El vestido de
Evangeline, traído a toda prisa desde la mansión del Marqués de Ruth, era mucho
más espléndido y hermoso de lo esperado. Era de esperarse, considerando que la
Emperatriz lo había encargado a su propio taller personal como regalo de
cumpleaños para su única hija.
— Es una
suerte. Bastará con ponérselo sin el chal verde que viene en el conjunto.
Si se quitaba
el chal verde claro decorado con esmeraldas hecho originalmente para cubrirse y
guardar las apariencias, el vestido era de un color plateado, tan claro que
parecía casi blanco. Estaba densamente adornado con gemas incoloras y cristales
que, bajo la luz, centelleaban como cristales de nieve.
A los ojos de
cualquiera, no era en absoluto un vestido para asistir como invitada a la boda
de otra persona. Evangeline, realmente tienes unos nervios de acero por haber
usado algo así cada vez.
— Sí, parece
que solo con ajustar un poco la talla será suficiente, Su Alteza el Archiduque.
Ludwig, con
rostro aliviado, mantenía su mirada fija en mí mientras me probaba el vestido
de novia de Evangeline. Al mismo tiempo, evitaba deliberadamente mirar el
rostro de ella, quien rumiaba en silencio su ira y su sentimiento de traición.
— Bien. Con
esto podremos celebrar la boda de mañana sin ningún problema.
— Qué alivio...
de verdad...
Tragué mis
ganas de soltar una maldición como "¡Maldita sea!" y mostré una
sonrisa frágil, como si me sintiera aliviada. Sin embargo, mi estado de ánimo
no era nada comparado con la expresión de Evangeline. Su rostro estaba
oscurecido por la rabia y completamente rígido.
Me acerqué a
ella con los ojos humedecidos y le tomé las manos. Lo hice a propósito, para
irritarla aún más.
— Muchas
gracias, Eva. Gracias a que me "cediste" tu preciado vestido, podré
celebrar la boda mañana a salvo.
Vi cómo
Evangeline se mordía el labio con fuerza. Pero pronto, se esforzó por
recomponer su expresión.
—... Me alegra
que haya sido de ayuda.
Ludwig se
acercó sonriendo y rodeó los hombros de Evangeline con su brazo.
— Mi querida
prima es, después de todo, demasiado buena.
— Es verdad,
Ludwig.
Ni los elogios
de Ludwig ni mi respuesta parecieron servirle de mucho consuelo a Evangeline. Las
miradas que ambos intercambiaban, evitando la mía, no eran precisamente
amigables. Se sentía algo como esto:
«¿De verdad era
necesario llegar a este extremo?»
«No hay otra
opción. Si no hubieras insistido en bordar tus iniciales en primer lugar, este
desastre no habría ocurrido».
Tras mirar a
Ludwig por un momento con ojos llenos de resentimiento, Evangeline fue la
primera en retirarse.
— Regresaré a
mi habitación ahora. Tengo mucho que preparar si quiero asistir a la boda de
ustedes dos, mañana.
***
Ludwig, que se
quedó observando los arreglos del vestido por un momento, también se escabulló
disimuladamente.
«Probablemente
irá a buscar a Evangeline».
Sentí un poco
de lástima.
«Realmente me
gustaría verlos pelear hasta sacarse los ojos».
Pero no podía
seguir perdiendo el tiempo. No lo había apostado todo a arruinar la boda
simplemente quejándome del vestido. Sabía que Ludwig intentaría apoderarse de
mi familia a toda costa. Y Evangeline, sin importar cuántas humillaciones
tuviera que soportar, desearía tener a Ludwig una vez que él lo hubiera
obtenido todo; por eso consideraría que el Ludwig de ahora no era tan
necesario.
Por supuesto,
yo ya había pensado en el siguiente paso. Un medio mucho más definitivo que un
vestido de novia.
Tras quitarme
el vestido de Evangeline, hice que todos los que me rodeaban se retiraran.
«Tengo algo que
debo hacer sin falta esta misma noche».
En ese momento,
la puerta se abrió y se escuchó una voz entrecortada por el llanto.
— Señorita, ¿se
encuentra bien?
Era Annie, la
única doncella que me era fiel.
Ella entró en
la habitación trayendo una toalla fría. Había venido preocupada de que yo
estuviera llorando. Solo entonces pude, por fin, esbozar una sonrisa sincera.
Me encontraba
rodeada por Ludwig, Evangeline y un séquito de empleados que, bajo sus órdenes,
fingieron no saber nada sobre mi vestido de novia a pesar de estar al tanto de
todo. En medio de eso, hace un momento, Annie había sido prácticamente la única
persona que se enfureció al escuchar la historia del vestido. Incluso sin ese
hecho, yo confiaba en ella. Porque en mis tres vidas pasadas, ella fue la única
que jamás me dio la espalda ni me traicionó.
Esta noche,
justo después de mi regresión, hay dos personas que vendrán a verme sin falta.
Y ninguna de ellas me ha traicionado ni una sola vez. Una de esas dos personas
era Annie.
Ella era la
hija de mi difunta nodriza, mi hermana de leche. Murió varias veces por mi
bien, intentando salvarme. Annie colocó la toalla fría sobre mis ojos sumamente
hinchados y susurró:
— Mañana es su
boda, ¿qué vamos a hacer si sus ojos están tan hinchados, señorita?
— Está bien...
Sinceramente,
si pudiera cancelar la boda, sentía que sería capaz incluso de arruinarme el
rostro.
«Pero Ludwig es
el tipo de hombre que, incluso si yo escapara con otro, terminaría atrapándome
para casarse conmigo de nuevo. No espero que se cancele por algo tan trivial
como esto».
Para empezar,
Ludwig planea casarse conmigo solo para apoderarse de las tierras y la fortuna
de mi familia, el Ducado de Delphine. Realmente, es un pesar que mi padre haya
fallecido. Pero no, no es momento de lamentarme por situaciones que no puedo
cambiar. Una boda así no se cancelará por cualquier incidente común.
«Entonces, tendré
que crear un incidente que no sea común».
Annie susurró
suavemente:
— Señorita.
Sobre las iniciales que estaban en el vestido... ¿no son las del nombre de la
joven dama del Marqués de Ruth?
—.......
— Es demasiada
coincidencia que las iniciales sean iguales a las de esa mujer. Esto no puede
ser casualidad. Se lo dije varias veces, señorita, esa mujer es extraña.
Annie susurró
con un tono que denotaba cierta satisfacción al ver confirmadas sus sospechas.
— Me alivia
tanto que, al menos ahora, usted también sospeche de ella, señorita.
— Sí. Gracias,
Annie.
Apreté con
fuerza la mano de Annie sobre mis ojos, donde aún reposaba la toalla fría. Esta
vez, jamás perdería este calor de manera tan vana.
***
Tras calcular
el paso del tiempo, envié a Annie de vuelta a su habitación. La razón era
sencilla.
«Porque hay una
segunda persona que vendrá a buscarme esta noche».
Ludwig o
Evangeline, que habían estado aquí hace poco, no vendrían a menos que yo los
llamara deliberadamente. Sin embargo, solo dos personas venían a mi habitación
sin falta, sin importar cuánto cambiara la situación.
Annie, a quien
acababa de despedir, y Toc, toc.
Se escuchó un
golpeteo en la puerta, seguido de una voz familiar.
— ¿Se me
permite entrar un momento, señorita?
—... Sí.
Adelante.
La puerta se
abrió y quien entró silenciosamente fue un hombre de complexión robusta.
Pronuncié su nombre en voz baja.
— Sir Beltain.
Él era el único
caballero del Ducado de Delphine que no me había traicionado. Además, fue la
persona que me llevó consigo cuando escapamos en mi anterior y tercera vida.
«Ludwig planea
casarse conmigo solo para obtener mi título. ¡Por favor, lléveme lejos de aquí,
Sir Beltain!»
En el Ducado de
Delphine había decenas de caballeros. Sin embargo, la mayoría de ellos le eran
más leales a mi prometido, Ludwig, que, a mí, la descendiente directa de la
familia Delphine.
La razón era
simple. Tras la muerte de mi padre hace tres años, el Emperador se convirtió en
mi tutor y fue él quien eligió a Ludwig como mi prometido. En la práctica, el
Emperador le había entregado el Ducado de Delphine a su sobrino. Naturalmente,
los caballeros habían servido a Ludwig como su señor durante los últimos tres
años.
En medio de
todo eso, la única persona que no olvidó su lealtad hacia mí fue Sir Beltain.
Él me había aconsejado en repetidas ocasiones:
— Señorita. El
Archiduque Ludwig no es un hombre en quien se pueda confiar.
— Además,
parece que la relación entre la joven dama del Marqués de Ruth y el Archiduque
no es nada común.
Todo lo que
decía era verdad. Sin embargo, en mi necedad, no creí en las palabras de Sir
Beltain. Al contrario, solía reprenderlo e intentaba alejarlo. Aun así, Sir
Beltain venía a buscarme incluso la noche anterior a la boda para intentar
convencerme.
— El Archiduque
Ludwig no desea a la señorita por amor, sino por el poder y la legitimidad del
Ducado de Delphine. Aún no es tarde. La anulación del compromiso...
Él era, junto
con Annie, mi único aliado.
«Una persona
agradecida que me dijo palabras sinceras por mi propio bien».
Sir Beltain era
igual que siempre. Se arrodilló ante mí y me ofreció su consejo con toda su
sinceridad.
— Señorita. Sé
que no desea escuchar mis palabras, pero aun así las diré por su bien. Por
favor, cambie de opinión ahora que todavía puede.
— Incluso el
hecho de que hubiera otras iniciales bordadas en el vestido de novia es
sospechoso. Además, el Archiduque Ludwig ni siquiera intenta buscar
públicamente al culpable. Con lo poco que la valora a usted...
Yo lo sabía muy
bien. Sabía por qué Ludwig, tras quemar el vestido con sus propias manos, no
buscaba activamente al responsable de las iniciales bordadas.
«Porque es algo
que él mismo hizo junto con su amante».
Si este hecho
saliera a la luz, su propia vergüenza también quedaría expuesta oficialmente.
Sir Beltain, sin saber lo que yo estaba pensando, me suplicó con todas sus
fuerzas:
— Por favor,
piénselo de nuevo, por usted misma más que por nadie.
Sin importar
cuántas regresiones hubiera vivido, este hombre siempre era igual de íntegro.
Alguien que arriesga su vida para salvar a una mujer indefensa en peligro, y
más aún, a la hija de su antiguo señor... Alguien más noble y caballeroso que
nadie. Por eso le estaba tan agradecida, y a la vez sentía tanta culpa.
Especialmente al pensar en el terrible final que tuvo que enfrentar por mi
culpa en mi tercera vida pasada.
Sacudí la
cabeza lentamente. Sir Beltain pareció interpretar aquel gesto como un rechazo
a su consejo.
— ¡Señorita!
Yo lo sabía. Él
obedecería cualquier favor o mandato que yo le diera.
«De hecho, en
la vida anterior escapó conmigo, cargó con toda clase de estigmas y murió de
forma miserable. Aun así, no me guardó rencor hasta el final».
El sacrificio
de Sir Beltain no logró salvarme de Ludwig. Solo fue un sacrificio inútil.
«Esta vez no se
lo pediré. Ni por mi bien, ni por el de él».
Respondí con
calma:
— Ya es tarde,
Sir Beltain. La boda es mañana, y Ludwig jamás aceptará una petición de
anulación.
— ¡Señorita!
Me puse de pie
lentamente. Fue entonces cuando Sir Beltain pareció notar algo extraño.
— ¿Por qué
lleva puesta ropa de salir?
Estábamos en el
dormitorio y ya era hora de retirarse a dormir. Sin embargo, yo vestía ropa
para salir, y, además, era una vestimenta sencilla que usaría un plebeyo. En
lugar de aceptar su súplica, le di una orden:
— Sir Beltain.
Como única descendiente directa del Ducado de Delphine, le ordeno a usted,
caballero de Delphine: esta noche, sea mi escolta.
—.......
Tras mirarme
atónito por un momento, Sir Beltain se arrodilló de inmediato y me rindió los
honores como caballero.
— A sus
órdenes.
Aunque era mi
cuarta vida, era la primera vez que veía a Sir Beltain de esta manera. Me di
cuenta de algo de repente:
«En aquel
entonces, para Sir Beltain yo era una niña a la que debía proteger, no su
señor».
Pero a partir
de ahora, eso cambiaría. Sir Beltain era el más fuerte entre los caballeros del
Ducado de Delphine. Eso significaba que era capaz de salir de la mansión evitando
las miradas ajenas, incluso llevando a cuestas un estorbo como yo. Esto también
se aplicó de la misma forma cuando escapó conmigo en mi vida pasada.
«Lo sabía, por
eso le pedí que me escoltara».
Si hubiera
intentado salir sola, probablemente me habrían descubierto a mitad del camino.
Sir Beltain se movía conmigo eligiendo los lugares menos transitados. Fue pura
coincidencia que termináramos pasando bajo la terraza del dormitorio de
Evangeline mientras cruzábamos el jardín.
¡PAM!
Se escuchó un
estruendo y las ventanas de la terraza se abrieron de par en par. El grito
lleno de furia de Evangeline resonó por todo el jardín:
— ¡¿Cómo te
atreves?! ¡¿Cómo pudiste ordenar que le entregaran mi vestido a Hillia?! ¡Era
el regalo que mi madre preparó para mí, ni siquiera yo pude usarlo más que para
la prueba! ¡¿Cómo puedes hacerme esto?!

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