. Después, bebí el té caliente que Anne me había preparado e intenté calentar mi cuerpo envolviéndome por completo en las mantas, pero el frío no disminuyó ni un poco incluso cuando ya era de madrugada. 

Al abrir los ojos por la mañana, sentía que la garganta se me partía del dolor, y la cabeza, que de por sí ya sufría de un dolor persistente, me daba vueltas hasta marearme.

En medio de todo aquello, escuché un alboroto en el exterior. Parpadeando con los ojos resecos, caminé hacia la ventana envuelta en la manta.

— Cielos, ¿ya llegó? 

En realidad, había una razón de peso para que la mansión estuviera tan ruidosa y alborotada desde temprano en la mañana. Se debía a que el duque, quien había partido de la capital, había enviado un mensaje avisando que su llegada era inminente.

Frente a la entrada principal, entre los sirvientes que se habían alineado en fila para recibir a su señor, alcancé a ver a Alexis y a la heroína de la historia, Melissa. 

¿Acaso habrá sentido mi mirada en ese momento? Alexis giró la cabeza en dirección a la ventana de mi habitación. Aunque la distancia era considerable y no creía que me hubiera reconocido, sentí como si nuestras miradas se hubieran cruzado sin querer, por lo que retrocedí un paso. 

— No es porque me haya acordado de lo vergonzoso de ayer... 

Refunfuñé dando una excusa de lo más lamentable. 

— Mientras más lo pienso, más coraje me da. La que recibió el castigo de confinamiento fui yo, ¿acaso lo recibió él? 

Aunque ayer solo había suelto esas palabras por decir algo en el calor del momento, al recordarlo ahora, verdaderamente me sentía un poco dolida.

El Duque Basilian y el joven duque no se encontraban en la capital, así que con ellos era comprensible; pero Alexis debía de haber ido y venido de la mansión al palacio imperial todos los días para cumplir con sus deberes. Por más que Evgenia fuera para él un pariente peor que un extraño, si ella había llegado al extremo de perder el conocimiento y luego despertar, ¿no habría podido venir a visitarla al menos una vez? 

Es más, ayer pensé que tal vez me perseguiría, pero lejos de hacer eso, ni siquiera dio indicios de querer detenerme. Por supuesto, cabía la posibilidad de que se hubiera quedado sin palabras ante mi descaro de enfadarme con él a pesar de haber quebrantado la orden del duque, pero... aquello me demostraba, fundamentalmente, lo indiferente que era con Evgenia. 

— Y encima se atreve a enojarse. 

Quizá por lo enferma que me sentía, me invadió una profunda tristeza a pesar de que ellos no eran mi verdadera familia. Sin embargo, al mismo tiempo, guardaba un deseo contradictorio: 

«Por favor, que Alexis no sienta el más mínimo remordimiento de conciencia por mis palabras de ayer y que continúe ignorándome en el futuro». 

Y ya de paso, que hiciera la vista gorda con mi escapada de ayer.


 


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Yanci: Bueno, nos leemos la próxima semana, si tengo el tiempo de actualizar.







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