Gwendoline no se levantó de la mesa en
todo el descanso; se quedó allí, con los hombros encogidos y la mirada perdida.
Cuando los diez minutos estaban por
terminar, las hermanas comenzaron a regresar a sus lugares. Una a una, al
entrar al pabellón, sus miradas se cruzaban con la de Gwendoline, pero todas
evitaban el contacto visual en silencio y se apresuraban a sentarse en sus
sillas.
“Parece que
todas han decidido ignorarme”, pensó.
Intentó atraer algo de atención agachando
la cabeza con una expresión lastimera, pero nadie le dirigió la palabra. Era
demasiado. Honestamente, todas se estaban beneficiando de que ella hubiera
tomado la iniciativa de actuar, ¿entonces por qué fingían ahora ser tan puras y
correctas?
Mientras se mordía el interior de la
mejilla por la frustración, las demás princesas entablaron una conversación.
Fue Nanaen quien puso el tema sobre la mesa:
― Solo quedan dos preguntas.
― ¿Eh? ¿Por qué? ¿Por qué solo quedan
dos? ―preguntó Shushu.
― Shushu, usa esa cabecita tuya para
pensar. Solo quedan tres piezas de ajedrez cuya identidad debemos adivinar. Si
elegimos una de tres, y luego una de dos... el juego se termina. ― ¡Oh...!
― Nana tiene razón.
Quien respondió fue Orlette, que acababa de regresar al
pabellón. Apartó a los sirvientes y se sentó por su cuenta mientras continuaba
con la explicación:
― Solo quedan dos oportunidades para
obtener el derecho de patrocinio. Así que aquellas que aún no han ganado ni una
sola vez deberían empezar a ponerse nerviosas. A la hermana Vivi no le importa
porque sir Bellinger mantiene el primer puesto, pero yo, Shushu y Gwendoline
tenemos que lograrlo en estas dos rondas como sea.
― ¡Dos veces...!
Shushu hizo el gesto de apretar ambos
puños con determinación. Liliana
añadió con un tono gélido:
― Bueno, al menos las probabilidades han
aumentado drásticamente al estar al final. Ahora son problemas de una entre
tres y de una entre dos.
― A Shushu le preocupa... ¿y si fallo en
las dos preguntas?
― Pues qué va a pasar: que esta hermana
tuya, Lette, le dará un excelente uso a tus fichas.
― ¡Oiga! Hermana Lette, ¿por qué habla
igual que la hermana Nana? ¡Qué odiosa!
Gwendoline, que había
estado escuchando la conversación en silencio, sintió cómo su mirada se
enfriaba por completo.
“Después de
todo, son todas unas hipócritas”.
Fingían intercambiar información, pero
estaban omitiendo deliberadamente el hecho más importante de todos.
Y eso era, precisamente...
“Rosassia sabe
perfectamente qué número de “caballo” le corresponde a cada caballero directo”.
Incluso dejando de lado a Regen, que se
había quedado rezagado tras ser envenenado, Sasha había acertado tres veces
consecutivas. Lo más evidente fue la última ronda, donde presionó a Gwendoline
apostando una cantidad masiva de fichas adicionales. Estaba claro que solo pudo
actuar con tanta audacia porque tenía la certeza absoluta de que Heinz era el
número 5.
“Por lo tanto,
solo tengo que seguir la apuesta de Rosassia”.
Para ocultar ese hecho tan obvio, sus
hermanas intercambiaban comentarios superficiales y mencionaban
desesperadamente las probabilidades.
En ese momento, Sasha regresó al pabellón
y se sentó en silencio. Los diez minutos habían terminado exactamente.
― Ya veo que todas están en sus asientos.
Entonces, daremos comienzo al cuarto juego.
La ruleta comenzó a girar. Las únicas
princesas que podían ser señaladas ahora eran Orlette, Liliana y Shushu.
Según las reglas, las apuestas se
realizan siguiendo el sentido de las agujas del reloj, empezando por la persona
elegida por la bola de metal. Por ello, las princesas volvieron a comprobar
mentalmente la distribución de los asientos en la mesa, rogando internamente:
“¡Por favor!
¡Que Sasha tenga que apostar antes que yo!”.
En medio de una atmósfera cargada de
nerviosismo, finalmente el “dios del azar” tomó su decisión.
― Es el turno de Su Alteza la Princesa Zafiro. Les daré un minuto.
― ¡¡Gua!!
Shushu dejó escapar un grito de alegría
por puro descuido, pero enseguida se cubrió la boca con las manos.
― Uf...
Esperaba que le llovieran reproches de todas
partes, pero la única que le lanzó una mirada fulminante fue Orlette. Al observar la disposición de
los asientos, fue fácil entender por qué.
Después de que Orlette hiciera su
apuesta, la siguiente en el turno era
Sasha. Esto significaba que, a excepción de Orlette, todas las demás
apostarían después de Sasha.
El “dios del azar” había sido
innecesariamente generoso con ellas. No solo Shushu, sino todas las presentes
se dieron cuenta de este hecho y trataron de calmarse internamente:
“Ganar el
juego es más importante que la cantidad de fichas que obtenga”. “Incluso si la hermana Orlette elige mal,
nosotras estaremos a salvo”.
Mientras los cálculos volaban de una
mente a otra, llegó el momento de apostar. Los números que quedaban en la línea
de apuestas eran el 1, 4 y 6.
Orlette, con una expresión de
resignación, empujó sus fichas hacia adelante:
― El
número 6.
Finalmente, era el turno de Sasha. Bajo
la mirada penetrante de todas las presentes, ella esbozó una sonrisa y comenzó
a mover sus fichas...
Sasha levantó sus fichas con calma.
― Apostaré
al número 4.
Lo que siguió por parte de las demás
princesas fue digno de una farsa teatral.
― Mmm, a mí también me atrae el 4.
― Bueno, probaré con el 4.
― Yo también...
― ¡El 4! ¡Shushu también pensó en el 4
desde el principio! No es que esté copiando a la hermana Sasha ni nada
parecido...
El resultado: una persona en el 6 y cinco personas en el 4.
Mientras Orlette, la única que remaba contra corriente, soltaba un suspiro
de resignación más que evidente, comenzó la segunda ronda de apuestas.
― Subo.
40 fichas.
Sasha añadió casi todas las fichas que le
quedaban, dejando apenas lo suficiente para participar en el último juego. Era
un movimiento extremadamente agresivo, pero para sorpresa de todas, sus hermanas
lo celebraron internamente.
“Exacto, así
se hace. Hay que eliminar a la competencia”. “Vamos, las que tengan miedo, ríndanse de
una vez”.
Comenzando por Sasha, las apuestas
prosiguieron de nuevo en el sentido de las agujas del reloj.
― Acepto, ―dijo una.
― Yo solo tengo 13 fichas, así que... ¡a por todo!
― Aquí están mis 40.
― No es justo que la hermana Lili
participe poniendo tan poco cuando todas las demás estamos apostando 40, ―se
quejó otra.
― De todos modos, ella tiene el bono,
¿no?
― Aun así...
― Si tanto te molesta, ¿por qué no te
retiras tú, Shushu?
―... ¡Shushu también añade 40!
― 40 por aquí.
Finalmente, llegó el turno de Orlette, la última en la rotación.
Todos esperaban que de su boca saliera un “Retirada”.
― 40.
― ¿Eh?
― ¿Pe-pero qué...?
― ¿Hermana Orlette...?
La inesperada participación de Orlette
rompió todos los esquemas, esparciendo una corriente de desconcierto por la
mesa.
“¿Qué pasa?
¿Por qué ha entrado?”. “¿De dónde
saca esa confianza? Esto me da mala espina...”. “Ahora que lo pienso, desde hace un rato hay algo que no encaja...”.
Pero no hubo tiempo para reflexiones
profundas.
― Todas las rondas han terminado.
Procederé a revelar la respuesta correcta.
El marqués Osbond mostraba un rostro más
deleitado que nunca.
― El resultado es sumamente interesante.
La respuesta es el número 6. Por
lo tanto, todas las fichas son para la única persona que acertó: la Princesa Pájaro Plateado.
― ¿Qué... qué has dicho?
― ¡¿Cómo que el 6?! ―gritó Liliana,
exasperada.
Gwendoline golpeó la mesa con la palma de
la mano. El resto de las princesas, aunque de forma menos violenta, estaban
sumidas en el caos absoluto.
― ¿Cómo puede ser el 6 la respuesta?
― ¿Pero por qué dicen que Sasha ha
ganado?
― ¡Si la hermana Sasha apostó al número 4 con nosotras! ¡Es imposible
que gane ella sola!
El marqués Osbond no se molestó en
responder; se limitó a calcular con parsimonia la cantidad de fichas del
premio.
― 323 fichas obtenidas, más un bono de
200... En este juego ha conseguido un total de 523 fichas. Mis felicitaciones, Su Alteza la Princesa Pájaro
Plateado.
Al momento siguiente, las princesas se
quedaron con la boca abierta. Las fichas no fueron desplazadas hacia el lugar
de Sasha, sino hacia el de Orlette.
Fue entonces cuando las princesas comprendieron
la realidad.
― ¡Sasha y la hermana Lette se intercambiaron los asientos...!
― ¡Cielos!
Las fichas no pueden ser transferidas.
Por lo tanto, aunque fuera la mano de Orlette la que realizó la apuesta,
mientras esas fichas fueran las de Sasha y estuvieran en el lugar de Sasha, el
resultado le pertenecería a ella.
Utilizando ese vacío legal, Sasha y Orlette
habían intercambiado sus puestos para confundir por completo a las demás.
― Ah... ¿así que era esto?
Suspiró Liliana, sintiendo una punzada de
dolor por el engaño.
Había sido un error garrafal. Por mucho
que la distancia entre las mesas fuera amplia, no haberse dado cuenta de que se
habían sentado en lugares distintos era un fallo imperdonable de su parte.
Estaban tan absortas en seguir las apuestas
de Sasha y en jugar al gato y al ratón entre ellas que pasaron por alto lo más
importante. Sin embargo, había alguien que se negaba a aceptar cualquier
responsabilidad por la situación actual.
― ¡Qué cobarde! ¡Engañar a los demás de
esa manera! ―chilló Gwendoline.
― Bébete tu complejo de víctima si
quieres. Me da demasiada pereza intentar detener tu inmadurez, ―respondió
Sasha.
― ¡...!
En la actitud de Sasha hacia los
reproches de Gwendoline se filtraba un hartazgo y una molestia evidentes. Durante
un buen rato, Gwendoline fue incapaz de controlar sus temblores, consumida por
la humillación.
Sasha y Orlette volvieron a intercambiar
sus asientos para ocupar sus lugares originales.
― Sasha, cumple tu promesa, ―dijo Orlette.
― Marqués Osbond. Deseo patrocinar una
poción y una espada para el caballero número 6, sir Noah.
― Como desee, Su Alteza la Princesa Pájaro
Plateado.

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