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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 79

 


Los ojos de Regen reconocieron a Sasha al instante, incluso entre la multitud. Entre las innumerables personas vestidas como flores en pleno apogeo, la belleza de la Princesa imperial era incomparable. Llevaba un vestido de satén blanco reluciente con bordados en azul profundo, y su cabello de oro blanco estaba recogido en una coleta alta adornada con un lazo del mismo azul. Debido a la combinación del blanco níveo y el azul lapislázuli, la Sasha de hoy parecía una hermosa pieza de porcelana fina.

Temiendo que ella se molestara si se acercaba, Regen se limitó a observarla desde lejos, en el balcón del piso superior. Ella no soltaba la copa de su mano; parecía bastante ebria, con las mejillas sonrojadas y la mirada ligeramente perdida. Hombres oportunistas se le acercaban, aprovechando que sus defensas estaban bajas, algo impensable en ella habitualmente. Para Regen, era una visión exasperante.

Además, el aura de Sasha hoy parecía extraña. Sus gestos suaves y su mirada lánguida resultaban excesivamente provocativos. Aunque ella ignoraba por completo a los hombres y no les prestaba atención, a los ojos de Regen, cada movimiento de Sasha parecía una seducción.

― Ah...

De pronto, se dio cuenta. No era un problema de Sasha. No era que ella estuviera seduciendo a nadie; era el propio Regen quien se sentía irremediablemente arrastrado por cada uno de sus gestos insignificantes.

―....

Un suspiro escapó de sus labios ante aquel descubrimiento tardío. Esta vez, ni siquiera tenía ganas de culpar al “vínculo”. El deseo que lo dominaba últimamente era demasiado rudo para ser lealtad y demasiado oscuro para ser mera admiración. Por mucho que el vínculo manipulara sus sentimientos para someterlo a Sasha, la emoción actual nacía, en gran medida, de su propio interior. Por lo tanto, aunque fuera defectuoso, era su propio sentimiento.

Mientras se pasaba la mano seca por el rostro, vio a Dominic acercándose a Sasha con intenciones dudosas. Regen no pudo aguantar más y se dirigió hacia donde ella estaba. El camino era largo: tenía que bajar un piso, recorrer el corredor y cruzar al lado opuesto. Por suerte, logró encontrarse con Sasha antes de llegar a su destino.

―....

―....

En el proceso de sostener a una Sasha que se tambaleaba, terminó abrazándola. En los ojos azul cielo que lo miraban, la bruma de la embriaguez se disipó para dar paso a un brillo peculiar. Regen se preparó para lo peor. Podría soportar que ella frunciera el ceño, lo rechazara o se mostrara fastidiada. Sin embargo, su preparación mental no fue suficiente para lo que vino después.

― Ah, es Regen. ¿Por qué tardaste tanto en venir?

Ante aquel rostro que le sonreía con dulzura, su corazón estuvo a punto de romperle las costillas.

“Está borracha. Cuando se emborracha y baja la guardia, pone esa sonrisa que vuelve loco a cualquiera”.

― ¿Sonrió así también frente a Dominic?

― ¿Qué?

― No, olvídelo. Venga aquí, Su Alteza.

Tras ayudarla a ponerse de pie derecha, la tomó de la mano y la guio. Salieron al exterior para dejar atrás el ambiente húmedo y viciado del salón de baile y respirar el aire puro de la noche en el jardín. Regen hizo que ella se sentara en un banco solitario cerca de la fuente y se quedó de pie a su lado, escoltándola.

Sasha parecía estar bien a simple vista, pero era solo una apariencia.

― Regen.

― Dígame.

― Háblame de manera informal.

―.... No puedo hacer eso.

― Estás borracho, ¿no podrías intentarlo al menos una vez?

― La que está borracha es usted, Su Alteza.

― Es cierto.

Parecía realmente muy ebria. Aun en ese estado, el intentar analizarse objetivamente era algo muy propio de ella.

― ¿Por qué habré bebido tanto? Yo no suelo beber así.

― Probablemente...

― ¿Probablemente?

―.... Sea porque estaba enfadada conmigo.

― Ah...

Fue un suspiro bajo, como si recordara algo. Sin embargo, Sasha no estuvo de acuerdo.

― No lo creo.

― ¿Cómo qué no?

― Nunca he estado enfadada con Regen. No era enfado, era tristeza. Lo que sentía era desconsuelo.

―.....

Regen contuvo el aliento por un momento. Habría preferido que ella estuviera enfadada. ¿Quién era él para causar semejante tristeza a la princesa imperial?

― Hay mucho ruido aquí. El sonido de la música me molesta.

Sasha, quejándose del sonido de la orquesta que llegaba desde el salón, se levantó del banco y volvió a tambalearse. Uno de los tacones de sus zapatos se dobló por completo, rompiéndose. Regen la hizo sentarse de nuevo y se agachó frente a ella. Con manos cuidadosas, le quitó el zapato y examinó su tobillo dándole un ligero masaje.

Al observar esa escena, Sasha se sonrojó y tomó aire sutilmente.

― ¿Le duele?

― Me da vergüenza.

―.... No parece que se haya lastimado.

― Aun así, no puedo caminar.

― ¿Quiere que la lleve a cuestas?

― Supongo que tendré que hacerlo. Regen podría ir a buscar zapatos nuevos, pero si me dejas sola, podría causar algún problema. Y no es una amenaza.

― Entiendo.

Se llegó a un acuerdo razonable y fluido, aunque con una lógica algo dispersa por el alcohol. Cuando Regen le dio la espalda, Sasha lo rodeó firmemente por el cuello. Se apoyó contra él con fuerza, frotando su mejilla como si hundiera el rostro en una almohada.

― ¿A dónde quiere ir?

― A cualquier parte.

― Entendido.

Regen encaminó sus pasos en dirección opuesta al palacio principal. Cada vez que el suave sonido de su respiración rozaba su oído y su nuca, tenía que soportar un cosquilleo que despertaba en él un sinfín de sensaciones.

― Sasha.

― Dime...

Su respuesta fue dócil, con una voz lánguida y soñolienta. Entre la embriaguez y el sueño, ella estaba completamente desarmada; era el momento perfecto para preguntar.

― ¿Por qué se sintió desconsolada por mi culpa? No entiendo qué parte de mis actos la hirió tanto.

― Qué bien... Porque prefiero que no lo sepas.

Regen no se dio por vencido. La acomodó en su espalda con un movimiento firme y preguntó directamente:

― ¿Tan poco le gusto?

― No. Regen, eres maravilloso.

― Entonces, ¿por qué le duele tanto que le pida compartir el lecho?

― Eso es porque...

La voz de Sasha se fue apagando. Regen aguzó todos sus sentidos para escucharla.

―.... Porque ambos terminaríamos siendo miserables.

Él solo pudo entender la mitad. Que él, como su caballero directo, se sintiera miserable por orgullo era comprensible, pero ¿por qué la princesa, su señora, tendría que sentirse así?

― Aceptémoslo en mi caso, pero ¿por qué usted, Sasha?

― Eso es...

Sasha abrió la boca por inercia. Justo cuando una respuesta sincera estaba a punto de brotar, recobró el sentido de golpe.

― Ah, este lugar...

Levantó la cabeza y miró a su alrededor. Se escuchó el chapoteo de un pez saltando en el agua y el aroma intenso de las flores que crecían junto a la orilla. Estaban sobre el Puente del Juramento. Al darse cuenta de que era un lugar donde era imposible mentir, comenzó a removerse en la espalda de Regen.

― Bájame.

― Respóndame, por favor.

― No quiero. Bájame. Si no me bajas...

― ¿Va a darme una orden?

―.... Te odiaré.

―.....

Regen nunca había sido herido por una daga tan efectiva como esa. De repente, la respuesta dejó de importarle. La bajó de inmediato y la estrechó entre sus brazos. Era un abrazo que, más que consolar, parecía tener la intención de impedir que escapara.

― He sido yo quien se ha equivocado en todo, así que, por favor, no me odie.

― Todavía no te odio.

― Ni “todavía” ni nunca; no se lo permito.

― Está bien. Me esforzaré.

A Regen le pesó un poco que ella tuviera que “esforzarse” para no odiarlo, pero finalmente la soltó de su abrazo.

― Se me ha pasado un poco la borrachera.

Sasha rompió sin piedad el tacón del zapato que le quedaba y comenzó a caminar con firmeza por su cuenta. Regen sintió una extraña mezcla de emociones al darse cuenta de dos cosas a la vez: que ella no necesitaba su espalda desde un principio y que, a pesar de ello, había accedido a que la cargara.

Solo cuando se alejaron del Puente del Juramento, ella pareció aliviada y redujo la velocidad de sus pasos.

― Sasha.

Ante el llamado de Regen, ella se dio la vuelta. Sus miradas se entrelazaron de forma directa. Sintió que había pasado una eternidad desde la última vez que se miraron a los ojos de frente, sin esquivarse.

Regen se acercó a ella y se detuvo. Fingiendo que le acomodaba el flequillo alborotado, acarició su rostro con cautela. Al confirmar que ella no rechazaba su toque, finalmente habló:

― Lo siento. He sido un cobarde.


 







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