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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 69

 

“¿Él mismo ha decidido intervenir?”

Un sudor frío recorrió la espalda de Bellinger. Incluso para alguien tan rebosante de confianza como él, Dominic era un oponente contra el cual no podía garantizar la victoria. De haber sabido que este hombre custodiaba el último jardín, jamás se habría apresurado a llegar en primer lugar.

“Maldita sea... debí llegar cuando los otros caballeros ya se hubieran enfrentado a él para agotar sus fuerzas”.

Hizo un esfuerzo por ocultar su frustración e intentó ganar algo de tiempo:

¿El mismísimo capitán de la guardia imperial se rebaja a participar en persona en un lugar como este? Me parece que le sentaría mejor quedarse atrás con los brazos cruzados, dando órdenes a sus subordinados con aire solemne.

Eso sería demasiado autoritario. Yo soy más del tipo que predica con el ejemplo. respondió Dominic con una sonrisa gélida. Es broma. En realidad, esto no estaba en los planes, pero ahora mismo necesito algo para distraerme.

En otras palabras: estaba allí para desahogar su ira. Dominic ladeó ligeramente la cabeza, haciendo el ademán de mirar por encima del hombro de Bellinger hacia el camino que quedaba atrás.

¿Cuánto tardará en llegar ese bastardo llamado Regen?

Gracias a eso, Bellinger pudo deducir el motivo del mal humor de Dominic.

Se trataba de una venganza personal; le hervía la sangre de envidia porque la Princesa Pájaro Plateado había besado públicamente a su caballero directo, y ahora buscaba desquitarse.

Ja... ¿Y por una razón tan personal usted está ahora...?

Cualquiera que te oiga pensaría que tú eres alguien que sabe separar lo público de lo privado, ¿no? lo interrumpió Dominic. Tienes toda la cara de ser el tipo de hombre que, en cuanto obtiene un poco de poder, lo usa para satisfacer sus rencores personales.

.......

Bellinger guardó silencio. Se repetía a sí mismo que solo estaba tolerando el insulto porque tenía a Dominic frente a él, no porque sus palabras fueran ciertas.

Dominic hizo girar la empuñadura de su espada una vuelta completa, como si estuviera jugando. Su actitud distaba mucho de la de un caballero que se prepara seriamente para un combate.

Es que esperar solo es muy aburrido. Me harías un favor si jugaras conmigo un poco, sir Bellinger, mientras llega ese tipo.

Yo no tengo especial interés en...

Oh, cuento contigo.

¡...!

Bellinger no tuvo tiempo de replicar. Dominic lanzó su espada de inmediato, barriendo el lugar donde él se encontraba apenas un segundo antes.

Bellinger alzó su arma y logró bloquear los ataques consecutivos, pero mientras se concentraba en la defensa buscando una oportunidad para contraatacar, se vio empujado hacia atrás de forma unilateral. Sin embargo, no se rindió.

“El uso de maná está prohibido. ¡Dominic es un caballero fuerte, pero su fama seguramente se debe a su dependencia del maná! Al confiar solo en eso, debe haber descuidado las bases.

Solo con esgrima, yo podría...”

Te equivocas.

Una fría frase cortó en seco el circuito de esperanza de Bellinger. Dominic habló, con un brillo en los ojos tan afilado como el filo de su espada:

¿Sabes cuál era el pasatiempo de Su Majestad el Emperador cuando yo era niño? Le encantaba ponerme grilletes que sellaban mi maná y arrojarme entre los esclavos gladiadores para ver qué pasaba. Así que... ¡más vale que te pongas tenso!

Como si todo lo anterior hubiera sido un simple calentamiento, los ataques de Dominic se volvieron aún más afilados y feroces. Cada vez que el acero rasgaba el viento, una nueva línea roja de sangre aparecía en el cuerpo de Bellinger.

Solo entonces, Bellinger comprendió con dolorosa claridad que Dominic no era un oponente a su altura.

Aquel hombre era aclamado como el caballero más fuerte en la historia del imperio. Tras la muerte del caballero de Lohengrin, el hecho de que Dominic se hubiera apoderado del título del guerrero más poderoso viviente no era una simple exageración.

Si su oponente no emanara tal sed de sangre, el duelo en sí mismo habría sido un honor; pero en este momento, la vida de Bellinger estaba siendo empujada directamente hacia el abismo.

“Mi única opción es aguantar. Resistir hasta que lleguen los otros caballeros y se unan a la pelea...”

Puedo ver exactamente lo que estás pensando. Dijo Dominic con desdén.

En medio de una maniobra de evasión desesperada, el frasco de la poción cayó del uniforme de Bellinger. Dominic lo pisó sin piedad, rompiéndolo en mil pedazos mientras se acercaba.

Sir Bellinger, estabas planeando esperar a que llegaran los otros caballeros para luchar juntos y luego escabullirte tú solo, ¿verdad?

Bellinger se tensó. Dominic continuó con una sonrisa maliciosa:

¿Qué te parece esto? Si logras aguantar bien así, dejaré pasar a todos los caballeros que vengan detrás de ti... excepto a ese bastardo de Regen.

¡...!

Tú te quedas aquí bloqueándome mientras ves cómo los demás pasan tranquilamente frente a tus narices. Un “sacrificio honorable”, ¿no te parece poético?

¡No puede haber una regla tan absurda! gritó Bellinger, horrorizado.

Era el peor escenario imaginable. Si tenían que morir, prefería que murieran todos juntos; la idea de ser el único sacrificado le resultaba insoportable.

Entonces muere. soltó Dominic con frialdad. Si lo haces, al menos te prometo que pondré tu cadáver en la fila por delante de todos los demás.

A estas alturas, a Bellinger solo le quedaba una última y desesperada esperanza: que Regen apareciera pronto y tomara su lugar como “juguete” de Dominic.

Sin embargo, al recordar el estado de Regen al inicio de la carrera, las perspectivas eran sombrías. Alguien, queriendo frenar al ganador de la competencia anterior, le había suministrado veneno. En aquel momento, Bellinger se sintió agradecido de que alguien hubiera ejecutado el plan que él solo había imaginado, pero ahora esa misma jugada se volvía en su contra.

“¡A juzgar por su estado, debe de estar en el último lugar!”

Lo más probable era que Regen tardara una eternidad en llegar o que, incluso, ya hubiera exhalado su último suspiro en algún rincón del laberinto.

¿Aún tienes energía para distraerte con otros pensamientos?

¡Cof... aggh!

Bellinger convulsionó, paralizado por el dolor de una estocada que le atravesó el hombro.

Sin detenerse, Dominic lo empujó con fuerza bruta hacia un árbol. La hoja de la espada, que aún atravesaba su brazo, se hundió profundamente en el tronco, dejando a Bellinger literalmente clavado a la madera.

Sin retirar el arma, Dominic giró levemente la empuñadura para ajustar el ángulo, observando el sufrimiento de Bellinger con una expresión de pura diversión.

Estaban a una distancia tan corta que podía ver claramente el brillo de una locura latente en sus ojos. Bellinger sintió el frío aliento de la muerte.

Sir Dominic, el duelo ha terminado. Por favor, guarde su espada.

Una tercera voz intervino en la escena. Tanto Bellinger como Dominic giraron la cabeza al mismo tiempo.

¡¿Si-sir Regen?!

La figura del apuesto hombre, con su cabello gris ceniza ondeando al viento, parecía irreal.

Bellinger, a pesar de sentir un alivio inmenso por seguir vivo, no pudo ocultar su conmoción.

“¿Cómo es que ya está aquí? ¿Ha superado a todos los demás caballeros y ha llegado de segundo?”.

Lo más impactante era que Regen no mostraba ni rastro de heridas o fatiga. Estaba en condiciones óptimas.

Ah, ¿ya llegaste?

Los ojos rojos de Dominic, fijos ahora en Regen, se llenaron de una sed de sangre mucho más intensa que la que había mostrado al intentar acabar con Bellinger.

Dominic arrancó de un tirón su espada del hombro de Bellinger y, de un golpe seco con el pomo de la espada lo golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente. Al fin y al cabo, nadie quiere testigos en una pelea por despecho.

Las miradas de los dos caballeros se entrelazaron con ferocidad.

Supongo que debería agradecerte que hayas llegado antes de lo esperado.

Imaginaba que alguien me estaría esperando, pero no sabía que sería usted, sir Dominic.

Ante la calmada respuesta de Regen, Dominic elevó la comisura de sus labios en una sonrisa aún más retorcida.

La competencia parecía tan divertida que quise participar de esta manera.

Tiene sentido, considerando que el sueño de sir Dominic era ser un caballero directo. Aunque sea un sueño frustrado. replicó Regen con frialdad.

Hablas mejor de lo que parece. Originalmente solo pensaba arrancarte los ojos, ¡pero ahora veo que también tendré que arrancarte la lengua!

¿No es eso lo que ha estado pensando desde antes de que empezara la competencia? No es nada nuevo.

La mención indirecta al beso que Regen recibió de Sasha justo antes de empezar la carrera fue el detonante. Al final, fue Dominic quien terminó siendo provocado primero.

Las hojas de las espadas chocaron con un estruendo ensordecedor que pareció sacudir los cimientos del lugar. Mientras las ramas del jardín temblaban como si tuvieran miedo, los dos caballeros se mantuvieron en un tenso forcejeo, espada contra espada.

Tienes suerte, sir Regen. Estamos luchando sin usar maná.

¿Se refiere a la suerte de usted, sir Dominic?

Dominic soltó una breve carcajada burlona. A diferencia de Regen, que no era más que un caballero ex-prisionero de guerra de origen incierto, el linaje y la trayectoria de Dominic eran incuestionables.

Aun así, tenía que admitir que la actitud de Regen quien no se acobardaba ni un milímetro al enfrentarse al caballero más fuerte del imperio era, cuanto menos, admirable para un guerrero.

Sin embargo, pensar que con esa actitud tan admirable Regen protegería a Sasha arriesgando su vida hasta el final, solo le daban ganas de matarlo sin falta. Después de todo, ese papel debería haber sido suyo originalmente.

Vaya, qué problema. Me pregunto cómo reaccionará Rosassia cuando vea tu cadáver hecho jirones. Será un gran impacto para ella.

Es una preocupación innecesaria. replicó Regen.

Ah, ¿sí? Tienes razón, como la lengua está dentro de la boca, no se notará que te la arranqué.

Tanto Regen como Dominic eran hombres que habían pasado más días de su vida empuñando una espada que sin ella. Intercambiaron estocadas y patadas, midiendo artes marciales pulidas hasta el límite en la frontera entre la vida y la muerte.

Aunque en sus cuerpos no aparecía ni un rasguño superficial, el jardín estaba siendo brutalmente despedazado. Los pétalos de las zinnias, cercenados por el acero, rodaban por el suelo como si fueran cabezas cortadas en un campo de batalla.

Mientras tanto, Dominic estaba profundamente sorprendido en su interior. En cuanto a esgrima pura, jamás había experimentado lo que era ser superado en fuerza.

Sin embargo, este hombre llamado Regen, con quien ahora cruzaba acero, estaba haciendo gala de una habilidad que rozaba la igualdad absoluta contra él.

“¿De dónde salió un oponente así?”








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