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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 87

 


Ahora que lo pienso, recordé que Ciel se había quedado rezagado en el último lugar, permaneciendo inmóvil por un tiempo antes de recuperarse y reanudar la competencia. En aquel momento, Regen pasó cerca de él y yo le había patrocinado una poción y una espada.

― ¡Ciel, Ciel! ¡Tú también da las gracias rápido!

Ciel inclinó la cabeza con educación:

― Le estoy muy agradecido, Sir Regen. Si no me hubiera curado en ese momento, habría muerto desangrado o no habría podido llegar a la meta dentro de ese mismo día. Según los precedentes de los concursos que celebraron los príncipes, al final habría quedado descalificado. Sir Regen y su Alteza, la Princesa del Palacio de Pájaro Plateado, son los benefactores que han salvado mi vida ya en dos ocasiones.

― No es nada.

Incluso después de eso, la palabra “gracias” se repitió unas cinco veces más. Pensé que con esto ya era suficiente, pero al parecer esa también era una idea que solo corría por mi cuenta. Shushu continuaba parloteando sin parar, sentada aún más pegada a Regen que antes.

― Preparé esto con las cosas que le gustan a Shushu, pero no sé si serán de tu agrado. ¿Hay algo que no comas?

― No, ninguna cosa.

― ¡Qué alivio! ¿Quieres probar primero este pastel de miel? Lo hizo mi sirvienta y está verdaderamente delicioso. A Shushu le encanta y solo se lo ofrece a los invitados especiales. ― Agradezco su amabilidad.

― Prueba también estos macarons y dacquoises. Otra sirvienta fue desde muy temprano por la mañana a comprarlos a una pastelería famosa de la capital imperial. ¿Qué tal el sabor?

― Sí. Está delicioso.

Aunque sus respuestas eran cortas, la expresión y el tono de voz de Regen hacia Shushu eran sumamente suaves. Incluso, como si se fuera acostumbrando a la conversación a medida que pasaba el tiempo, las reacciones de Regen mejoraron y sus respuestas se volvieron más largas.

― ¡Y este es el postre favorito de Shushu!

― Es un pudín.

― ¡Sí! Muchos dicen que es algo muy modesto para una princesa, pero no me importa. A Shushu es lo que más le gusta. El sirope de caramelo que lleva encima es idéntico al color del cabello de Shushu y es muy dulce, ¿verdad? ¿Y Sir Regen? ¿Te gusta el pudín?

― Recuerdo que solía comerlo a menudo cuando era niño.

― ¿Entonces no lo has vuelto a comer desde que eres adulto? Shushu no podría vivir ni un solo día sin pudín. Debe estar riquísimo si lo comes después de tanto tiempo. ¡Anda, pruébalo rápido! ¿Qué tal? ¿Está rico? ¿Está dulce?

― El solo hecho de haberme invitado ya es un honor, pero dado que se ha tomado tantas atenciones, es imposible que no me sepa dulce.

Por un momento dudé de mis propios oídos. ¿Acaso él sabía decir ese tipo de cosas a otras personas? ¿De verdad este era el Regen que yo conocía?

― Jeje, me alegra que lo comas con tanto gusto. ¿Qué tal el té negro?

― Su aroma suave y dulce me parece similar al de su Alteza.

“¿De verdad es Regen?”

― ¡Vaya! ¿En serio? ¡A decir verdad, es una mezcla que Shushu hizo en persona! ¡Estoy realmente feliz!

Shushu juntaba ambas manos contra el pecho, rebosante de alegría. Y Regen la observaba mientras le dedicaba una afectuosa sonrisa.

Era una escena sumamente social y armoniosa. Sin embargo, el estado de ánimo con el que yo contemplaba aquello, para ser sincera...

“¿Por qué me siento tan mal?”

La actitud con la que Regen trataba a Shushu era de lo más natural. Bien pensado, dado que hasta hace apenas medio año él era un príncipe amado por todo el mundo, resulta comprensible que posea modales sociales y elocuencia. Sin embargo, a mis ojos, su comportamiento hacia Shushu iba mucho más allá de la simple cortesía.

El concepto ideal que yo tenía de lo que debía ser un hermano mayor correspondía exactamente a la figura que él mostraba en este momento.

El estar dispuesto a adaptarse, por el bien de una hermana menor, incluso a cosas que no son de su propio agrado. El sonreír sin darse cuenta porque todo lo que hace su hermana menor le resulta tierno y adorable.

Lo que más me inquietaba era la sonrisa que se dibujaba en las comisuras de los labios de Regen. ¿Acaso yo había logrado alguna vez que él mostrara una sonrisa tan natural y cómoda? Creo que no. Después de todo, él y yo siempre habíamos mantenido una relación en la que nos tratábamos con cautela.

“¿Por qué se han vuelto tan cercanos en tan poco tiempo?”.

Siento como si mis seis meses compartidos con Regen hubieran sido alcanzados y superados por Shushu en un solo instante.

Ahora que lo pienso, Regen tampoco había mostrado interés en las otras princesas durante el primer concurso, pero se había quedado mirando a Shushu por un largo rato. Es comprensible; si tu tipo ideal es alguien tierno, hasta yo me quedaría mirando. ¿Cómo podría alguien mostrarse indiferente ante una princesa tan linda a la que le sientan tan bien las coletas, los lazos grandes y los zapatos Mary Jane de punta redonda?

Lo entiendo. Puedo entenderlo.

“Debería... entenderlo”.

“Pero, de todos modos, me siento fatal”.

El hecho de que mi estado de ánimo se deprima por una insignificancia como esta debe ser porque tengo mal carácter. Por poner un ejemplo, Ciel, a diferencia de mí, contemplaba con una mirada de total satisfacción cómo Shushu atendía a su invitada.

― Su Alteza, la Princesa del Palacio Pájaro Plateado, su taza está vacía. Permítame servirle más.

Solo cuando escuché las palabras de Ciel me percaté de que me había quedado aferrada a una taza vacía. Con razón sentía la garganta seca por más que me la llevara a los labios.

Por alguna razón, Regen se volvió a mirarme con los ojos ligeramente abiertos por la sorpresa. Como yo no había dejado de observarlo, nuestras miradas inevitablemente se cruzaron. Debí haber actuado como si nada pasara, pero terminé desviando la vista de forma instintiva.

En ese momento, Shushu le llamó la atención a Ciel:

― ¿Qué estás haciendo, Ciel? Tú también debes atender con el mayor de los esmeros a la hermana Sasha, tal como lo hace Shushu.

― ¡Ah, sí!

― No te limites a responder, dale de comer un macaron en la boca. Tal como lo haces conmigo.

― ¿Perdone? ¿Cómo con su Alteza? E-eso es un poco...

― ¿Por qué? Si a Shushu siempre le das de comer en la boca con tus propias manos. A mí me encanta, ¡así que a mi hermana también le gustará!

Supongo que una risa irónica sigue contando como una sonrisa. Dejé escapar una risotada ante lo absurdo de la situación, lo cual ayudó a disipar un poco el ambiente sombrío que me embargaba hasta hace un momento.

― E-esto... verit... su Alteza, la Princesa del Palacio Pájaro Plateado... ¿De-desea probarlo...?

El joven caballero de cabello rubio albaricoque me ofrecía un macaron con las manos temblorosas. Parecía no estar seguro de si debía cumplir o no con la orden de su señora.

Me volví hacia Regen.

En el rostro de Regen, que mantenía la mirada fija en mí, no quedaba ni el más mínimo rastro de la sonrisa que le había mostrado a Shushu hace unos instantes. Por lo tanto, tomé una decisión.

Recibí el macaron que me ofrecía Ciel directamente con la boca. Cubriéndome los labios con la mano, me tragué el resto del postre y dije:

― Está delicioso.

― Gra-gra-gracias.

― Soy yo quien debe dar las gracias. He recibido un trato de lo más hospitalario.

― Sí, sí...

Por alguna razón, sentí que le había hecho una mala jugada a Ciel. Con la intención de disculparme, le serví yo misma más té en su taza.

De repente, sentí una mirada punzante sobre mi mejilla.

― ¿Tienes algo que decir?

―... No, nada.

Por algún motivo, una corriente gélida comenzó a circular entre él y yo.

― ¿He-hermana? ¿Sir Regen?

Shushu y Ciel nos miraban con cautela, intentando leer el ambiente, cuando de pronto la puerta se abrió de par en par. Unas personas completamente inesperadas irrumpieron en el salón de recibir.

― ¡Ya estoy aquí!

― Yo también he venido.

La hermana Orlete y Nanaen entraron a la fuerza, sin pedir permiso, y se sentaron tras arrebatarles los asientos a Regen y a Ciel.

Shushu se horrorizó en cuanto vio a Nanaen.

― ¡Iiiik! ¡No las he invitado! ¿Por qué han venido?

― Vinimos pensando que se estaba celebrando la Segunda Fiesta de Té Regular de Princesas.

― ¡Pues claro que no!

― Vaya, resulta que no era eso. Pero ya que estamos aquí, no nos vas a echar a patadas en la puerta, ¿verdad? Danos té.

― ¡Iiiik...!

No solo se trataba de Nanaen, sino que incluso la hermana Orlete se encontraba presente. Puesto que no podía cometer una falta de respeto contra sus hermanas mayores, Shushu recibió a las invitadas mientras temblaba de pura frustración.

Las sirvientas, con evidente semblante de disculpa mientras atendían, le susurraron a Shushu en voz baja:

― Lo sentimos mucho. Fueron demasiadas como para poder detenerlas...

― Ya déjenlo. ¿Qué poder podrían tener ustedes...? Si ni siquiera Shushu pudo detenerlas.

― ¡Vaya! ¿Quién diría que nuestra Shushu es una excelente señora para sus sirvientas? Tu hermana está muy orgullosa.

La Nanaen del día de hoy parecía estar especialmente insoportable.

La hermana Orlete dio un sorbo a su té y comentó:

― También llamé a la hermana Vivi y a Lily, pero por desgracia dijeron que no podían venir.

― ¿Y cuál es el motivo?

― Dicen que están enfermas.

― De la hermana Vivi lo entiendo, ¿pero incluso la hermana Lily?

― Sí.

― Mhm...

Nanaen dejó escapar un resoplido lleno de desconfianza.

Se añadieron más sillas a la mesa. No solo se acomodaron las princesas, sino que también terminaron sentándose sus respectivos caballeros directos.

― Ya que las cosas se han dado así, aprovechemos para que tanto las princesas como los caballeros directos nos volvamos más cercanos.

― Pero Shushu tiene alergia a los ciervos...

― Pues hoy mismo te vas a curar.

― ¡Hermana Lete...!







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