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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 67

 

Los subordinados del marqués Osbond se movían con presteza.

Sasha acarició las 436 fichas amontonadas frente a ella con un gesto pausado y deliberado. Exhibiendo esa intención en cada movimiento, tomó la palabra:

― Patrocina también una poción para sir Regen.

― Entendido.

― Ah, por poco me olvido de la hermana Vivi y de Nana. Sería descortés no mostrar mi gratitud, ya que fingieron no darse cuenta de que la persona sentada a su lado había cambiado. Entreguen una espada y una poción a sir Bellinger, y una poción a sir Killian.

― Sí. Me encargaré de que se procese de inmediato.

― Sa... Sasha... gracias... ―balbuceó Vivi.

― No hay de qué, hermana Vivi.

― Bah, si ibas a convertirnos en cómplices a estas alturas, habérmelo propuesto a mí desde el principio... ―refunfuñó Nana.

― Nana, no te oigo bien, parece que tu agradecimiento es demasiado silencioso.

― ¡Muchas gracias, hermana Sasha!

A pesar de repartir favores con tanta generosidad, la montaña de fichas frente a Sasha seguía siendo imponente. El movimiento suave de sus manos, que no dejaba de acariciar el tesoro acumulado, parecía incitar a las demás a que, si querían algo, empezaran por ganarse su favor.

Sasha tomó una ficha y empezó a golpear la mesa con un rítmico tac, tac, atrayendo de inmediato todas las miradas. De entre todas ellas, atrapó la de Gwendoline y la sostuvo con fijeza.

― Es tu última oportunidad. Dime qué veneno le diste a sir Regen.

Gwendoline giró la cabeza, evitando su mirada.

― Así que vas a seguir con esa actitud hasta el final, ¿eh?

La voz de Sasha sonó tan gélida como el frío estancado en lo más profundo del océano.

― Marqués Osbond.

― Dígame, Su Alteza la Princesa Pájaro Plateado.

― Deseo realizar un patrocinio. Envíe el veneno mortal de la víbora del desierto rojo a sir Heinz, vinculado al emblema de Luna Nueva.

― ¡N-no... no lo hagas...!

Un grito agudo rasgó el aire al mismo tiempo que una silla caía al suelo con estrépito. Gwendoline, como si su anterior actitud evasiva hubiera sido un espejismo, se abalanzó desesperadamente hacia donde estaba Sasha.

― ¡No lo hagas! ¡Por favor, retira esa orden! ¡Sasha! ¡Rosassia, por favor!

Un caballero directo entrega su lealtad absoluta a su señor. Si se enviaba el emblema junto con el regalo, sin importar cuál fuera el contenido, el fiel Heinz lo aceptaría sin dudar, creyendo que era la voluntad de la Princesa Luna Nueva.

Incluso si se trataba de un veneno mortal.

Las demás princesas no se atrevieron a tachar a Sasha de cruel. ¿Qué habrían hecho ellas en su lugar? La única diferencia era que ellas no podían; de haber tenido el poder de Sasha, ninguna habría dudado en actuar igual.

De hecho, se podría decir que Sasha había sido muy paciente hasta ahora. O, mejor dicho, seguía siéndolo incluso en este momento.

―.......

Sasha ignoró las súplicas de Gwendoline, manteniendo la mirada fija en el vacío frente a ella. Sus ojos, que ni siquiera parpadeaban, daban la impresión de que su razón y su paciencia estaban a punto de romperse en cualquier segundo.

Finalmente, Gwendoline comprendió que solo había una forma de hacer que Sasha cambiara de opinión.

― ¡Lo-lo diré! ¡Te lo diré!

En cuanto Sasha dirigió una breve mirada al marqués Osbond, los sirvientes se detuvieron en seco.

― Dilo. Hazlo antes de que se me agote la paciencia.

―.......

― ¡Rápido!

Gwendoline, con los hombros estremecidos por el pánico, confesó:

― Es... es el veneno de las espinas del pantano negro...

― ¡El antídoto! ―gritó Sasha de inmediato.

Respiró hondo, tratando de estabilizarse. Su voz, al completar la orden, apenas lograba sonar calmada:

― Lleven el antídoto a sir Regen. Y también... este anillo.

Se quitó el anillo con el sello de la rosa que llevaba en el pulgar izquierdo y se lo entregó al sirviente. Ver cómo se movían con absoluta disciplina y rapidez le devolvió, por fin, la paz.

“Lo salvé”.

Aunque ya estaba sentada en su silla, Sasha sintió como si sus fuerzas se desvanecieran y su cuerpo se desplomara. La sensación de que toda la tensión acumulada la abandonaba de golpe fue casi como si su propia alma se estuviera escapando.

Solo en ese momento, Sasha fue consciente de la figura de Gwendoline, desplomada en el suelo y bañada en lágrimas.

― En lugar del veneno, patrocina una poción para sir Heinz.

― Me temo que eso no será posible, Su Alteza la Princesa Pájaro Plateado.

― ¿Qué?

Ante esa inesperada negativa, el aire del pabellón se volvió gélido. Sin embargo, la insubordinación del marqués Osbond tenía una razón de peso.

El marqués fingió una expresión de lástima. Su mirada se dirigió hacia Gwendoline, quien lo observaba estupefacta, con las lágrimas secas en su rostro.

― Sir Heinz ha fallecido.

 

***

― Que descanses en paz.

Regen, tras cerrarle los ojos a Heinz, se puso en pie y se dio la vuelta. Mientras lo hacía, comenzó a rememorar lo que acababa de suceder hace apenas unos instantes.

Lo que vio Regen al llegar al centro del puente fue a Heinz, apoyado de espaldas contra la barandilla de piedra. El suelo a su alrededor ya estaba cubierto por un charco de sangre tan denso que era evidente que al caballero no le quedaba mucho tiempo.

Regen identificó de inmediato el origen de las heridas.

― Sir Heinz... te has provocado esas heridas tú mismo.

― ¿Eres tú, sir Regen?

Heinz, quien en cualquier momento podría haber exhalado su último suspiro, reunió las fuerzas que le quedaban para entablar una conversación voluntaria.

― Sobrevivir solo para ser una carga... sería patético, ¿no crees?

―.......

― Me alegra verte por última vez. Me enteré tarde de que mi señora había movido fichas contra ti. Es tarde, pero... lo lamento.

― No es algo por lo que debas pedir disculpas, sir Heinz.

― Que me digas eso... te lo agradezco...

Ese fue el final de su breve conversación. En el rostro de Heinz, que esbozaba una tenue sonrisa, se asentó una lánguida serenidad. Su final fue como el de alguien que contempla un paisaje lejano y vasto.

Con ese recuerdo, el tiempo de luto terminó. Regen se reincorporó a la competencia.

Justo cuando terminaba de cruzar el Puente del Pacto, el cuerpo de Regen perdió ligeramente el equilibrio. Sintió los primeros indicios de que el ataque del veneno estaba por comenzar de nuevo. El dolor que provocaba la toxina tendía a volverse más intenso con cada recaída.

Mientras apretaba los dientes y se apoyaba en el tronco de un árbol, percibió que alguien se acercaba.

― Sir Regen, es un patrocinio de Su Alteza la Princesa Pájaro Plateado.

Un sirviente que lucía una banda oficial apareció, le entregó dos objetos y se marchó. Uno era un medicamento desconocido; el otro, un accesorio que le resultaba muy familiar.

Al reconocer el anillo vintage, Regen lo comprendió de inmediato: Sasha había encontrado el antídoto.

Accionó el mecanismo secreto del anillo para abrir el compartimento oculto. De su interior extrajo una pequeña píldora, similar a un caramelo.

Sasha le había dicho que el veneno que le dio como medida provisional surtiría efecto por encima de cualquier otra toxina o medicina. Por lo tanto, primero debía neutralizar el veneno de Sasha.

A pesar de su apariencia de caramelo, la medicina era de un amargor insoportable. Regen la dejó disolverse lentamente antes de tragarla, esperando a que el efecto comenzara a actuar.

Los espasmos del veneno que estaban a punto de estallar se calmaron, y la naturaleza del dolor empezó a transformarse. En cuanto sintió que el veneno de Gwendoline, hasta entonces reprimido, empezaba a retorcerse de nuevo, bebió la otra medicina.

Finalmente, las dos toxinas que se habían enroscado en su interior como serpientes exhalaron su último aliento.

― Uf...

Soltó un largo suspiro. Disfrutando de un estado físico excepcionalmente despejado, aceleró el paso.

 

***

― ¿Por qué...? ¿Pero por qué...?

Gwendoline seguía desplomada, perdida en su vacío, sin intención alguna de levantarse del suelo, como si aquel fuera ahora su lugar natural.

El marqués Osbond, con una cortesía casi cruel, añadió más información:

― Según los encargados de inspeccionar el lugar, la causa de la muerte ha sido una hemorragia masiva provocada por autolesiones repetidas.

―... ¿Se suicidó?

La información añadida, lejos de resolver sus dudas, no hizo más que aumentarlas. Gwendoline, incapaz de procesar el caos, recurrió a lo que mejor sabía hacer:

― ¡Eso es imposible!

La evasión.

― ¡Debe de haber un error! ¡Le dije que podía estar tranquilo, sir Heinz nunca haría algo así! ¡Alguien debió de hacerle daño! ¡Alguien...! ¡Sí, fuiste tú, Sasha! ¡Todo esto es parte de tu estratagema...!

― ¡Basta ya, Gwendoline!

El grito de reprimenda no solo sobresaltó a Gwendoline, sino también a todas las hermanas, incluida yo. La sorpresa fue mayor porque la voz no pertenecía a la hermana Orlette, sino a alguien inesperado.

― ¿Vi-Vivi...? ¿Incluso tú, hermana, te niegas a estar de mi lado...?

― Deja de decir sandeces de alguien que no tiene remedio. La que empujó a sir Heinz a la muerte fuiste tú.

― ¿Qué... qué has dicho?

Gwendoline parpadeó, como si acabara de escuchar algo totalmente absurdo. Cuando Vivian cerró la boca, como si intentara contenerse de decir algo aún más hiriente, la mirada de Gwendoline, suplicando una explicación, se dirigió hacia las demás hermanas.

Fue Nanaen quien respondió.

― Es porque usaste veneno contra sir Regen, hermana.

― ¡Todo eso fue por el bien de sir Heinz...!

― Fue por tu propio bien, ―sentenció Nanaen―. Un caballero tan noble como sir Heinz vive por su honor. Pero tú pisoteaste ese honor; es lo mismo que si le hubieras cortado la respiración con tus propias manos. ¿De verdad crees que alguien como tú merece recibir la lealtad de sir Heinz?

― Ah...

Un caballero no desea servir como su dama a una mujer que pisotea su honor. Incluso si la única forma de escapar de ese servicio es la muerte.

― Ah... ¡Aaaah...!

Gwendoline se hundió en la desesperación al recibir el veredicto de que, como “dama”, ya no tenía ningún valor.







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