Ahora que lo pienso, recordé que Ciel se había quedado rezagado en el último lugar, permaneciendo inmóvil por un tiempo antes de recuperarse y reanudar la competencia. En aquel momento, Regen pasó cerca de él y yo le había patrocinado una poción y una espada.
― ¡Ciel, Ciel! ¡Tú también da las gracias
rápido!
Ciel inclinó la cabeza con educación:
― Le estoy muy agradecido, Sir Regen. Si
no me hubiera curado en ese momento, habría muerto desangrado o no habría
podido llegar a la meta dentro de ese mismo día. Según los precedentes de los
concursos que celebraron los príncipes, al final habría quedado descalificado.
Sir Regen y su Alteza, la Princesa del Palacio de Pájaro Plateado, son los
benefactores que han salvado mi vida ya en dos ocasiones.
― No es nada.
Incluso después de eso, la palabra “gracias”
se repitió unas cinco veces más. Pensé que con esto ya era suficiente, pero al
parecer esa también era una idea que solo corría por mi cuenta. Shushu
continuaba parloteando sin parar, sentada aún más pegada a Regen que antes.
― Preparé esto con las cosas que le
gustan a Shushu, pero no sé si serán de tu agrado. ¿Hay algo que no comas?
― No, ninguna cosa.
― ¡Qué alivio! ¿Quieres probar primero
este pastel de miel? Lo hizo mi sirvienta y está verdaderamente delicioso. A
Shushu le encanta y solo se lo ofrece a los invitados especiales. ― Agradezco
su amabilidad.
― Prueba también estos macarons y
dacquoises. Otra sirvienta fue desde muy temprano por la mañana a comprarlos a
una pastelería famosa de la capital imperial. ¿Qué tal el sabor?
― Sí. Está delicioso.
Aunque sus respuestas eran cortas, la
expresión y el tono de voz de Regen hacia Shushu eran sumamente suaves.
Incluso, como si se fuera acostumbrando a la conversación a medida que pasaba
el tiempo, las reacciones de Regen mejoraron y sus respuestas se volvieron más
largas.
― ¡Y este es el postre favorito de
Shushu!
― Es un pudín.
― ¡Sí! Muchos dicen que es algo muy
modesto para una princesa, pero no me importa. A Shushu es lo que más le gusta.
El sirope de caramelo que lleva encima es idéntico al color del cabello de
Shushu y es muy dulce, ¿verdad? ¿Y Sir Regen? ¿Te gusta el pudín?
― Recuerdo que solía comerlo a menudo
cuando era niño.
― ¿Entonces no lo has vuelto a comer
desde que eres adulto? Shushu no podría vivir ni un solo día sin pudín. Debe
estar riquísimo si lo comes después de tanto tiempo. ¡Anda, pruébalo rápido!
¿Qué tal? ¿Está rico? ¿Está dulce?
― El solo hecho de haberme invitado ya es
un honor, pero dado que se ha tomado tantas atenciones, es imposible que no me
sepa dulce.
Por un momento dudé de mis propios oídos.
¿Acaso él sabía decir ese tipo de cosas a otras personas? ¿De verdad este era
el Regen que yo conocía?
― Jeje, me alegra que lo comas con tanto
gusto. ¿Qué tal el té negro?
― Su aroma suave y dulce me parece
similar al de su Alteza.
“¿De verdad es Regen?”
― ¡Vaya! ¿En serio? ¡A decir verdad, es
una mezcla que Shushu hizo en persona! ¡Estoy realmente feliz!
Shushu juntaba ambas manos contra el
pecho, rebosante de alegría. Y Regen la observaba mientras le dedicaba una
afectuosa sonrisa.
Era una escena sumamente social y
armoniosa. Sin embargo, el estado de ánimo con el que yo contemplaba aquello,
para ser sincera...
“¿Por qué me siento tan mal?”
La actitud con la que Regen trataba a Shushu
era de lo más natural. Bien pensado, dado que hasta hace apenas medio año él
era un príncipe amado por todo el mundo, resulta comprensible que posea modales
sociales y elocuencia. Sin embargo, a mis ojos, su comportamiento hacia Shushu
iba mucho más allá de la simple cortesía.
El concepto ideal que yo tenía de lo que
debía ser un hermano mayor correspondía exactamente a la figura que él mostraba
en este momento.
El estar dispuesto a adaptarse, por el
bien de una hermana menor, incluso a cosas que no son de su propio agrado. El
sonreír sin darse cuenta porque todo lo que hace su hermana menor le resulta
tierno y adorable.
Lo que más me inquietaba era la sonrisa
que se dibujaba en las comisuras de los labios de Regen. ¿Acaso yo había
logrado alguna vez que él mostrara una sonrisa tan natural y cómoda? Creo que
no. Después de todo, él y yo siempre habíamos mantenido una relación en la que
nos tratábamos con cautela.
“¿Por qué se han vuelto tan cercanos en
tan poco tiempo?”.
Siento como si mis seis meses compartidos
con Regen hubieran sido alcanzados y superados por Shushu en un solo instante.
Ahora que lo pienso, Regen tampoco había
mostrado interés en las otras princesas durante el primer concurso, pero se
había quedado mirando a Shushu por un largo rato. Es comprensible; si tu tipo
ideal es alguien tierno, hasta yo me quedaría mirando. ¿Cómo podría alguien
mostrarse indiferente ante una princesa tan linda a la que le sientan tan bien
las coletas, los lazos grandes y los zapatos Mary Jane de punta redonda?
Lo entiendo. Puedo entenderlo.
“Debería... entenderlo”.
“Pero, de todos modos, me siento fatal”.
El hecho de que mi estado de ánimo se
deprima por una insignificancia como esta debe ser porque tengo mal carácter.
Por poner un ejemplo, Ciel, a diferencia de mí, contemplaba con una mirada de
total satisfacción cómo Shushu atendía a su invitada.
― Su Alteza, la Princesa del Palacio Pájaro
Plateado, su taza está vacía. Permítame servirle más.
Solo cuando escuché las palabras de Ciel
me percaté de que me había quedado aferrada a una taza vacía. Con razón sentía
la garganta seca por más que me la llevara a los labios.
Por alguna razón, Regen se volvió a
mirarme con los ojos ligeramente abiertos por la sorpresa. Como yo no había
dejado de observarlo, nuestras miradas inevitablemente se cruzaron. Debí haber
actuado como si nada pasara, pero terminé desviando la vista de forma
instintiva.
En ese momento, Shushu le llamó la
atención a Ciel:
― ¿Qué estás haciendo, Ciel? Tú también
debes atender con el mayor de los esmeros a la hermana Sasha, tal como lo hace
Shushu.
― ¡Ah, sí!
― No te limites a responder, dale de
comer un macaron en la boca. Tal como lo haces conmigo.
― ¿Perdone? ¿Cómo con su Alteza? E-eso es
un poco...
― ¿Por qué? Si a Shushu siempre le das de
comer en la boca con tus propias manos. A mí me encanta, ¡así que a mi hermana
también le gustará!
Supongo que una risa irónica sigue
contando como una sonrisa. Dejé escapar una risotada ante lo absurdo de la
situación, lo cual ayudó a disipar un poco el ambiente sombrío que me embargaba
hasta hace un momento.
― E-esto... verit... su Alteza, la
Princesa del Palacio Pájaro Plateado... ¿De-desea probarlo...?
El joven caballero de cabello rubio
albaricoque me ofrecía un macaron con las manos temblorosas. Parecía no estar
seguro de si debía cumplir o no con la orden de su señora.
Me volví hacia Regen.
En el rostro de Regen, que mantenía la
mirada fija en mí, no quedaba ni el más mínimo rastro de la sonrisa que le
había mostrado a Shushu hace unos instantes. Por lo tanto, tomé una decisión.
Recibí el macaron que me ofrecía Ciel directamente
con la boca. Cubriéndome los labios con la mano, me tragué el resto del postre
y dije:
― Está delicioso.
― Gra-gra-gracias.
― Soy yo quien debe dar las gracias. He
recibido un trato de lo más hospitalario.
― Sí, sí...
Por alguna razón, sentí que le había
hecho una mala jugada a Ciel. Con la intención de disculparme, le serví yo
misma más té en su taza.
De repente, sentí una mirada punzante
sobre mi mejilla.
― ¿Tienes algo que decir?
―... No, nada.
Por algún motivo, una corriente gélida
comenzó a circular entre él y yo.
― ¿He-hermana? ¿Sir Regen?
Shushu y Ciel nos miraban con cautela,
intentando leer el ambiente, cuando de pronto la puerta se abrió de par en par.
Unas personas completamente inesperadas irrumpieron en el salón de recibir.
― ¡Ya estoy aquí!
― Yo también he venido.
La hermana Orlete y Nanaen entraron a la
fuerza, sin pedir permiso, y se sentaron tras arrebatarles los asientos a Regen
y a Ciel.
Shushu se horrorizó en cuanto vio a
Nanaen.
― ¡Iiiik! ¡No las he invitado! ¿Por qué
han venido?
― Vinimos pensando que se estaba
celebrando la Segunda Fiesta de Té Regular de Princesas.
― ¡Pues claro que no!
― Vaya, resulta que no era eso. Pero ya
que estamos aquí, no nos vas a echar a patadas en la puerta, ¿verdad? Danos té.
― ¡Iiiik...!
No solo se trataba de Nanaen, sino que
incluso la hermana Orlete se encontraba presente. Puesto que no podía cometer
una falta de respeto contra sus hermanas mayores, Shushu recibió a las
invitadas mientras temblaba de pura frustración.
Las sirvientas, con evidente semblante de
disculpa mientras atendían, le susurraron a Shushu en voz baja:
― Lo sentimos mucho. Fueron demasiadas
como para poder detenerlas...
― Ya déjenlo. ¿Qué poder podrían tener
ustedes...? Si ni siquiera Shushu pudo detenerlas.
― ¡Vaya! ¿Quién diría que nuestra Shushu
es una excelente señora para sus sirvientas? Tu hermana está muy orgullosa.
La Nanaen del día de hoy parecía estar
especialmente insoportable.
La hermana Orlete dio un sorbo a su té y
comentó:
― También llamé a la hermana Vivi y a Lily,
pero por desgracia dijeron que no podían venir.
― ¿Y cuál es el motivo?
― Dicen que están enfermas.
― De la hermana Vivi lo entiendo, ¿pero
incluso la hermana Lily?
― Sí.
― Mhm...
Nanaen dejó escapar un resoplido lleno de
desconfianza.
Se añadieron más sillas a la mesa. No
solo se acomodaron las princesas, sino que también terminaron sentándose sus respectivos
caballeros directos.
― Ya que las cosas se han dado así,
aprovechemos para que tanto las princesas como los caballeros directos nos
volvamos más cercanos.
― Pero Shushu tiene alergia a los ciervos...
― Pues hoy mismo te vas a curar.
― ¡Hermana Lete...!

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