VIVIAN Y ALIMOND.
La sala de recibir donde esperábamos las
cinco princesas, incluyéndome a mí, estaba tan silenciosa como un cementerio.
Cuánto tiempo habría pasado esperando en semejante estado de tensión, en el que
lejos de conversar, cuidábamos incluso el ritmo de nuestra respiración. De
pronto, la puerta de la sala se abrió y el Emperador Loco hizo su aparición.
― Saludes a su Majestad.
Todas nos dispersamos lejos del centro
como un banco de peces que huye de su depredador natural con el pretexto de
saludarlo. Al Emperador Loco no pareció importarle aquella extraña reacción,
como si fuera algo obvio, y se repantingó en el sofá.
Acto seguido, la hermana Vivian salió a
duras penas del dormitorio, apoyándose en una sirvienta. Llevaba puesto un
vestido ligero de interiores y su vientre estaba notablemente abultado. Al
parecer, lo había estado ocultando hasta ahora presionando su abdomen.
Ya fuera por su condición física o por la
situación actual, la tez de la hermana Vivian estaba pálida. No habría sido
extraño que se desplomara de nuevo en cualquier momento, pero el Emperador Loco
ni siquiera le permitió sentarse.
Continuó el tiempo en el que todas
permanecíamos de pie en medio del silencio, como si estuviéramos recibiendo un
castigo. En un momento dado, la entrada de la Habitación de Alas Azules se
abrió y los caballeros de la guardia imperial trajeron a rastras a un hombre
joven.
― ¡Elimond!
A juzgar por el grito agudo de la hermana
Vivian, la relación entre ambos era evidente. Ante un gesto de la mano del
Emperador Loco, los caballeros de la guardia imperial arrojaron al hombre al
suelo.
― ¡Glo-gloria al reinado del Gran
Emperador! E-Elimond, de la familia del Conde Ronde, sa-saluda a su Majestad.
― Más cerca.
―….
― Más.
Elimond se aproximó a los pies del
Emperador Loco arrastrándose, casi a gatas, desde su posición postrada. El
Emperador Loco le levantó la barbilla a Elimond con la punta de su cetro real.
― Parece que tú eres el padre biológico
de mi nieto.
― Ma-Majestad... por favor, perdóneme...
― ¿Perdón? ¿Acaso esa palabra significa
que has cometido una falta?
― ¡Ma-Majestad!
Vivian se adelantó corriendo y se
arrodilló al lado de Elimond.
― El joven Ronde no tiene la culpa. Fui
yo quien lo sedujo.
― Vivian, ¿por qué tanto alboroto? Si yo
nunca he dicho que algo estuviera mal.
Aquellas palabras sin duda cambiaron
drásticamente el ambiente. Una chispa de esperanza se albergó en los ojos
parpadeantes de Vivian. El Emperador Loco preguntó:
― ¿Acaso no compartieron el lecho porque
se gustaban? Al grado de concebir y llevar un hijo en el vientre.
― A-así es. Yo... amo al joven Ronde.
― Joven Ronde, ¿y tú?
― ¡Po-por supuesto, yo también adoro a su
Alteza la Princesa...!
― Así debe ser. No estaría bien que
alguien que toma prestado el vientre de la familia Imperial tenga una actitud
ligera.
El Emperador Loco miró a Vivian con un
rostro que denotaba estar sumido en sus pensamientos.
― Dices que ya son seis meses.
―....
― El mes del parto será en otoño, entonces.
―....
Por alguna razón, y al contrario de lo
que todas temían, el Emperador Loco se mostraba indulgente y compasivo.
Sintiéndose reconfortada por esa reacción, Vivian se armó de valor y habló:
― Majestad. Y-yo carezco de las aptitudes
necesarias y no soy digna del trono Imperial. Solo deseo vivir tranquilamente
como las hijas de las demás familias nobles, sin manchar el honor de su
Majestad.
― ¿Deseas vivir tranquilamente?
― Amo al joven Ronde. Por favor,
permítame abandonar el palacio para poder vivir con él.
El embarazo no había sido en absoluto un
accidente. Tras medio año de preparación, la hermana Vivian había intentado
escapar del concurso.
― No creo que eso sea posible. Después de
todo, la sangre que corre por tus venas es la sangre Imperial que recibiste de
mí.
Como era de esperarse, el Emperador Loco
no pensaba dejar ir tan fácilmente a su propiedad y juguete. Vivian dejó caer
la cabeza hacia el suelo. Fue una desesperación silenciosa y profunda.
Y manipular esa desesperación, torturar
con falsas esperanzas para dejar a alguien apenas con un hilo de vida, era la especialidad
del Emperador Loco.
― Esta es una orden Imperial. El concurso
por la sucesión al trono queda suspendido por el momento.
― ¡...!
El Emperador Loco fingió ser compasivo ante
mis ojos y los de mis hermanas, que se habían abierto de par en par por la
sorpresa.
― Mi hija lleva a un niño en su vientre,
¿no debería yo contribuir a que tenga un cuidado prenatal adecuado?
― Es tal como se esperaba de su Majestad.
El inmenso amor que profesa por su hija es un ejemplo para todos los padres del
mundo.
Aquella situación era tan imprevista que
ni siquiera importaba lo mucho que la conversación entre el Emperador Loco y el
jefe de sirvientes revolviera el estómago. El Emperador Loco se levantó del
sofá mientras decía:
― Me entusiasma mucho la idea de conocer
a mi primer nieto, pero por otra parte me preocupa. Dado que la apariencia del
joven Ronde es bastante común, más vale que el niño se parezca mucho a Vivian.
― ¡Se-seguro será una niña que se
parecerá mucho a su Majestad!
― Quién sabe. Vivian, tu hermosa
apariencia la heredaste del lado de tu madre, ¿no es así? Si tuviera que buscar
a una hija que haya heredado mis rasgos entre las princesas...
Los ojos azules del Emperador Loco nos barrieron
a las princesas e incluso a mí, como si nos estuviera evaluando. El lugar donde
finalmente se detuvo su mirada fue de lo más desagradable.
― Rosassia.
―....
― En tu caso, creo que es algo que bien
podría esperar de ti.
Mi cuerpo tembló. A pesar de que estaba
forzando a mis pulmones a llenarse por completo de aire, sentí como si no
pudiera respirar en absoluto.
El Emperador Loco se retiró de la
Habitación de Alas Azules, llevándose consigo al jefe de sirvientes y a todos
los caballeros de la guardia imperial. Se escuchó el sonido de la puerta al
encajar en su sitio.
Sentí como si las fuerzas abandonaran mi
cuerpo.
― ¡He-hermana!
Vivian se desplomó, atrayendo la atención
de todos hacia ella. Gracias a eso, nadie se percató de que mi cuerpo se
tambaleaba, a excepción de Regen, quien sostuvo mi espalda desde atrás.
***
Regen estaba preocupado por Sasha.
Desde que regresó de la Habitación de Alas
Azules, Sasha permanecía recluida únicamente en su dormitorio. No llegaba al
extremo de prohibir la entrada al personal del palacio bajo el pretexto de
querer estar sola como en el pasado, pero el hecho de que apenas hubiera tocado
la comida confirmaba que su estado de ánimo era sumamente bajo.
Regen la comprendía. Ella ya era una
princesa que aborrecía la sangre que corría por sus venas. Tras escuchar que se
parecía al Emperador Loco, sería difícil que no cayera en el auto desprecio.
Al comprobar que el sol comenzaba a
ocultarse poco a poco, Regen llamó a la puerta del dormitorio de Sasha. Al caer
la noche, él tenía la justificación perfecta para entrar y salir de su
habitación.
― Soy Regen. Voy a entrar.
Sasha estaba sentada leyendo un libro en
el sofá que se alcanzaba a ver nada más abrir la puerta. En cuanto Regen la
descubrió, se sobresaltó debido al aspecto que ella presentaba.
Sasha llevaba puesto un camisón tipo
combinación bastante ligero. Lo único que cubría sus hombros y brazos, blancos
como la nieve, era un chal tan translúcido como las alas de una libélula.
― ¿Es un bocadillo?
― Sí. Son frutas.
― Qué bien, justo tenía ganas de comer
algo dulce. Siéntate y compártelas conmigo.
Cuando Regen intentó tomar asiento enfrente,
Sasha señaló otro lugar:
― Eso está muy lejos. Siéntate aquí.
El lugar que palmeó suavemente con la
mano era el asiento justo a su lado. Regen se sentó sin rechazar la invitación.
Las uvas servidas en la bandeja de plata
iban desapareciendo una a una en los labios de Sasha. Al verla comer de buen
apetito, Regen se sintió aliviado. El estado de Sasha parecía ser mejor de lo
que él había pensado.
“¿O tal vez no?”.
Sasha fingía estar concentrada en el
libro, pero desde que él había entrado a la habitación, no había pasado ni una
sola página.
En ese momento, los ojos de Regen
captaron un objeto que reflejaba la luz de la vela. Escondido en un rincón del
sofá, se encontraba un espejo de mano.
― Oye, Regen.
― Sí.
― ¿Acaso me parezco al Emperador Loco?
―....
― Dímelo con franqueza.
Tal como sospechaba, era algo que le
preocupaba bastante. Regen respondió con total honestidad, tal como ella se lo
había pedido:
― No tengo la menor idea.
Regen recordó las emociones que había
sentido en varios momentos al contemplar a Sasha. Ella era una persona tan
especial de pies a cabeza que había cautivado su mirada en un solo instante. No
creía que existiera nadie en este mundo capaz de imitar esa atmósfera y esa
esencia suya.
Sasha intentó escudriñar minuciosamente el
significado de sus palabras:
― ¿Qué significa exactamente eso de que
no tienes la menor idea?
― Significa que no logro encontrar ningún
parecido.
― ¿Los ojos, la nariz, la boca... de
verdad no se parecen en nada?
― No lo sé.
― Tu respuesta es muy ambigua. Piénsalo
bien y dímelo con certeza. El Emperador Loco y yo compartimos un lazo de
sangre. Es imposible que no nos parezcamos en absoluto... Mira esto. El cabello
también es del mismo rubio platino. Francamente, ¿no será que piensas que nos parecemos,
pero no te atreves a decirlo?
Sasha insistía con terquedad, guiando la
conversación hacia la respuesta opuesta a la que en realidad deseaba escuchar.
Que una princesa, siempre tan calmada y brillante, se comportara de este modo
era una prueba irrefutable de que el impacto del día de hoy había sido enorme.
― Sasha, ¿Qué es lo que te preocupa?
Ante sus palabras, Sasha pareció calmarse
un poco y detuvo su persistente interrogatorio. Acto seguido, confesó lo que
verdaderamente sentía en su corazón.
--------------------------------------------------------------------
Yanci: Pobre Vivi ☹


Comentarios
Publicar un comentario
Escribe un comentario.