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Seduciendo al padre del villano - CAPÍTULO 5

 


Y así, de una manera espectacular, fracasó. Mi ambicioso Plan A se fue al garete. Pensar que se derrumbaría de forma tan lamentable antes de que pudiera hacer el más mínimo intento... Estuve a punto de soltar lo que sería mi suspiro número 145, pero me mordí el labio inferior. Reacciona. ¿Hasta cuándo vas a seguir lamentándote?

— Muy bien. Ya que las cosas han llegado a esto, ¡iremos con el Plan B!

Murmuré entre dientes con determinación, lo que hizo que Fernandis, que venía siguiéndome los pasos, diera un respingo y me mirara con cautela. Sin importarme lo más mínimo su reacción, caminé a zancadas con los ojos echados chispas de pura furia.

Si no podía evitar la invasión de Belgot a Lvovni... ¡entonces, a falta de algo mejor, al menos evitaría el secuestro de mi hermana, Tezebia!

De ahí nació el Plan B: ¡evitar que el Emperador de Belgot secuestrara a mi hermana Tezebia!

Mientras saboreaba este Plan B, que no tenía nada que envidiarle al Plan A, mi espíritu de combate se encendió, pero de inmediato me quedé paralizada ante una duda que golpeó mi mente.

«Por cierto... ¿cuándo exactamente era que Belgot invadía Lvovni?».

— No lo... recuerdo.

Tras esbozar una sonrisa digna de la benevolencia de Buda y rebuscar una vez más en mi memoria, terminé pegando un grito de frustración:

— ¡No me acuerdo! ¡No viene a mi mente!

A mis espaldas, un asustado Fernandis dio un brinco en el aire. Pero, una vez más, él no estaba entre mis prioridades. Juraría que al mismísimo principio de la novela se mencionaba la fecha de la invasión de Belgot de forma muy clara y detallada, ¡pero no podía ser que no lo recordara! Es más, tenía la certeza absoluta de que se volvía a mencionar una vez que la trama ya había avanzado bastante. El problema era que solo recordaba el hecho de que se mencionaba.

Bueno, era algo natural si tenía en cuenta que en el pasado solo me la pasaba buscando el romance de los protagonistas y pasaba de largo todas las descripciones del trasfondo político.

¡Yo del pasado que no leyó con atención, lárgate a morir! Aunque ya estás muerta, ¡muérete una vez más!

Me llevé las manos a mi alborotado cabello rosa, que parecía un algodón de azúcar, y respiré hondo.

— No, mantén la calma. Tú puedes. Tiene que haber algo que recuerdes...

Y no lo había. Los recuerdos se evaporaban rápidamente de mi cabeza hacia el aire. De hecho, sentía que cuanto más trataba de forzar la memoria, más se me olvidaba.

Al final, solté una maldición y me crucé de brazos. Sabía a ciencia cierta que se avecinaba una tragedia, pero no tener idea de cuándo ocurriría era desesperante. ¿Qué pasaría si en medio de la noche, mientras todos dormían plácidamente, mi hermana Tezebia desaparecía de la nada?

Definitivamente, no había nacido para ser la heroína oculta que salvaría al reino. Al verme temblar debido a un repentino escalofrío, Fernandis preguntó con preocupación:

— ¿Tiene frío, Princesa?

— Sí, un poco...

Tengo frío porque el futuro que se avecina es demasiado aterrador. Me muero de frío. Si me quedo aquí de brazos cruzados, terminaré recibiendo al ejército imperial en bandeja de plata mientras invaden el castillo real.

Ah, esto no puede seguir así. Apreté ambos puños y tomé una decisión. ¡Por ahora, esconderé a mi hermana y a Brisney!

Pero bueno, incluso si intentaba esconder a mi hermana, ¿a dónde se suponía que la llevaría? Los únicos lugares que conocía en todo Lvovni eran el palacio real y la residencia Lebanon. Por eso, desde ese mismo día, me instalé en la mansión del duque y comencé a seguir a mi hermana Tezebia a solas a todas partes durante todo el día.

— Yeni, últimamente tu semblante no se ve muy bien, ¿ocurre algo malo?

— No, no pasa nada.

— ¿Entonces por qué me sigues a todos lados de esta manera? Aunque, por supuesto, eres adorable sin importar lo que hagas...

Mi hermana Tezebia sonrió con una expresión de dilema. Fue solo cuando ella desvió la mirada de reojo que me percaté de que la había seguido incluso hasta el interior del cuarto de baño, por lo que retrocedí con una sonrisa un tanto incómoda. Qué patética me veo, por Dios...

«Bueno, no queda de otra. Si no hago al menos esto, estos momentos tan felices llegarán a su fin».

A mí me gustaba este mundo tan cálido y hermoso. Tanto el Reino de Lvovni que, aunque pequeño, desbordaba calidez como esta familia que me llenaba de amor sin saber que la verdadera Yerenica había desaparecido por completo... La única manera en que yo, quien de pronto había tomado posesión de este cuerpo, podía corresponder a ese amor que me brindaban era despejando los nubarrones que se cernían sobre su destino.

En la obra original, el proceso hasta el nacimiento de Brisney fue sumamente tormentoso. Para empezar, antes de que siquiera naciera, su madre, mi hermana Tezebia, era secuestrada y llevada al imperio por el ejército de Belgot; así que, desde el mismísimo inicio, cualquier esperanza de una vida pacífica se había ido al traste. Por si fuera poco, el Duque Lebanon, padre de Brisney, partía en una expedición militar hacia el imperio con el fin de rescatar a su esposa embarazada, pero terminaba muriendo en combate.

Después de aquello, debido a que Belgot y Lvovni no lograban llegar a un acuerdo mutuo, Brisney tuvo que vivir en el imperio junto a su madre durante diez largos años. Sin embargo, la felicidad tampoco tocó a las puertas de madre e hija tras su regreso a la patria; Tezebia contraía una enfermedad infecciosa cuando Brisney apenas tenía doce años y terminaba exhalando su último suspiro. Llegados a este punto, era innegable que Brisney había tenido una infancia verdaderamente trágica...

¿Y qué había del protagonista masculino, Alexio? La situación familiar de su lado era igual de desdichada. Su padre, Fernandis quien ahora era mi caballero guardián, perdía una pierna y un ojo en esa misma expedición militar donde el Duque Lebanon perdió la vida. En la novela aparecía una y otra vez la escena del pequeño Alexio sirviendo de apoyo a su padre discapacitado. Al recordarlo ahora, resultaba verdaderamente desgarrador.

Mientras rememoraba con melancolía los acontecimientos de la obra original, una voz desenfadada interrumpió mis pensamientos:

— ¿Se puede saber qué haces aquí? Teniendo el castillo real disponible.

Esta voz pertenecía a Sergei Lebanon, el amigo de la infancia de Yerenica y hermano menor del Duque Lebanon. Sergei entraba y salía de mi habitación casi todos los días desde que me había instalado en la mansión del duque. Yo, abrazando un cojín mientras me recostaba cómodamente en la cama, respondí con desgano:

— ¿Y tú qué vas a saber? No entenderías los profundos pensamientos de esta hermana mayor.

— ¿Acaso tú sabes lo que es tener un pensamiento profundo?

— Cállate, amigo mío.

Le arrojé el cojín con suma amabilidad. Por supuesto, el cojín cayó sin fuerzas al suelo, ni siquiera cerca de Sergei. Él sacudió la cabeza de un lado a otro con incredulidad.

— Ya lo eras antes, pero definitivamente te has vuelto toda una marimacho en estos últimos meses. Viéndote así, nadie diría que eres la princesa de una naci...

— ¿Quieres que vaya yo misma a taparte la boca?

Sergi era un apuesto joven de cabello negro y ojos de un verde intenso. Se suponía que era amigo de Yerenica desde que eran muy pequeños; esa era otra configuración de la que se hacía mención en apenas una línea de pasada en la obra original.

A decir verdad, el peso de Yerenica en la novela original era prácticamente equivalente a cero. Aparecía una vez en la escena donde Tezebia era secuestrada por el Emperador de Belgot; luego, aparecía otra vez llorando desconsoladamente tras la muerte de Tezebia. De resto, solo había unas cuantas líneas que describían cómo miraba a Brisney con ojos afectuosos de vez en cuando. Eso era todo. Cómo era su personalidad original, cuál era su aspecto exacto, con quién se había casado o qué tipo de vida había llevado... nada de eso aparecía en la obra original. En «Brisney quiere ser feliz», Yerenica no era más que un personaje secundario sin ningún rol especial.

— Un personaje secundario sin relevancia...

— ¿Qué?

— No, nada.

En cualquier caso, por fortuna parecía que la Yerenica original tenía una personalidad muy similar a la mía, a juzgar por el hecho de que las personas a mi alrededor no notaban una gran discrepancia. Aunque también cabía la posibilidad de que simplemente yo me hubiera adaptado demasiado bien.

Rodé una vez más sobre la cama. Davu-ruru. Habría sido estupendo ser una simple extra sin preocupaciones, pero ¿cómo terminé involucrada en esto...?

Sergei me observaba ahora con una mirada de profunda seriedad. Yo, completamente desparramada, solté unas palabras con total desgano:

— Oye, Ser.

— ¿Mmm?

— Tienes que medir bien el tiempo y venir a salvarme, ¿entendido?

— ¡¿Qué?!

Sergei puso una expresión de absoluto desconcierto.

— ¿Y por qué tendría yo que ir a salvarte? Si Sir Cardier está siempre a tu lado.

— Lo harás. Sin duda alguna.

Porque así lo escribió el autor. Recordando la primera escena de «Brisney quiere ser feliz», di otra vuelta sobre la cama. Aquella era la escena donde Yerenica tenía, por primera y última vez, más de dos líneas de diálogo: el preciso instante justo antes de que Tezebia fuera secuestrada. La descripción de la novela cruzó por mi mente como si la estuviera viendo en una pantalla:

[—¡Sergei, te encargo a Yerenica! —gritó Tezebia. El estrépito del metal chocando y los gritos desgarradores resonaban por doquier, obligándola a alzar la voz con todas sus fuerzas.

Vio cómo el rostro de su hermana menor se descompuso por el horror.

— ¡Hermana! ¡¿Y tú qué...?!

Tezebia sacudió la cabeza. Arrastrar su pesado cuerpo de embarazada para intentar huir solo causaría que la capturaran en un abrir y cerrar de ojos. Además, el objetivo del ejército imperial de Belgot era la familia real. Yerenica era la última princesa que le quedaba a Lvovni desde que ella misma se había convertido en la Duquesa de Lebanon. Después de su madre y su padre, Yerenica debía ser la primera en ser evacuada.

Yerenica estiró la mano entre lágrimas:

— ¡Hermana!

— ¡Yeni, tenemos que irnos!

— ¡Suéltame, Ser! ¡Hermana!

El rostro de Sergei, quien arrastraba a Yerenica a la fuerza, también era un poema. Aquella figura que lloraba a moco tendido comenzó a alejarse cada vez más. Tezebia se mordió el labio inferior con fuerza. A partir de este momento, tenía que mantenerse completamente alerta. Por el bien de la hija que llevaba en su vientre.]

Y gracias a eso, Yerenica es rescatada sana y salva sin perder un solo mechón de cabello. Me aseguré de grabarle la advertencia a Sergei con total firmeza:

— Confío en ti, Sergei.

— Ya estás otra vez diciendo cosas raras.

Por alguna razón, no me inspiraba mucha confianza, pero supuse que solo era idea mía.








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