Las hermanas continuaron analizando la
situación de la competencia mientras observaban el tablero.
― Parece que los números 5 y 6 también
han perdido algo de velocidad.
― Tal vez sufrieron heridas leves...
― ¿Entonces los tres que van a la cabeza
están bien?
El marqués Osbond interrumpió el intento de mis hermanas por
encontrar siquiera un pequeño resquicio de esperanza.
― Para mantener el interés, el juego debe
volverse cada vez más difícil. Los ataques sorpresa y los guardianes se
volverán más fuertes a medida que se acerquen a la meta.
― Te agradezco mucho la información, ―respondió
con sarcasmo la hermana Orlette.
― No hay de qué, Su Alteza Princesa
Zafiro.
Con una sonrisa astuta y serpentina en el rostro, el marqués Osbond hizo
girar la ruleta.
― Daremos inicio al segundo juego.
Actualmente, ya se conoce la identidad de los caballeros directos de las Princesa
Pájaro Plateado y de la Princesa Alas Azules. Si la ruleta señala a alguna de
ellas dos, se considerará seleccionada a la princesa más cercana en el sentido
de las agujas del reloj.
La bola de metal de la ruleta se detuvo
en el sector de Nanaen.
― ¿Qué número de caballo será sir
Killian, el caballero de Su Alteza la Princesa Ciervo Dorado? Hagan sus
apuestas, excluyendo los números 2 y 3. Al igual que antes, les daré un minuto
de tiempo antes de proceder con las apuestas.
El tiempo para reflexionar pasó volando.
― De todos modos, la probabilidad es de
una entre cinco. Apostaré por mi número de la suerte, ―dijo Nanaen.
Yo era la siguiente después de ella. Sin
decir una sola palabra, empujé diez
fichas hacia el mismo número: el 7.
― No lo sé. Yo iré con el 1.
― Yo apostaré al 5.
― ¡Vaya, hermana Gwen! ¿De verdad acabas
de apostar al 4? ¿Al caballero que está herido? ― ¿Eh? Yo... solo lo hice
porque nadie más había apostado por él...
Tras una ronda, todas terminaron de
realizar sus apuestas. Una vez más, ninguna de las princesas quiso arriesgar
más fichas de las necesarias.
― La respuesta correcta es el número 7. Se distribuirán las fichas
entre las princesas Ciervo Dorado, Pájaro
Plateado y Cártamo Rojo.
Se repartieron 44, 43 y 43 fichas
respectivamente. Era una cantidad considerablemente mayor a la que realmente
les correspondía recibir según las reglas iniciales.
Mi hermana Orlette no tardó en señalarlo:
― Marqués Osbond, ¿acaso es usted malo en
aritmética?
― Me parece que Sus Altezas no están
disfrutando el juego con suficiente entusiasmo, así que deseo otorgarles un
bono. Entregaré fichas adicionales equivalentes a la cantidad apostada
multiplicada por el número de la ronda actual.
― Básicamente, nos está diciendo que subamos las apuestas, ―murmuró
alguien.
― Así es. El juego solo se vuelve
interesante cuando suben las apuestas, ―afirmó el marqués.
Nadie pareció estar de acuerdo. Entre
nosotras, no había ninguna princesa a la que le gustaran las apuestas. Llegó el
momento del patrocinio. Nanaen
envió una espada; Liliana, al igual que yo hace un momento, envió una espada y
una poción. Por mi parte, yo envié una poción.
― Sasha lleva una racha de victorias.
― Qué suerte tiene.
Daba la casualidad de que en esta mesa
había alguien que simplemente no podía soportar que se dijeran cosas buenas
sobre mí.
― ¿Crees que con una poción será
suficiente? ―soltó Gwendoline.
Ella misma se sobresaltó al darse cuenta
de que sus pensamientos internos se habían escapado en forma de burla. Pero yo
no dejé que el comentario pasara de largo.
― Si vas a ser tan amable de darme una
pista, ¿por qué no me dices también qué tipo de veneno utilizaste?
―.......
― No desvíes la mirada, Gwendoline. Te
estoy hablando a ti, hermana.
― ¡No... no culpes a un inocente! ―balbuceó
ella, tratando de defenderse.
Mantuve la mirada fija en Gwendoline, quien parecía querer cavar
un agujero en el suelo con los ojos. Ni siquiera mi hermana Orlette se atrevió
a intervenir para mediar en la situación.
En ese momento, llegó la hora de la actualización
del tablero y la posición de las piezas cambió. Shushu forzó una voz alegre
para intentar romper el hielo:
― ¡Mi-miren, hermanas! ¡El caballero
número 4 se está moviendo! Parece que se ha recuperado, qué alivio. No sé de
quién será ese caballero, pero Shushu estaba muy preocupada por él. Pe-pero el
caballero número 5 parece haberse vuelto más lento. Quizás esté herido, así que
debemos observar con cuidado.
―.......
― He-hermanas... ―murmuró ella ante el silencio
sepulcral.
Al ver el esfuerzo que hacía Shushu,
decidí ser la primera en romper la tensión:
― Tal como dice Shushu, el dueño del
caballero número 5 debería empezar a ponerse nerviosa. Si no le envía medicinas
pronto, la situación podría complicarse seriamente.
Como si hubiera estado esperando
exactamente ese momento, el marqués
Osbond hizo girar la ruleta.
― Es hora del tercer juego. Esta vez, la
elegida por la ruleta es... la Princesa Luna
Nueva. Por favor, apuesten por el número de “caballo” que corresponde a
sir Heinz.
Solo quedaban cuatro números en la línea
de apuestas. Era una probabilidad del 25%.
― Es hora de apostar, ―anunció el
marqués.
Gwendoline, que se había estado
mordisqueando los padrastros de las uñas durante todo el tiempo de reflexión,
apostó 10 fichas.
― ¿El número 5? ¿Por qué lo crees?
― Solo... es un... presentimiento...
El turno rotó en el sentido de las agujas
del reloj. Cuando llegó mi momento, usé el rastrillo para empujar mis fichas y aposté al número 5, igual que Gwendoline.
Ella reaccionó de inmediato:
― ¿Qué pasa? ¿Por qué me copias?
― Es un malentendido.
― ¡Me has copiado!
― ¿De verdad necesito explicarlo? Tu
simplemente tuviste la suerte de ocupar el primer lugar por azar. Tanto al apostar
estas fichas como al nacer.
Gwendoline me miró con los ojos muy
abiertos, con el pecho agitado por la indignación. Sin embargo, logró calmarse
a duras penas.
― Rosassia, siempre eres igual. Finges
que no te importan los demás, pero te las arreglas para provocar y sacar a la gente
de quicio de forma sutil. Pero tenlo por seguro: hoy es el último día que
podrás comportarte de forma tan odiosa. Al final, acabarás eliminada.
“Ya veremos. ¿De verdad crees eso?”.
Al menos en este juego, no seré yo quien
caiga, sino Gwendoline.
― Las apuestas han termina...
― Subo.
Interrumpí al marqués Osbond para
anunciar el inicio de la segunda ronda de apuestas. Actualmente, me quedaban 83 fichas. De ellas, empujé 70 más hacia el sector del número 5. Como era de esperar, mis
hermanas entraron en pánico.
― ¿Qué pretendes, Sasha? Tengo
exactamente 70 fichas, ¿y apuestas justo esa cantidad?
― ¡A Shushu le pasa lo mismo! ¡Esto es
una tiranía! ―exclamó.
― Yo solo tengo 23 porque patrociné a sir
Julius, ―se quejó Liliana.
― A mí me quedan 4. Aunque pierda esta
vez, podré jugar una ronda más.
― Claro, como Sasha es la que tiene más
fichas entre nosotras, esto es lo que pasa. ¡Ja! ¡Al final, lo que quieres es
obligarnos a todas a ir por todo,
excepto a Nanaen!
Le pregunté con calma a Liliana, que resoplaba de pura
indignación:
― ¿Es realmente para ponerse así? Si no
deseas igualar la apuesta, solo tienes que retirarte, perderás las 10 fichas
que ya apostaste y eso será todo.
― Así es, Su Alteza Cártamo Rojo. De
hecho, mientras las otras princesas deben apostar 70 fichas adicionales, usted
solo necesita poner 23 más, por lo que incluso podría considerarse una ventaja,
―añadió el marqués Osbond.
Era una ocasión excepcional: el marqués
estaba diciendo algo que me favorecía. Realmente debo de estar desempeñando el
papel de villana en este momento.
De todos modos, las demás no me
importaban. Miré fijamente a mi objetivo, Gwendoline, y sentencié:
― Elije. ¿Subes o te retiras?
***
Gwendoline se sumió en un dilema
agonizante. Ella siempre había sido una persona de naturaleza ansiosa, pero
desde el momento en que escuchó que el caballo número 5 podría estar herido,
sintió que sus nervios se disparaban al límite. Por eso, confiando en su propio
instinto, había apostado al 5.
Sin embargo, ahora Sasha no solo parecía
haberle “robado” su intuición al apostar al mismo número, sino que había
lanzado una apuesta adicional que equivalía exactamente a la cantidad de fichas
que le quedaban a Gwendoline.
Llegados a este punto, a Gwendoline solo
le quedaban dos opciones: abandonar las 10
fichas que ya había apostado o morder el anzuelo de Sasha y jugárselo
todo al por todo.
Si su instinto era correcto, no habría
problema. Al ser Gwendoline y Sasha las únicas que habían apostado por el
número 5, la mitad de todas las fichas sobre la mesa pasarían a ser suyas.
Además, tendría suficiente para patrocinar con una poción al herido sir Heinz.
¿Pero y si su instinto fallaba?
Gwendoline perdería toda la apuesta junto
con Sasha. Y al quedarse sin fichas, quedaría completamente eliminada del juego, perdiendo cualquier oportunidad
futura.
Con un panorama tan desolador en caso de
fracaso, ¿podía realmente confiar en su intuición? ¿Valía la pena arriesgarlo
todo basándose en una simple corazonada?
― Yo me retiro.
― Paso.
― Yo también paso.
Una a una, siguiendo el sentido de las
agujas del reloj desde Sasha, Orlette,
Vivian y Liliana renunciaron a realizar la apuesta adicional.
El turno de decidir volvió, una vez más,
a Gwendoline.
“¿Qué hago? ¿Qué voy a hacer?”
Se repetía Gwendoline, presa de la
agitación.
Sasha le habló directamente:
― Apuesta.
―...
― Ambas estamos en el número 5. Si
morimos, moriremos juntas.
― ¡...!
Esa provocación terminó por inclinar la
balanza en la mente de Gwendoline, pero no de la forma esperada.
― ¡No me hagas reír! ¡Solo intentas
matarme a mí sola! ¡A ti te sobran fichas para seguir jugando, pero si yo
apuesto esas 70, me quedaré en la bancarrota!
― Su Alteza Luna Nueva, por favor,
cálme...
― ¡Me retiro!

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