― ¿Qué? ¡¿Por qué tendría mamá que
conocer a la Princesa Pájaro Plateado?!
Laval, que tenía mucho que ocultar por
cuenta propia, reaccionó de forma tajante.
― ¡Ay, de verdad, ¡cómo puedes ser tan
ignorante con los sentimientos de las mujeres! Dicen que últimamente la
Princesa Pájaro Plateado invita periódicamente a Nadia a sus fiestas de té,
¿no? ¿Por qué crees que sea? Es obvio que lo hace para que Nadia le sirva de
puente con mi querido hijo.
― Ah, bueno, yo también pienso de esa
manera, pero... De todos modos, al banquete va con mi padre o de lo contrario
se queda en casa. No quiero ser el blanco de las miradas críticas de los demás.
Al ver que su hijo se ponía firme, la
gran dama comenzó a jugar su carta de triunfo:
― ¡¿Miradas críticas...?! ¡¿Es que ahora
hasta mi propio hijo me menosprecia?! ¡He vivido toda mi vida pensando
únicamente en ti, cómo puedes hacerme esto!
― Ah, no... Vamos, ¿por qué se pone a
llorar otra vez? No me refería a eso...
― ¡Si yo... no me hubiera casado con tu
padre! ¡Incluso habría podido casarme con el Duque Arondight!
A Laval le dieron ganas de tirarse de los
pelos. Otra vez con el mismo repertorio. Lo había escuchado tantas veces que,
lejos de causarle remordimiento, solo le provocaba fastidio. Al contrario, era
el propio Laval quien sentía deseos de reclamarle a su madre por qué no se
había casado con el Duque Arondight para haberlo dado a luz a él como Dominic.
― Dicen que el destino de una mujer sigue
al del hombre con el que se casa. Debí haber conocido a un buen hombre. Con la
belleza que tenía en mi juventud, no había hombre al que no pudiera seducir.
Cómo fui a terminar casada en este rincón de casa, qué desgraciada es mi
suerte... Buaaa.
Como no ganaba nada escuchándola en
serio, Laval dejó que las palabras le entraran por un oído y le salieran por el
otro mientras pensaba en otra cosa. De pronto, el rostro sollozante de su madre
captó su atención.
―....
Ciertamente, su madre poseía facciones
menudas y bonitas, y cuando estaba al lado de Laval, se veía tan joven que a
primera vista cualquiera podría confundirla con una hermana mayor con la que se
llevara bastantes años.
Mientras evaluaba de ese modo el rostro
de su progenitora, llegó a una conclusión inevitable. Incluso ahora, ¿acaso no
poseía una belleza que aún estaba a tiempo de seducir a alguien?
Laval, envuelto en una calma que
resultaba gélida, abrió la boca:
― ¿Dónde está mi padre?
― Mi desgraciada suerte... ¿Eh? Tu padre
dice que está enfermo y se quedó dormido.
Excelente.
― Madre.
Laval sujetó firmemente a su madre por
ambos hombros. Por alguna razón, el brillo en sus ojos contrastaba con su
rostro sonriente.
― Ya no esté enojada. Yo la escoltaré
durante el banquete del Festival de la Fundación. Y antes de eso, la llevaré a
conocer el Palacio Imperial.
― ¿De verdad? ¡¿Cuándo?!
― Si le parece bien, incluso esta misma
noche, de inmediato.
― ¡Ay, qué alegría! ¡Como era de
esperarse, mamá solo cuenta con su querido hijo!
La curva astuta que se dibujaba en las
comisuras de los labios de Laval se acentuó todavía más.
― Entonces, vaya a arreglarse para lucir
lo más hermosa posible.
***
El informe que recibía dos días antes del
Festival de la Fundación fue bastante interesante.
― Laval Gawain ha recibido una gran
recompensa por parte de su Majestad.
La voz calmada de Hamel resonó en el aire
de la sala de recibir.
― Se informa que sus méritos al
contribuir con el mantenimiento de la seguridad en la capital Imperial han sido
altamente evaluados. Al parecer, es el resultado de haber arrestado a los
criminales a diestra y siniestra en esta ocasión.
― La prisión de las afueras debe de estar
a reventar de reclusos.
― Sí. Por ello, parece que el Marqués
Osbond está planificando un evento para ejecutar públicamente a los criminales
durante el Festival de la Fundación.
― ¿Acaso pretenden ver sangre incluso en
el Festival de la Fundación?
Si se trataba del Marqués Osbond, sin
duda habría preparado otro evento absurdo e inhumano. El asunto era grave,
sobre todo teniendo en cuenta que debía de haber muchos súbditos inocentes que
Laval había mandado arrestar con el único fin de inflar sus propios méritos.
― No tengo el poder para protegerlos.
Ante mi soliloquio, Hamel se abstuvo de
ofrecer un consuelo apresurado y continuó con su informe:
― Parece ser que recientemente a muchos
nobles se les ha prohibido la entrada al Palacio Imperial por razones poco
claras. Aunque bien pueden regresar a sus territorios, ver cortado su avance en
la política central resulta fatal para la posición de sus familias.
― Es evidente que habrán caído de la
gracia del Emperador Loco. ¿Hay alguna otra anomalía en el Palacio?
― A altas horas de la noche, se divisan
con frecuencia carruajes de damas nobles entrando y saliendo del Palacio Imperial.
― ¿Se encuentra entre ellos el escudo de
la familia Gawain?
― Así es.
Mis labios, que acababan de rozar la taza
de té, dibujaron por sí solos una curva torcida. Toda la información que había
escuchado el día de hoy estaba conectada.
― Es muy probable que la verdadera razón
por la que Laval Gawain recibió una recompensa no sea el mantenimiento de la
seguridad. Si las cosas salen bien, tal vez podamos darle un cierre a esto
antes de que termine el Festival de la Fundación.
― ¿Le indico a la señorita Sione que se
mantenga preparada?
― Sería lo mejor.
En la actualidad, Sione se encontraba
fuera del palacio imperial por órdenes mías. Para ponerme en contacto con ella,
era necesario utilizar un método secreto.
Me levanté de mi asiento.
― Tendré que ir a la biblioteca.
Me dirigí a la Gran Biblioteca del
palacio principal en compañía de Hamel. Dado que a estas horas Regen debía de
estar en pleno entrenamiento en el campo de maniobras, no vería su rostro sino
hasta dentro de unas pocas horas.
Como solía hacer habitualmente, camuflé
un código secreto dentro de un libro para comunicarme con el exterior. Mi orden
cruzaría los muros del palacio imperial antes de que cayera la noche de hoy y
pondría en movimiento a Sione.
Aunque ya había concluido con mi asunto
principal, decidí permanecer un tiempo más en la biblioteca.
“Necesito investigar un poco más acerca
del grabado”.
El aspecto de Dominic tras liberarse del
grabado del Emperador Loco me había causado un impacto considerable. Sería
conveniente aprovechar esta oportunidad para comprender, en la medida de lo
posible, todas las situaciones que pudieran surgir entre un miembro de la
familia imperial y sus caballeros directos.
“Bastará con examinar los anales de los
emperadores del pasado. En especial, los documentos históricos del noveno
emperador y del duque regente deberían ser de gran ayuda”.
Todo lo relacionado con los secretos de
la familia imperial y el poder de dominación era de carácter confidencial. Por
ello, me dirigí a la sala de archivos donde solo se permitía el acceso a los
miembros de la realeza.
― Espera afuera.
― Sí, Alteza.
Cuando se habla de una sala de archivos antiguos,
es fácil imaginarse un sótano rancio y polvoriento, pero este lugar era todo lo
contrario. Al ser un espacio exclusivo para la familia imperial, lo habían
decorado de forma ostentosa para hacer gala de ello.
Las singulares paredes de forma octogonal
estaban cubiertas por estanterías de libros que se elevaban hasta tocar el
techo, proyectando un aire de autoridad; mientras tanto, el paisaje del jardín
que se vislumbraba a través del ventanal mirador era tan hermoso como una
pintura célebre, cautivando la mirada de inmediato. El diseño interior,
refinado en su totalidad, no desmerecía en absoluto frente a cualquier sala de
recibir.
Dado que en el centro de la sala también
había una mesa y una silla, me senté allí y comencé a leer los documentos en orden,
empezando por los del primer emperador. Para cuando iba por el quinto
emperador, descubrí un fragmento sumamente interesante.
“Si se utiliza una estratagema de
seducción, incluso a un caballero poderoso se le puede grabar con facilidad”
... Pensar que esto era real.
Al examinar detalladamente a qué se
refería con exactitud dicha estratagema de seducción, descubrí que consistía en
tentar con el propio cuerpo a un caballero que, desde un principio, ya
estuviera interesado en uno.
Al parecer, debido a que era un caballero
que desde antes ya le profesaba una profunda admiración y respeto, al grabado
le resultaba todavía más fácil manipular y lavar su cerebro.
Mientras leía concentrada, de pronto
sentí ganas de soltar un suspiro.
“Como era de esperarse, si descubren tu
amor dentro del palacio imperial, las cosas se vuelven peligrosas”.
La historia del hijo mayor de una
poderosa familia noble que cayó ante la seducción de una princesa ambiciosa,
solo para terminar siendo utilizado de una u otra forma como un trampolín para
la sucesión al trono, era de lo más amarga.
Los registros de los sucesivos
emperadores que continuaban después de aquello no eran más que un festín de
amores trágicos y arruinados. Daba la impresión de que en la familia imperial
era ya una tradición familiar destruir las relaciones con sus caballeros
directos, cegados por la venganza, el poder, los celos y demás pasiones.
Tomé los documentos del noveno emperador
y del duque regente, pero volví a dejarlos en su sitio. Leer cinco tragedias de
forma consecutiva ya era demasiado para mí. Necesitaba un respiro mental.
En ese momento, se produjo un alboroto en
el exterior.
― ¡¿Por qué no puedo entrar?! Me duelen
las piernas y solo quiero descansar un momento, ¿cuál es el problema?
― Madama, este es el lugar donde se
resguardan los documentos confidenciales de la familia Imperial. El acceso está
restringido para la nobleza común.
― ¿Nobleza común? ¿Acaso sabes quién soy
yo para hablarme de esa manera?
Parecía que Hamel se había enzarzado en
una disputa con alguien. La dueña de aquella voz chillona era una mujer de
cabello negro. Si una jovencita con rasgos agudos de gato envejeciera sin
llegar a madurar jamás, sin duda tendría ese aspecto. Hacía mucho tiempo que no
veía a alguien de ese tipo, acostumbrada como estaba a tratar siempre con damas
nobles maduras y serenas.
― Le ruego que disculpe mi falta de
cortesía por no haberla reconocido. Sin embargo, entrar a este lugar tampoco
resultará beneficioso para usted, madama. Le sugiero que se retire...
― Qué insolente. ¿Quién te crees que eres
para decirme lo que debo o no debo hacer? ¡Si yo entro y salgo incluso del
mismísimo aposento de su Majestad el Emperador! ¡¿Qué lugar hay en este palacio
que esté vedado para una consorte Imperial?! (Otra que no conoce su lugar)
Esta era una información que no podía
pasar por alto. De inmediato, di un paso al frente.
― ¿Qué está sucediendo, Hamel?


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