Ir al contenido principal

Únete a Discord

Canal de Audio Libros

Mi esposo es mi personaje favorito, pero creo que me voy a divorciar - CAPÍTULO 9

 

Evitando su mirada ferviente, ladeé la cabeza.

— Confío en que mi padre elegirá bien por su cuenta, pero, aun así, una familia que esté muy por debajo de nuestro estatus...

— Evgenia.

Mientras yo titubeaba, sintiéndome extrañamente cohibida, el duque pronunció de repente mi nombre.

— No hay necesidad de que digas eso. Sin importar lo que digan los demás, tú eres la joven dama de la Casa Basilian.

—... ¿Verdad?

Ante aquella obviedad, miré al duque. Él carraspeó antes de continuar:

— El orgullo de la familia está en juego. Lo que quiero decir es que jamás elegiría a alguien que no esté a la altura de tu nivel.

Dado que antes había aspirado a ser la princesa heredera, parecía que mi intención de convertirme, como mínimo, en la esposa de un duque se había transmitido con claridad.

— Sí, es verdad. Mientras el estatus sea el adecuado, la fortuna no importa tanto. Después de todo, usted se encargará de darme una dote y un ajuar más que generosos para que no pase ninguna dificultad, ¿cierto?

Sin embargo, para dejarlo todavía más claro y asentado —y de paso, para sacarle un poco más de dinero si era posible—, añadí aquellas palabras.

Para empezar, el solo hecho de haber poseído el cuerpo de la joven dama Basilian, la más rica del imperio, en lugar de una dama noble cualquiera o una sirvienta, demostraba que mi buena fortuna financiera seguía rindiendo frutos en este mundo. Pero por si acaso, decidí asegurar el terreno.

Tras recibir el ataque de mi mirada centelleante, el duque asintió con la cabeza:

— A-Así es.

Aunque ya sabía por la novela lo extraordinaria que era la dote y los regalos de boda de Evgenia, me sentí satisfecha al obtener su confirmación una vez más.

Aun así, mantuve una sonrisa lúgubre en el rostro de cara al exterior. Y dado que ya había dicho lo que tenía preparado y escuchado la respuesta que deseaba, me dispuse a darme la vuelta para salir del despacho. Sin embargo, mis pies no se movieron. De manera extraña, sentí el impulso de decir algo más.

En cuanto la mirada desconcertada del duque se posó en mí, mi boca reaccionó por reflejo:

— Reconozco que me he comportado de forma caprichosa todo este tiempo.

— Evgenia...

— También fui muy desagradable con la familia.

Al ver al duque observándome con una expresión difícil de describir, el peso que me había estado abrumando todo el tiempo —y la conciencia que me había forzado a ignorar— finalmente salieron a la luz.

— Eso ya no volverá a suceder.

Porque por más problemas que causara, la Evgenia a la que ustedes tanto querían y por la que se preocupaban ya no existe. Aunque podía pedir disculpas en su lugar, no tenía el valor suficiente para revelar esa verdad. Cobarde como era, me giré abruptamente para salir huyendo del despacho. En ese preciso instante...

— ¿Eh...?

La cabeza me dio vueltas por completo y mi cuerpo se inclinó hacia un lado.

— ¿Evgenia?

— ¡E-Evgenia!

— ¡El médico real! ¡Llamen al médico de inmediato! ¡Evgenia...!

Tras el colapso de Evgenia.

 

***

Los sirvientes que descubrieron al duque abriendo de par en par la puerta del despacho en busca del médico real experimentaron una intensa sensación de déjà vu, a pesar de tratarse de una escena que difícilmente se veía en la vida cotidiana. Y no era para menos, ya que hacía menos de una semana se había producido una situación sumamente similar.

La única diferencia, en todo caso, era que esta vez Evgenia había perdido el conocimiento de manera pacífica, y...

— ¡Señor, pero si la señorita está ardiendo en fiebre! ¡¿Cómo se le ocurre llamarla y hacer que se quede de pie en ese estado sin siquiera saber cómo se sentía?!

— Cállate, Alexis. Suéltala y hazte a un lado.

— ¡¿Dónde está el médico?! ¡¿Dónde diablos está el médico real?!

— Cálmese usted también, padre. El médico irá directamente a la habitación de Evgenia.

La otra diferencia era que, alrededor del duque, quien gritaba sumido en el pánico exactamente igual que la vez anterior, ahora se vislumbraban rostros nuevos. Los protagonistas de esto eran Cionel, quien cargaba a Evgenia en brazos mientras se dirigía a toda prisa hacia la habitación, y Alexis, quien lo seguía de cerca.

— De hecho, como la joven dama ya presentaba síntomas de resfriado, procedí a prescribirle un medicamento. No.… no hay necesidad de que se preocupen en exceso.

Una vez que el médico real, quien había sido convocado de urgencia a la habitación de la joven dama, ofreció su diagnóstico bajo una evidente presión, el duque finalmente se dejó caer sobre una silla al liberar la tensión. Sin embargo, acto seguido, estalló en furia y gritó:

— Pero, ¡¿Cómo es posible que una niña que lleva días sin salir de su habitación tenga un resfriado?!

Al escuchar esto, Anne y Alexis, quienes estaban al tanto de la breve salida de Evgenia, se encogieron de hombros simultáneamente. Cionel, que observaba a su hermana menor con el rostro pálido y cubierta de sudor frío, frunció el ceño.

— ¿No será que el accidente de la última vez le dejó alguna secuela?

— ¿Qué? ¡En absoluto! Como ya le informé al señor duque, solo se trató de una leve contusión en la frente. El hecho de que se desmayara en ese momento se debió simplemente a que sufrió un tremendo coraje.

Anne frunció levemente los labios ante las palabras del médico.

«¿Una leve contusión? ¡Si por culpa de ese accidente a la señorita le ocurrió algo tan espantoso como perder parte de sus recuerdos!».

Justo cuando Anne comenzaba a sospechar si el médico de la familia ducal no sería un incompetente —aunque sabía que aquello era poco probable—, el duque lo presionó, demostrando que no era la única con dudas:

— ¡Si es así, entonces explícame por qué el estado de nuestra Evgenia es un desastre!

— Bu-Bueno, me temo que se debe a que la mente y el cuerpo de la joven dama se encuentran sumamente debilitados en estos momentos...

Justo en el instante en que el médico titubeaba con un tono de voz carente de total confianza y el duque se disponía a reñirlo con el ceño fruncido...

— ¡Ay, por eso mismo le digo! ¡¿Por qué carajos se van todos de la casa cuando la niña está enferma?! Se desmaya, vuelve en sí, ¡y resulta que no hay ni un solo familiar que vaya a verla! ¿Se imagina la enorme decepción y el desamparo que debió sentir la niña? ¡Por eso no se cura ni con medicinas y se pone cada vez peor! —le gritó Alexis al duque a viva voz.

— ¡¿Qué?! ¡¿Quién sintió qué?!

¿Decepción? ¿Desamparo? Al escuchar palabras que no encajaban en lo más mínimo con la personalidad de Evgenia, el duque puso una expresión de absoluto desconcierto. Del mismo modo, justo cuando Cionel estaba a punto de intervenir ante semejante absurdo, un leve sonido llegó a sus oídos: un "Ah".

Cionel, quien no dejó pasar ese sutil murmullo, clavó la mirada en la sirvienta. Al convertirse de inmediato en el centro de atención no solo del joven duque, sino también del duque y de Alexis, Anne habló con cautela:

— La verdad es que, cuando la señorita despertó, llegó a preguntar por qué el señor duque no había venido a verla. Y cuando le respondí que usted se encontraba ausente, se quedó mirando hacia la puerta con los ojos al borde de las lágrimas.

Al escuchar aquello, el duque y Cionel contuvieron el aliento con desconcierto y, como si lo hubieran acordado de antemano, bajaron la mirada para contemplar el rostro de Evgenia.

— ¡¿Lo ven?! ¡Sabía que era por eso!

La voz triunfante de Alexis resonó con fuerza en los oídos de ambos hombres. Un prolongado silencio se instaló entre el duque Basilian y Cionel tras regresar al despacho. Quien rompió el hielo fue el duque:

— Pensar que ella... que Evgenia me estuvo buscando y que se sintió desamparada. De verdad me cuesta creerlo. Ya consideraba una fortuna el hecho de que no armara un escándalo diciendo que se quería morir como la última vez, pero esto...

Hablaba con total sinceridad. Al duque todavía se le daba un vuelco el corazón al recordar el momento en que Evgenia, tras enterarse de la existencia de la propuesta de matrimonio que la familia imperial le había enviado a Melissa, enfureció a tal grado que se estampó la cabeza contra la pared y se desplomó con la frente ensangrentada.

Durante todo el tiempo que estuvo fuera de la capital, se mantuvo recibiendo noticias de su hija; sin embargo, al escuchar que Evgenia pasaba los días sin causar mayores disturbios, su corazón se sentía más bien pesado, como si se tratara de la tensa calma antes de la tormenta.

Y en cuanto regresó a la mansión, al ver que ella le enviaba a una sirvienta, pensó para sus adentros que finalmente había llegado el momento inevitable. Se imaginó que, tal como lo había hecho hasta ahora, desataría una rabieta monumental. Por esa razón, aun sabiendo que a Evgenia le desagradaría, convocó a Cionel al despacho. Sencillamente, no se sentía con las fuerzas necesarias para presenciar una vez más cómo su hija se lastimaba frente a sus propios ojos.

Sin embargo...

— Pensar que me llamó "padre"...

Cionel no se burló del duque, quien lucía tan conmovido como un padre que escucha a su bebé balbucear su primera palabra. Después de todo, él también había experimentado una emoción bastante similar.

Desde que era una niña, Evgenia había demostrado un rechazo absoluto hacia su propia familia. A excepción de su madre, se mantuvo distanciada de su padre, de él y de su hermano menor, Alexis, tratándolos prácticamente como si fueran sus peores enemigos.

«Incluso cuando nuestra madre falleció, se contuvo firmemente hasta que se encerró a solas en su habitación para romper a llorar...».

Aunque por fuera lucía tan sereno como de costumbre, la verdad era que Cionel se había quedado bastante desconcertado ante las lágrimas de su hermana menor, y en este momento se encontraba asimilando un cúmulo de emociones complejas y ambiguas.

— Claramente me aseguraron que no tenía ningún problema de salud, pero... —murmuró el duque Basilian con un deje de sospecha, ya que la Evgenia que acababa de ver con sus propios ojos difería demasiado de la habitual.

— Debe ser una muestra de lo traumático que resultó para Evgenia el hecho de que el Príncipe Heredero le propusiera matrimonio a Melissa, —respondió Cionel.

Ante las palabras de su hijo, el duque de inmediato rechinó los dientes de la rabia contra el príncipe heredero, quien había pisoteado el orgullo de su hija. ¡Con lo sumamente orgullosa que era su Evgenia!

¿Cuánto tiempo y esfuerzo había invertido Evgenia hasta ahora persiguiendo al príncipe heredero? Por supuesto, él reconocía que la obsesión de Evgenia por el príncipe había sido desmedida, pero ¿acaso no era ella la estimada y valiosísima joven dama de una familia que figuraba entre los miembros fundadores del imperio? ¡Y que, a pesar de todo, él se hubiera atrevido a enviarle una propuesta de matrimonio a Melissa, su prima de sangre, saltándose por completo a Evgenia!

— Aunque es lamentable que Evgenia haya salido lastimada, a fin de cuentas, esto ha resultado ser para bien.

El duque asintió con la cabeza en señal de acuerdo. Le preocupaba que convencer a Evgenia fuera una tarea titánica, por lo que el hecho de que ella misma diera un paso al frente manifestando su deseo de casarse era una situación inmejorable.

— Debemos proceder con los preparativos de la boda de Evgenia de inmediato.

— ¿De inmediato... dices?

Sin embargo, a pesar de que ya había tomado la firme decisión de casar a Evgenia e incluso se había puesto manos a la obra para lograrlo, vaciló al momento de poner en marcha las negociaciones matrimoniales propiamente dichas.

— Padre, Evgenia es tan caprichosa como testaruda. En este momento se encuentra cegada por el sentimiento de traición, pero no sabemos cuándo pueda cambiar de parecer repentinamente.

— Eso es verdad, pero...

— Además, tampoco es como si no tuviéramos a un candidato ideal disponible, ¿o me equivoco?

Solo entonces el duque evocó la imagen de aquel apuesto joven, de gran estatura, silueta esbelta y apariencia afable. No había un solo error en las palabras de su hijo mayor.

— Tienes razón, debo darme prisa.

Antes de que Evgenia cambiara de parecer.

Debía concretar cuanto antes el matrimonio con un hombre que estuviera a la altura de la Casa Basilian; uno que, a pesar de la pésima reputación y los terribles rumores que rodeaban a Evgenia, jamás fuera capaz de rechazarla.




-------------------------------------------------------------------------

Yanci: si quieres saber cuando actualizo los capítulos de ésta historia únete a mi Discord, ahí notifico cuando he actualizado. 😉






Comentarios