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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 64

 


Las hermanas continuaron analizando la situación de la competencia mientras observaban el tablero.

― Parece que los números 5 y 6 también han perdido algo de velocidad.

― Tal vez sufrieron heridas leves...

― ¿Entonces los tres que van a la cabeza están bien?

El marqués Osbond interrumpió el intento de mis hermanas por encontrar siquiera un pequeño resquicio de esperanza.

― Para mantener el interés, el juego debe volverse cada vez más difícil. Los ataques sorpresa y los guardianes se volverán más fuertes a medida que se acerquen a la meta.

― Te agradezco mucho la información, ―respondió con sarcasmo la hermana Orlette.

― No hay de qué, Su Alteza Princesa Zafiro.

Con una sonrisa astuta y serpentina en el rostro, el marqués Osbond hizo girar la ruleta.

― Daremos inicio al segundo juego. Actualmente, ya se conoce la identidad de los caballeros directos de las Princesa Pájaro Plateado y de la Princesa Alas Azules. Si la ruleta señala a alguna de ellas dos, se considerará seleccionada a la princesa más cercana en el sentido de las agujas del reloj.

La bola de metal de la ruleta se detuvo en el sector de Nanaen.

― ¿Qué número de caballo será sir Killian, el caballero de Su Alteza la Princesa Ciervo Dorado? Hagan sus apuestas, excluyendo los números 2 y 3. Al igual que antes, les daré un minuto de tiempo antes de proceder con las apuestas.

El tiempo para reflexionar pasó volando.

― De todos modos, la probabilidad es de una entre cinco. Apostaré por mi número de la suerte, ―dijo Nanaen.

Yo era la siguiente después de ella. Sin decir una sola palabra, empujé diez fichas hacia el mismo número: el 7.

― No lo sé. Yo iré con el 1.

― Yo apostaré al 5.

― ¡Vaya, hermana Gwen! ¿De verdad acabas de apostar al 4? ¿Al caballero que está herido? ― ¿Eh? Yo... solo lo hice porque nadie más había apostado por él...

Tras una ronda, todas terminaron de realizar sus apuestas. Una vez más, ninguna de las princesas quiso arriesgar más fichas de las necesarias.

― La respuesta correcta es el número 7. Se distribuirán las fichas entre las princesas Ciervo Dorado, Pájaro Plateado y Cártamo Rojo.

Se repartieron 44, 43 y 43 fichas respectivamente. Era una cantidad considerablemente mayor a la que realmente les correspondía recibir según las reglas iniciales.

Mi hermana Orlette no tardó en señalarlo:

― Marqués Osbond, ¿acaso es usted malo en aritmética?

― Me parece que Sus Altezas no están disfrutando el juego con suficiente entusiasmo, así que deseo otorgarles un bono. Entregaré fichas adicionales equivalentes a la cantidad apostada multiplicada por el número de la ronda actual.

― Básicamente, nos está diciendo que subamos las apuestas, ―murmuró alguien.

― Así es. El juego solo se vuelve interesante cuando suben las apuestas, ―afirmó el marqués.

Nadie pareció estar de acuerdo. Entre nosotras, no había ninguna princesa a la que le gustaran las apuestas. Llegó el momento del patrocinio. Nanaen envió una espada; Liliana, al igual que yo hace un momento, envió una espada y una poción. Por mi parte, yo envié una poción.

― Sasha lleva una racha de victorias.

― Qué suerte tiene.

Daba la casualidad de que en esta mesa había alguien que simplemente no podía soportar que se dijeran cosas buenas sobre mí.

― ¿Crees que con una poción será suficiente? ―soltó Gwendoline.

Ella misma se sobresaltó al darse cuenta de que sus pensamientos internos se habían escapado en forma de burla. Pero yo no dejé que el comentario pasara de largo.

― Si vas a ser tan amable de darme una pista, ¿por qué no me dices también qué tipo de veneno utilizaste?

―.......

― No desvíes la mirada, Gwendoline. Te estoy hablando a ti, hermana.

― ¡No... no culpes a un inocente! ―balbuceó ella, tratando de defenderse.

Mantuve la mirada fija en Gwendoline, quien parecía querer cavar un agujero en el suelo con los ojos. Ni siquiera mi hermana Orlette se atrevió a intervenir para mediar en la situación.

En ese momento, llegó la hora de la actualización del tablero y la posición de las piezas cambió. Shushu forzó una voz alegre para intentar romper el hielo:

― ¡Mi-miren, hermanas! ¡El caballero número 4 se está moviendo! Parece que se ha recuperado, qué alivio. No sé de quién será ese caballero, pero Shushu estaba muy preocupada por él. Pe-pero el caballero número 5 parece haberse vuelto más lento. Quizás esté herido, así que debemos observar con cuidado.

―.......

― He-hermanas... ―murmuró ella ante el silencio sepulcral.

Al ver el esfuerzo que hacía Shushu, decidí ser la primera en romper la tensión:

― Tal como dice Shushu, el dueño del caballero número 5 debería empezar a ponerse nerviosa. Si no le envía medicinas pronto, la situación podría complicarse seriamente.

Como si hubiera estado esperando exactamente ese momento, el marqués Osbond hizo girar la ruleta.

― Es hora del tercer juego. Esta vez, la elegida por la ruleta es... la Princesa Luna Nueva. Por favor, apuesten por el número de “caballo” que corresponde a sir Heinz.

Solo quedaban cuatro números en la línea de apuestas. Era una probabilidad del 25%.

― Es hora de apostar, ―anunció el marqués.

Gwendoline, que se había estado mordisqueando los padrastros de las uñas durante todo el tiempo de reflexión, apostó 10 fichas.

― ¿El número 5? ¿Por qué lo crees?

― Solo... es un... presentimiento...

El turno rotó en el sentido de las agujas del reloj. Cuando llegó mi momento, usé el rastrillo para empujar mis fichas y aposté al número 5, igual que Gwendoline.

Ella reaccionó de inmediato:

― ¿Qué pasa? ¿Por qué me copias?

― Es un malentendido.

― ¡Me has copiado!

― ¿De verdad necesito explicarlo? Tu simplemente tuviste la suerte de ocupar el primer lugar por azar. Tanto al apostar estas fichas como al nacer.

Gwendoline me miró con los ojos muy abiertos, con el pecho agitado por la indignación. Sin embargo, logró calmarse a duras penas.

― Rosassia, siempre eres igual. Finges que no te importan los demás, pero te las arreglas para provocar y sacar a la gente de quicio de forma sutil. Pero tenlo por seguro: hoy es el último día que podrás comportarte de forma tan odiosa. Al final, acabarás eliminada.

“Ya veremos. ¿De verdad crees eso?”.

Al menos en este juego, no seré yo quien caiga, sino Gwendoline.

― Las apuestas han termina...

Subo.

Interrumpí al marqués Osbond para anunciar el inicio de la segunda ronda de apuestas. Actualmente, me quedaban 83 fichas. De ellas, empujé 70 más hacia el sector del número 5. Como era de esperar, mis hermanas entraron en pánico.

― ¿Qué pretendes, Sasha? Tengo exactamente 70 fichas, ¿y apuestas justo esa cantidad?

― ¡A Shushu le pasa lo mismo! ¡Esto es una tiranía! ―exclamó.

― Yo solo tengo 23 porque patrociné a sir Julius, ―se quejó Liliana.

― A mí me quedan 4. Aunque pierda esta vez, podré jugar una ronda más.

― Claro, como Sasha es la que tiene más fichas entre nosotras, esto es lo que pasa. ¡Ja! ¡Al final, lo que quieres es obligarnos a todas a ir por todo, excepto a Nanaen!

Le pregunté con calma a Liliana, que resoplaba de pura indignación:

― ¿Es realmente para ponerse así? Si no deseas igualar la apuesta, solo tienes que retirarte, perderás las 10 fichas que ya apostaste y eso será todo.

― Así es, Su Alteza Cártamo Rojo. De hecho, mientras las otras princesas deben apostar 70 fichas adicionales, usted solo necesita poner 23 más, por lo que incluso podría considerarse una ventaja, ―añadió el marqués Osbond.

Era una ocasión excepcional: el marqués estaba diciendo algo que me favorecía. Realmente debo de estar desempeñando el papel de villana en este momento.

De todos modos, las demás no me importaban. Miré fijamente a mi objetivo, Gwendoline, y sentencié:

― Elije. ¿Subes o te retiras?

 

***

Gwendoline se sumió en un dilema agonizante. Ella siempre había sido una persona de naturaleza ansiosa, pero desde el momento en que escuchó que el caballo número 5 podría estar herido, sintió que sus nervios se disparaban al límite. Por eso, confiando en su propio instinto, había apostado al 5.

Sin embargo, ahora Sasha no solo parecía haberle “robado” su intuición al apostar al mismo número, sino que había lanzado una apuesta adicional que equivalía exactamente a la cantidad de fichas que le quedaban a Gwendoline.

Llegados a este punto, a Gwendoline solo le quedaban dos opciones: abandonar las 10 fichas que ya había apostado o morder el anzuelo de Sasha y jugárselo todo al por todo.

Si su instinto era correcto, no habría problema. Al ser Gwendoline y Sasha las únicas que habían apostado por el número 5, la mitad de todas las fichas sobre la mesa pasarían a ser suyas. Además, tendría suficiente para patrocinar con una poción al herido sir Heinz.

¿Pero y si su instinto fallaba?

Gwendoline perdería toda la apuesta junto con Sasha. Y al quedarse sin fichas, quedaría completamente eliminada del juego, perdiendo cualquier oportunidad futura.

Con un panorama tan desolador en caso de fracaso, ¿podía realmente confiar en su intuición? ¿Valía la pena arriesgarlo todo basándose en una simple corazonada?

― Yo me retiro.

― Paso.

― Yo también paso.

Una a una, siguiendo el sentido de las agujas del reloj desde Sasha, Orlette, Vivian y Liliana renunciaron a realizar la apuesta adicional.

El turno de decidir volvió, una vez más, a Gwendoline.

“¿Qué hago? ¿Qué voy a hacer?”

Se repetía Gwendoline, presa de la agitación.

Sasha le habló directamente:

Apuesta.

―...

― Ambas estamos en el número 5. Si morimos, moriremos juntas.

― ¡...!

Esa provocación terminó por inclinar la balanza en la mente de Gwendoline, pero no de la forma esperada.

― ¡No me hagas reír! ¡Solo intentas matarme a mí sola! ¡A ti te sobran fichas para seguir jugando, pero si yo apuesto esas 70, me quedaré en la bancarrota!

― Su Alteza Luna Nueva, por favor, cálme...

― ¡Me retiro!

 







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