― Ah… ―balbuceé. Entonces, lo recordé. ― Cuando le puse el veneno a Regen... creo que tragué un poco sin querer.
― ¿Me está diciendo que ha estado así todo este tiempo?
― Eso creo.
Solo tenía un antídoto conmigo. Y, por supuesto, se lo había dado a él;
ahora no me quedaba nada.
Regen pareció darse cuenta de inmediato. Sin preguntar por el antídoto, me
levantó en vilo de un solo movimiento. Mis pies se separaron del suelo y
terminé abandonando todo el peso de mi cuerpo en sus brazos.
Desconcertada, alcé la vista y me encontré con su rostro a escasos
centímetros del mío.
― Rodée mi cuello con sus brazos, ―ordenó.
Era una frase que solía escuchar a menudo cuando nos besábamos, así que por
un momento me sentí confundida. Sin duda, la fiebre me estaba afectando
seriamente.
― Regen…
― Resista solo un poco más.
Conmigo en brazos, Regen comenzó a atravesar el jardín a paso veloz.
Su pecho se sentía como el lugar más seguro del mundo. Con esa certeza
absoluta, perdí el conocimiento por completo.
***
Cuando Regen regresó a la habitación de la Princesa Pájaro Plateado,
cargando a Sasha, Hamel quien ya se había enterado de la situación a través de
la red de información del palacio, había preparado todo con astuta rapidez.
Regen cumplió su parte tras administrarle el antídoto a Sasha y recostarla
en la cama. Cambiar el vestido de Sasha por ropa más cómoda y refrescar su
cuerpo con toallas húmedas para bajar la fiebre eran tareas que quedaban fuera
de su jurisdicción.
A pesar de haber recibido el antídoto, Sasha pasó toda la noche sumida en
el delirio y consumida por la fiebre. La resistencia al veneno entre un
caballero de físico formidable y una princesa de constitución ordinaria era,
inevitablemente, abismal.
Desde la perspectiva de Regen, Sasha era un ser de una fragilidad extrema.
No podía sacudirse la ansiedad de que, tal vez, ella no lograra resistir.
Por voluntad propia, se quedó junto a la cabecera de Sasha durante toda la
noche, sustituyendo a las doncellas. Sostuvo una de sus manos como si estuviera
rezando, apoyándola contra su frente mientras repetía una y otra vez:
― Pronto se pondrá bien.
Le decía a ella las palabras que él mismo más necesitaba escuchar.
Soportó cada segundo en que los débiles gemidos de dolor de Sasha
estrujaban su corazón. Solo cuando el cielo se tiñó de un negro absoluto,
entrada ya la madrugada, la respiración de ella recuperó finalmente la calma.
Pasó mucho tiempo más hasta que, cuando el exterior de la ventana comenzaba
a teñirse con la penumbra del amanecer, Sasha finalmente abrió los ojos.
― Mmm...
― Sasha, ¿estás consciente?
― Regen.
Su garganta estaba ronca tras haber pasado toda la noche gimiendo de dolor.
Al notar que su voz sonaba fatal, Sasha cerró la boca de inmediato.
En cuanto ella hizo el esfuerzo de incorporarse para sentarse, Regen le
acercó personalmente un vaso de agua a los labios.
― Sasha, ahora parece que vuelves a la vida.
Sentada con la espalda apoyada en varias capas de almohadas, Sasha quedó
frente a Regen, quien permanecía sentado en un taburete. Ella sintió cómo la
mirada de él la recorría minuciosamente, escaneándola centímetro a centímetro
en busca de cualquier rastro de dolor remanente.
Sasha esperó pacientemente hasta que la ansiedad en sus ojos dorados
comenzara a disiparse.
Regen soltó un pequeño suspiro antes de dejar escapar las palabras:
― Realmente... estaba muy preocupado.
― Yo también.
― Me refiero a lo mucho que sufriste tú, Sasha.
― ¿Acaso una persona enferma no tiene derecho a preocuparse también? ―replicó ella.
Las prioridades de quien había pasado la noche cuidando y de quien había
estado inconsciente eran muy distintas. Para Regen, cuya prioridad absoluta era el bienestar de Sasha,
resultaba frustrante. Después de haberlo hecho pasar por semejante angustia,
ella todavía intentaba desviar la atención. Sin embargo, era difícil discutir
con una paciente.
― Está bien. ¿Cómo podría yo ganarle una discusión a Su Alteza?
― Parece que ya me has ganado. Me estás echando en cara el hecho de llamarme
por mi nombre con ese tono, ―dijo Sasha, fingiendo estar ofendida.
Al ver que Sasha giraba la cabeza como si estuviera resentida, Regen se
estremeció.
Era una injusticia. Por mucho que él intentara imponerse usando simplemente
un nombre, no se comparaba con la forma en que la princesa, con un solo gesto,
era capaz de estrujarle el corazón y luego soltarlo a su antojo.
Por supuesto, al ver que Regen no respondía, Sasha captó rápidamente el
ambiente e intentó consolarlo con palabras más suaves:
― Estoy bien. Como puedes ver, ya me he recuperado por completo.
―.......
― ¿Te preocupaste mucho?
Regen contuvo la respiración por un momento antes de soltarla lentamente. ¿Podía
la palabra “mucho” describir realmente ese peso?
Rememoró la angustia que lo había carcomido durante todas las horas en que
el mundo permaneció a oscuras. Desde el instante en que surgió la posibilidad
de que la mujer frente a él no despertara, Regen tuvo que raspar el fondo de su
paciencia para no perder el control.
No sabía exactamente qué era lo que estaba conteniendo, pero tenía la
certeza de que, si no resistía, se perdería a sí mismo.
Como suele ocurrir con quienes reviven un mal recuerdo, la mirada de Regen
se ensombreció. Sus ojos, ahora bajos, se posaron en la mano de Sasha, que
descansaba delicadamente sobre la manta. Era la misma mano que él había
mantenido prisionera entre las suyas durante toda la noche.
― ¿Regen?
Sin decir palabra, él tomó la punta de sus dedos. En el subconsciente de
Regen, la mano de Sasha ya le pertenecía a medias.
Su pulgar comenzó a acariciar el dorso de la mano de ella, recorriendo uno
a uno los nudillos que sobresalían con elegancia, como si estuviera
reconociendo su forma.
Solo Regen ignoraba que la naturaleza de ese contacto se asemejaba
demasiado a una caricia íntima.
― No vuelvas a enfermarte, por favor.
―......
Ante esas palabras tan directas y despojadas de artificio, Sasha fue la
única que se sintió avergonzada y desvió ligeramente la mirada.
― Siempre me esfuerzo en ello. Cuidar la salud es importante, después de todo.
― Esfuérzate más. Hazlo por mí.
― Está bien.
Sasha asintió como si estuviera hechizada mientras Regen le dedicaba una
sonrisa. Cada vez que obtenía una respuesta satisfactoria de ella, él le
regalaba su sonrisa más deslumbrante.
― Debe de tener hambre.
La bandeja de comida que ya estaba preparada fue trasladada a la mesa de
noche. Como era de esperar, Regen no permitió que Sasha sostuviera la cuchara.
Últimamente, debido a la mirada vigilante de Demia, no había podido
alimentarla directamente, pero ahora que ella acababa de despertar tras una
enfermedad, no tenía reparos en retomar su papel de “hermano excesivamente
protector”.
Mientras Sasha comía, la conversación derivó hacia los eventos del día.
― Me lo contó la Princesa Ciervo Dorado. Mientras yo me convertía en un
caballo de carreras, tú te convertiste en la mayor apostadora del casino.
― Fue gracias a ti, Regen.
― 2, 6, 5, 1, 3, 7, 4. Memorízalo.
Antes de que comenzara la competencia, mientras Sasha deslizaba el veneno
en la boca de Regen, él había susurrado una serie de códigos en su oído.
Esa lista de números correspondía a los dorsales que los caballeros
directos habían sacado en el sorteo. El orden de los números seguía, de manera
intuitiva, desde la primera princesa hasta la más joven.
― ¿Cómo supiste que memorizar los números sería útil? ―preguntó ella.
― No me pareció que el Marqués de Osbond fuera a organizar un sorteo sin un
propósito oculto. El hecho de que separaran a los caballeros de sus princesas
también era sospechoso. Me alegra que captaras el significado y supieras usarlo
tan bien.
― Te digo que fue gracias a ti, Regen.
Pero Regen no le estaba atribuyendo el mérito a Sasha por mera cortesía.
Lo cierto era que, antes del inicio, Regen había escuchado a Bellinger
susurrarle el mismo código a Vivian. Sin embargo, Vivian lo ignoró por
completo, dejándolo pasar como un comentario sin importancia.
Además, ganar en las apuestas y presionar a Gwendoline para obtener el
antídoto eran proezas totalmente distintas. Si Regen había logrado sobrevivir,
era enteramente porque su princesa era Sasha.
― Ya que me has salvado la vida, Sasha, no sé cómo podré pagártelo.
― No es necesaria ninguna recompensa.
― ¿Por qué?
― Bueno, es obvio... ¿no?
― ¿Es porque soy tuyo?
Regen se atrevió a sacar a relucir aquella audaz declaración que ella le
había soltado justo después de su beso.
Por alguna razón, la valentía que Sasha mostró en aquel entonces
desapareció sin dejar rastro; con las mejillas encendidas, se quedó sumida en
un silencio absoluto.
Y Regen también sintió un extraño vuelco en el corazón.
Cuando lo escuchó de labios de ella, solo sintió un ligero aturdimiento y
una aceleración en el pulso, pero ahora que era él quien lo pronunciaba en voz
alta, sentía que el pecho le palpitaba hasta el punto del dolor y que sus
sentidos se desvanecían.
Parecía que el aire del dormitorio se había impregnado de un calor sutil.
Durante ese extraño silencio, Sasha y Regen se dedicaron a analizar
frenéticamente la reacción del otro.
Tras un intenso forcejeo invisible por ver quién rompía el hielo primero,
Regen perdió.
― Parece que ya has terminado de comer, así que...
―.......
Sasha alzó su rostro sonrosado para mirar a Regen. Sus ojos estaban
cargados de una evidente expectativa.
― Descansa.
Sasha se sobresaltó al ver que Regen se daba la vuelta para marcharse.
Antes de que las palabras pudieran salir de su boca, su mano se adelantó y
atrapó con fuerza el borde de la ropa de él.
― ¿Lo de hoy...?
―.......
― ¿Vamos a saltárnoslo?

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