Los subordinados del marqués Osbond se
movían con presteza.
Sasha acarició las 436 fichas amontonadas frente a ella
con un gesto pausado y deliberado. Exhibiendo esa intención en cada movimiento,
tomó la palabra:
― Patrocina también una poción para sir Regen.
― Entendido.
― Ah, por poco me olvido de la hermana Vivi y de Nana. Sería descortés no mostrar mi gratitud, ya que fingieron no
darse cuenta de que la persona sentada a su lado había cambiado. Entreguen una
espada y una poción a sir Bellinger,
y una poción a sir Killian.
― Sí. Me encargaré de que se procese de
inmediato.
― Sa... Sasha... gracias... ―balbuceó
Vivi.
― No hay de qué, hermana Vivi.
― Bah, si ibas a convertirnos en
cómplices a estas alturas, habérmelo propuesto a mí desde el principio...
―refunfuñó Nana.
― Nana, no te oigo bien, parece que tu
agradecimiento es demasiado silencioso.
― ¡Muchas gracias, hermana Sasha!
A pesar de repartir favores con tanta
generosidad, la montaña de fichas frente a Sasha seguía siendo imponente. El
movimiento suave de sus manos, que no dejaba de acariciar el tesoro acumulado,
parecía incitar a las demás a que, si querían algo, empezaran por ganarse su
favor.
Sasha tomó una ficha y empezó a golpear
la mesa con un rítmico tac, tac, atrayendo de inmediato todas las
miradas. De entre todas ellas, atrapó la de Gwendoline y la sostuvo con fijeza.
― Es tu última oportunidad. Dime qué
veneno le diste a sir Regen.
Gwendoline giró la cabeza, evitando su
mirada.
― Así que vas a seguir con esa actitud
hasta el final, ¿eh?
La voz de Sasha sonó tan gélida como el
frío estancado en lo más profundo del océano.
― Marqués
Osbond.
― Dígame, Su Alteza la Princesa Pájaro
Plateado.
― Deseo realizar un patrocinio. Envíe el veneno mortal de la víbora del desierto rojo
a sir Heinz, vinculado al emblema de Luna Nueva.
― ¡N-no... no lo hagas...!
Un grito agudo rasgó el aire al mismo
tiempo que una silla caía al suelo con estrépito. Gwendoline, como si su
anterior actitud evasiva hubiera sido un espejismo, se abalanzó desesperadamente
hacia donde estaba Sasha.
― ¡No lo hagas! ¡Por favor, retira esa
orden! ¡Sasha! ¡Rosassia, por favor!
Un caballero directo entrega su lealtad
absoluta a su señor. Si se enviaba el emblema junto con el regalo, sin importar
cuál fuera el contenido, el fiel Heinz lo aceptaría sin dudar, creyendo que era
la voluntad de la Princesa Luna Nueva.
Incluso si se trataba de un veneno
mortal.
Las demás princesas no se atrevieron a
tachar a Sasha de cruel. ¿Qué habrían hecho ellas en su lugar? La única
diferencia era que ellas no podían; de haber tenido el poder de Sasha,
ninguna habría dudado en actuar igual.
De hecho, se podría decir que Sasha había
sido muy paciente hasta ahora. O, mejor dicho, seguía siéndolo incluso en este
momento.
―.......
Sasha ignoró las súplicas de Gwendoline,
manteniendo la mirada fija en el vacío frente a ella. Sus ojos, que ni siquiera
parpadeaban, daban la impresión de que su razón y su paciencia estaban a punto
de romperse en cualquier segundo.
Finalmente, Gwendoline comprendió que
solo había una forma de hacer que Sasha cambiara de opinión.
― ¡Lo-lo diré! ¡Te lo diré!
En cuanto Sasha dirigió una breve mirada
al marqués Osbond, los sirvientes se detuvieron en seco.
― Dilo. Hazlo antes de que se me agote la
paciencia.
―.......
― ¡Rápido!
Gwendoline, con los hombros estremecidos
por el pánico, confesó:
― Es... es el veneno de las espinas del
pantano negro...
― ¡El antídoto! ―gritó Sasha de
inmediato.
Respiró hondo, tratando de estabilizarse.
Su voz, al completar la orden, apenas lograba sonar calmada:
― Lleven el antídoto a sir Regen. Y
también... este anillo.
Se quitó el anillo con el sello de la
rosa que llevaba en el pulgar izquierdo y se lo entregó al sirviente. Ver cómo
se movían con absoluta disciplina y rapidez le devolvió, por fin, la paz.
“Lo salvé”.
Aunque ya estaba sentada en su silla,
Sasha sintió como si sus fuerzas se desvanecieran y su cuerpo se desplomara. La
sensación de que toda la tensión acumulada la abandonaba de golpe fue casi como
si su propia alma se estuviera escapando.
Solo en ese momento, Sasha fue consciente
de la figura de Gwendoline, desplomada en el suelo y bañada en lágrimas.
― En lugar del veneno, patrocina una
poción para sir Heinz.
― Me temo que eso no será posible, Su
Alteza la Princesa Pájaro Plateado.
― ¿Qué?
Ante esa inesperada negativa, el aire del
pabellón se volvió gélido. Sin embargo, la insubordinación del marqués Osbond
tenía una razón de peso.
El marqués fingió una expresión de
lástima. Su mirada se dirigió hacia Gwendoline, quien lo observaba estupefacta,
con las lágrimas secas en su rostro.
― Sir Heinz ha fallecido.
***
― Que descanses en paz.
Regen, tras cerrarle los ojos a Heinz, se
puso en pie y se dio la vuelta. Mientras lo hacía, comenzó a rememorar lo que
acababa de suceder hace apenas unos instantes.
Lo que vio Regen al llegar al centro del
puente fue a Heinz, apoyado de espaldas contra la barandilla de piedra. El
suelo a su alrededor ya estaba cubierto por un charco de sangre tan denso que
era evidente que al caballero no le quedaba mucho tiempo.
Regen identificó de inmediato el origen
de las heridas.
― Sir Heinz... te has provocado esas
heridas tú mismo.
― ¿Eres tú, sir Regen?
Heinz, quien en cualquier momento podría
haber exhalado su último suspiro, reunió las fuerzas que le quedaban para
entablar una conversación voluntaria.
― Sobrevivir solo para ser una carga...
sería patético, ¿no crees?
―.......
― Me alegra verte por última vez. Me
enteré tarde de que mi señora había movido fichas contra ti. Es tarde, pero...
lo lamento.
― No es algo por lo que debas pedir
disculpas, sir Heinz.
― Que me digas eso... te lo agradezco...
Ese fue el final de su breve
conversación. En el rostro de Heinz, que esbozaba una tenue sonrisa, se asentó
una lánguida serenidad. Su final fue como el de alguien que contempla un
paisaje lejano y vasto.
Con ese recuerdo, el tiempo de luto terminó.
Regen se reincorporó a la competencia.
Justo cuando terminaba de cruzar el
Puente del Pacto, el cuerpo de Regen perdió ligeramente el equilibrio. Sintió
los primeros indicios de que el ataque del veneno estaba por comenzar de nuevo.
El dolor que provocaba la toxina tendía a volverse más intenso con cada
recaída.
Mientras apretaba los dientes y se
apoyaba en el tronco de un árbol, percibió que alguien se acercaba.
― Sir Regen, es un patrocinio de Su
Alteza la Princesa Pájaro Plateado.
Un sirviente que lucía una banda oficial
apareció, le entregó dos objetos y se marchó. Uno era un medicamento
desconocido; el otro, un accesorio que le resultaba muy familiar.
Al reconocer el anillo vintage, Regen lo
comprendió de inmediato: Sasha había encontrado el antídoto.
Accionó el mecanismo secreto del anillo
para abrir el compartimento oculto. De su interior extrajo una pequeña píldora,
similar a un caramelo.
Sasha le había dicho que el veneno que le
dio como medida provisional surtiría efecto por encima de cualquier otra toxina
o medicina. Por lo tanto, primero debía neutralizar el veneno de Sasha.
A pesar de su apariencia de caramelo, la
medicina era de un amargor insoportable. Regen la dejó disolverse lentamente
antes de tragarla, esperando a que el efecto comenzara a actuar.
Los espasmos del veneno que estaban a
punto de estallar se calmaron, y la naturaleza del dolor empezó a
transformarse. En cuanto sintió que el veneno de Gwendoline, hasta entonces
reprimido, empezaba a retorcerse de nuevo, bebió la otra medicina.
Finalmente, las dos toxinas que se habían
enroscado en su interior como serpientes exhalaron su último aliento.
― Uf...
Soltó un largo suspiro. Disfrutando de un
estado físico excepcionalmente despejado, aceleró el paso.
***
― ¿Por qué...? ¿Pero por qué...?
Gwendoline seguía desplomada, perdida en
su vacío, sin intención alguna de levantarse del suelo, como si aquel fuera
ahora su lugar natural.
El marqués Osbond, con una cortesía casi
cruel, añadió más información:
― Según los encargados de inspeccionar el
lugar, la causa de la muerte ha sido una hemorragia masiva provocada por
autolesiones repetidas.
―... ¿Se suicidó?
La información añadida, lejos de resolver
sus dudas, no hizo más que aumentarlas. Gwendoline, incapaz de procesar el
caos, recurrió a lo que mejor sabía hacer:
― ¡Eso es imposible!
La evasión.
― ¡Debe de haber un error! ¡Le dije que
podía estar tranquilo, sir Heinz nunca haría algo así! ¡Alguien debió de
hacerle daño! ¡Alguien...! ¡Sí, fuiste tú, Sasha! ¡Todo esto es parte de tu
estratagema...!
― ¡Basta ya, Gwendoline!
El grito de reprimenda no solo sobresaltó
a Gwendoline, sino también a todas las hermanas, incluida yo. La sorpresa fue
mayor porque la voz no pertenecía a la hermana Orlette, sino a alguien
inesperado.
― ¿Vi-Vivi...? ¿Incluso tú, hermana, te
niegas a estar de mi lado...?
― Deja de decir sandeces de alguien que
no tiene remedio. La que empujó a sir Heinz a la muerte fuiste tú.
― ¿Qué... qué has dicho?
Gwendoline parpadeó, como si acabara de
escuchar algo totalmente absurdo. Cuando Vivian cerró la boca, como si
intentara contenerse de decir algo aún más hiriente, la mirada de Gwendoline,
suplicando una explicación, se dirigió hacia las demás hermanas.
Fue Nanaen quien respondió.
― Es porque usaste veneno contra sir
Regen, hermana.
― ¡Todo eso fue por el bien de sir
Heinz...!
― Fue por tu propio bien, ―sentenció
Nanaen―. Un caballero tan noble como sir Heinz vive por su honor. Pero tú
pisoteaste ese honor; es lo mismo que si le hubieras cortado la respiración con
tus propias manos. ¿De verdad crees que alguien como tú merece recibir la
lealtad de sir Heinz?
― Ah...
Un caballero no desea servir como su dama
a una mujer que pisotea su honor. Incluso si la única forma de escapar de ese
servicio es la muerte.
― Ah... ¡Aaaah...!
Gwendoline se hundió en la desesperación
al recibir el veredicto de que, como “dama”, ya no tenía ningún valor.

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