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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 83

 


Parecía que él también había pensado en el contacto físico. Evité su mirada fingiendo que me concentraba en redactar la lista.

Tras terminar las tareas pendientes, nos sentamos todos juntos alrededor de la mesa para compartir un pastel red velvet repleto de arándanos y frambuesas.

Demia me sirvió de beber en la taza mientras decía:

― Ya casi es el Festival de la Fundación.

A mediados de junio, en pleno apogeo de la temporada en que las rosas florecen por doquier, se celebra el Festival de la Fundación del Reino. Durante esos tres días, la capital imperial se llena de fiestas deslumbrantes donde se pueden ver mercados nocturnos, acrobacias, fuegos artificiales y el desfile del Emperador Loco.

― No irán a celebrar un concurso también durante el Festival de la Fundación, ¿verdad?

― No ha pasado mucho tiempo desde el último concurso, así que la probabilidad parece baja...

Tranquilicé a los miembros de mis aposentos basándome en los informes recientes de Hamel.

― Solo quedan dos semanas para el Festival de la Fundación. Hasta ahora, el Marqués de Osbond no ha mostrado indicios de estar preparando nada.

― Qué alivio. Si estuvieran planeando un concurso, ya se habrían puesto en marcha desde hace tiempo.

― Así es, por lo tanto, ustedes también vayan a disfrutar del festival con la mente tranquila. ― ¡Ah! No lo decía con esa intención...

― Por supuesto que lo sé. Lo mencioné ya que salió el tema.

Salir durante el período del Festival de la Fundación era algo emocionante. No tenía intenciones de arrebatarles esa alegría a las sirvientas. Sin embargo, había algo que quería advertirles.

― Últimamente la seguridad en la capital imperial no es muy buena, así que tengan cuidado. ― ¿Es como para preocuparse tanto?

― Me informaron que el crimen está en auge. Al parecer, no solo las estafas y los robos son comunes, sino también los asesinatos.

Con los gobernantes sumidos únicamente en placeres estimulantes, era imposible que los asuntos internos marcharan bien. Aunque resultara descarado decirlo viniendo del país que provocó la guerra, el Emperador Loco tampoco era un monarca muy beneficioso para el imperio. La guerra solo había engordado los bolsillos de la clase privilegiada, mientras que el bienestar del pueblo se encontraba en un estado de total abandono.

― El mayor problema es que están apareciendo crímenes atroces que imitan los métodos del Marqués de Osbond, uno tras otro. El palacio imperial está corrompiendo la moralidad de todo el imperio.

¿Cuál sería el final de un país corrupto y depravado? Quizás el castigo divino de la Diosa llegue más rápido que una rebelión humana.

Un golpe en la puerta interrumpió la lúgubre conversación.

Hice salir a Demia y ella regresó con una expresión compungida, trayendo consigo a un visitante inesperado.

― Mis saludos a su Alteza, la Princesa del Palacio Pájaro Plateado.

Un caballero de mediana edad, con el flequillo perfectamente peinado hacia atrás y un mechón blanco que contrastaba como un rayo de luz, me mostró sus respetos.

― Jefe de sirvientas, ¿cuál es el motivo de tu visita?

― Su Majestad el Emperador ha convocado a las Princesas. Por favor, prepárense y preséntense en la sala de audiencias dentro de una hora.

― Es muy repentino.

― No se ponga nerviosa. Las ha llamado por un buen motivo.

¿Acaso no habían sido ya demasiadas las veces en que algo “bueno” para el Emperador Loco resultaba ser algo terrible para una persona normal?

Como era de esperarse, la frase que añadió el jefe de sirvientas me puso tensa de inmediato:

― Es un asunto relacionado con sus caballeros directos.

 

***

Sasha, habiéndose terminado de arreglar dentro del tiempo otorgado, llegó a la sala de audiencias junto a Regen.

Los dos caballeros de la guardia real que custodiaban la entrada abrieron de par en par las enormes puertas arqueadas desde ambos lados. En el interior, un sirviente miró de reojo el rostro de Sasha y anunció con voz potente:

― Su Alteza, la Princesa Rosassia Trinite Magnalord, cuarta en la línea de sucesión al trono, hace su entrada junto a su caballero de la guardia directa, Sir Regen.

Al ingresar a la sala de audiencias, los caballeros de la guardia real apostados a ambos lados mostraron sus respetos de manera informal llevando el puño de su mano derecha hacia el lado izquierdo del pecho. Era una postura respetuosa, pero el estado de ánimo de Sasha no difería en absoluto del de alguien que camina por su propio pie hacia el centro de un cerco enemigo.

Ella bajó la mirada sutilmente hacia la alfombra roja del suelo. Pensó que, incluso si su propia sangre fuera derramada allí, ni siquiera se notaría. En ese momento, Regen apretó ligeramente la punta de los dedos de Sasha, a quien venía escoltando.

― Sasha, ¿lo recuerda?

― ¿El qué?

Al igual que Regen, Sasha tampoco giró la cabeza y continuó mirando al frente mientras esperaba que él continuara.

― Tres pasos a la derecha.

―.....

― Si permanece dentro de ese espacio, podré protegerla incluso si todos los presentes en este lugar nos atacaran a la vez.

Para ocultar el repentino vuelco que dio su corazón, Sasha abrió los labios fingiendo un tono de reproche:

― No te confíes tanto solo porque Dominic no está aquí.

― Es una lástima que me subestime de esa manera.

― ¿Pero por qué me dices eso de repente?

La voz de Regen se volvió un tono más baja.

― Huele a sangre.

―.....

― Y parece que no fue solo de una o dos personas.

Los hombros de Sasha se estremecieron. Significaba que una ejecución que rayaba en la masacre había tenido lugar en esa misma sala de audiencias. Por alguna razón, sintió que la alfombra roja que pisaba con sus tacones estaba pastosa. Como si la sangre estuviera brotando de ella.

El trono imperial sobre la plataforma se encontraba vacío. Mientras esperaban al Emperador Loco, quien aún no había llegado, el jefe de sirvientes asignó las posiciones a las princesas, incluida Sasha.

Seis sillas estaban dispuestas de tres en tres, frente a frente, con la alfombra de por medio. Sasha se sentó en el asiento que correspondía a su orden de sucesión, y a su lado, Regen permaneció de pie con una postura impecable para custodiarla.

Las otras cinco princesas y sus caballeros directos también fueron llegando una tras otra.

Vivian y Bellinger. Orlete y Noah. Liliana y Julius. Rosassia y Regen. Nanaen y Killian. Shushu y Ciel.

Todas se sentaron en sus lugares asignados, reemplazando los saludos con un cruce de miradas. El ambiente de la sala de audiencias, repleta de caballeros de la guardia real armados, era excesivamente pesado.

― ¡Gloria eterna al reinado del Gran Emperador! ¡Muestren sus respetos ante su Majestad, el grandioso Emperador del Imperio Magnalord!

El Emperador Loco, Axelion, hizo su aparición liderando a sus caballeros más cercanos, incluido Dominic. Las princesas, mientras el Emperador Loco se dirigía hacia su trono permanecieron de pie en sus lugares e inclinaron la cintura hasta que el Emperador Loco se sentó.

Aunque sus posturas eran sumamente dóciles, algunas de las princesas levantaron la mirada para fulminar con los ojos al Emperador Loco. Sasha, por su parte, también se imaginó a sí misma arrancando a su padre del trono imperial.

Una vez que todos se hubieron sentado, el Emperador Loco abrió los labios con un tono cargado de pura diversión:

― Hijas mías, ¿qué les ha parecido la experiencia de haber superado ya dos concursos?

Dado que aquello no difería en absoluto de torturar a alguien y luego preguntarle por la intensidad del dolor, era imposible que obtuviera una respuesta. El Emperador Loco disfrutó al máximo de la profunda sensación de humillación que impregnaba el silencio de las princesas y sonrió con evidente satisfacción.

― En su fuero interno, ya habrán hecho una evaluación intermedia. Puesto que han comprobado las capacidades de sus caballeros directos, es probable que ya imaginen, hasta cierto punto, el resultado de los concursos restantes. Algunas estarán tranquilas ante su alta probabilidad de victoria, mientras que otras ya se habrán rendido debido a sus bajas posibilidades. Sin embargo, no tendría ninguna gracia que el resultado fuera tan predecible, ¿no creen? Por eso, yo mismo he preparado algo.

Las puertas de la sala de audiencias volvieron a abrirse de par en par y decenas de hombres ingresaron al lugar. Aunque vestían de forma impecable, sus manos y pies estaban confinados por esposas y grilletes.

― Son caballeros que fueron capturados como prisioneros en el frente sur. Si desean cambiar al caballero que poseen actualmente por uno nuevo, tienen mi autorización para hacerlo.

― ¡...!

Utilizó un tono de voz tan ligero como si en un juego de cartas les propusiera descartar una mano vieja para tomar una nueva.

La orden de cambiar a un caballero directo implicaba mucho más que una simple destitución y un nuevo nombramiento, ya que significaba anular el sello del caballero actual para grabar un nuevo sello en el siguiente. Era un acto de atar y desatar las almas. No era una decisión que pudiera tomarse a la ligera. Además, más allá del aspecto emocional, existía un problema muy real.

Sasha, manteniendo un rostro inexpresivo, interrogó al Emperador Loco:

― Si llegamos a recibir a un nuevo caballero directo, ¿qué sucederá con el caballero directo anterior?

― Como ya no tendría utilidad, habrá que deshacerse de él.

Desde algún rincón de la sala se escuchó un fuerte suspiro ahogado.

Si el sello llegaba a ser anulado, para el caballero directo significaba, en términos prácticos, ser desechado. Dado que ellos provenían originalmente de las filas de prisioneros de guerra y desde un principio habían sido tratados como esclavos o propiedades de las princesas, no se podía esperar ningún tipo de trato humano.

Una sombra se proyectó en los rostros de algunas princesas y sus respectivos caballeros directos. Noah, con una expresión amarga, se volvió hacia Orlete:

― Alteza...

― Quédate quieto.

― Pero...

― Te he dicho que te quedes quieto.

Orlete habló con la mirada fija en el vacío, sin siquiera volverse a mirar a Noah. Sin embargo, desde la posición de quien le había entregado su lealtad y profundo respeto a Orlete, Noah no podía detener sus sugerencias, por mucho que aquella conversación fuera en su propio detrimento.

― Yo estaré bien. Piense primero en su Alteza.

― Hoy estás especialmente desobediente. ¿Acaso piensas hacer que te repita la misma orden por tercera vez?

― Usted ya lo sabe. Yo... no soy la mejor opción para su Alteza.

La voz de Noah se quebró ligeramente, al borde del llanto. Olvidando por completo que se encontraba ante la presencia del Emperador Loco, Orlete se volvió bruscamente hacia él y soltó las palabras entre dientes:

― ¿Y qué si no eres la mejor opción?

― ¿Alteza...?

― ¿Acaso por eso tengo yo que ser tu peor opción?


 






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