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Tomando al príncipe de un país enemigo como mi Caballero - CAPÍTULO 75

 

Quería responder. Pero no podía hacerlo.

Solo me había sentido cautivada por Regenhard Lohengrin. Él no podría haber ignorado el sonido de mis latidos, que se aceleraban cada vez que uníamos nuestros labios. E incluso ahora, mi corazón latía con fuerza ante él.

Por lo tanto, si afirmaba en este lugar, la identidad de mi primer amor quedaría al descubierto. En el palacio imperial, si se descubre el amor, uno corre peligro. Por eso, resistí la mirada dorada que me observaba con persistencia.

― Me acojo al derecho a guardar silencio.

― Entiendo.

Al verlo retirarse sin insistencia, pareció que no tenía tanta curiosidad después de todo. Él me tendió la mano para escoltarme. Comprendí que era una señal para regresar al palacio anexo y me di la vuelta para retomar el camino.

Fue entonces cuando lanzó un ataque sorpresa.

― ¿Alguna vez se ha sentido cautivada por Dominic?

― ¿Estás loco?

Mi reacción fue casi instintiva. Me sorprendí a mí misma por el tono tan mordaz de mi respuesta, y pensé que Regen también se desconcertaría, pero su reacción fue distinta a lo que esperaba.

― Ya veo.

La curva en la comisura de sus labios era evidente. Protesté en voz baja:

― Qué malo eres. Hay cosas con las que no se debe bromear.

― ¿Bromear? Es un malentendido.

― Entonces, ¿por qué te ríes?

― ¿Me he reído?

― Sí.

Él puso una expresión seria. ¿Acaso ni siquiera era consciente de que se estaba burlando de mí? Eso lo hacía aún peor.

― Aquí.

―.....

― Las comisuras de tus labios están hacia arriba.

Levanté el dedo índice y presioné con fuerza la comisura de su boca. Los ojos de Regen se agrandaron y, de repente, atrapó mi mano con firmeza.

― Ah.

Tanto él como yo nos quedamos desconcertados al mismo tiempo.

Lo ocurrido esta mañana se solapó con la situación actual. Me refería a cuando lo toqué sin reservas y terminé con las manos entrelazadas, siendo frenada de golpe.

Me sentí sumamente avergonzada de mí misma por repetir el mismo error, a pesar de haber recibido un rechazo tan claro una vez. Tanto por lo de esta mañana como por lo de ahora, era evidente que a Regen le disgustaba que alguien le pusiera la mano encima.

Después de todo, los besos no eran más que parte del tratamiento del núcleo de maná. Yo estaba cayendo en un error, perdiendo el autocontrol e intentando cruzar la línea por mi cuenta.

“Debo reaccionar. Si no recupero la cordura, terminaré quedando en ridículo”.

― Tendré más cuidado.

―..... No. Yo he sido el grosero.

Como estaba segura de que sus palabras eran mera cortesía, retiré mi mano como si la estuviera escondiendo. Caminé mirando solo hacia adelante, sin dirigirle la vista.

 

***

Durante todo el camino de regreso al palacio anexo, Regen tuvo que contener sus suspiros.

Debido a que él había tomado erróneamente el ligero contacto de Sasha como una provocación, el ambiente se había arruinado. Ahora que ella había sido quien marcó la distancia y retrocedió, sería difícil volver atrás.

Sasha, por su parte, actuaba con total normalidad, como si él fuera el único que seguía dándole vueltas a lo ocurrido. Con la misma expresión y el mismo paso de siempre, se limitaba a seguir su camino.

Llegaron al pasillo del segundo piso del palacio anexo. Justo antes de entrar a la habitación del Pájaro Plateado, Sasha giró sobre sus talones.

― Regen, entra tú. Tengo un lugar al que debo pasar antes.

― ¿A dónde se dirige?

― A la habitación Zafiro.

Parecía que tenía algo que consultar con la princesa Orlette. ¿Sería una charla confidencial entre hermanas? Debido al momento de incomodidad de hace poco, Regen no quería separarse de Sasha en absoluto.

― Si me lo permite, la acompañaré.

― Hmm... Supongo que no hay problema.

Caminaron por el pasillo bañado por la luz del atardecer hasta llegar frente a la habitación Zafiro. Al llamar a la hermosa puerta, decorada en púrpura y oro, salió una doncella.

― Mis respetos a Su Alteza, la Princesa del Pájaro Plateado.

― Vengo a ver a mi hermana Lette. ¿Se encuentra dentro?

― Sí, está aquí, pero... bueno... La haré pasar de inmediato.

La doncella, tras un breve instante de vacilación, guio a Sasha y a Regen hacia la sala de recepción. Nada más entrar, lo primero que vieron fue al caballero personal de cabello castaño, de pie con una expresión de total descontento.

― ¿Sir Noah?

― Mis saludos a Su Alteza, la Princesa del Pájaro Plateado...

Tenía un rostro malhumorado que jamás mostraría frente a Orlette.

― No tienes buena cara. ¿Ha sucedido algo?

― No es nada.

Sasha cambió la pregunta:

― ¿Qué está haciendo mi hermana Lette?

―.....

De repente, Noah puso una expresión de profundo agravio y señaló con la mirada hacia la puerta que conducía al dormitorio. ¿Qué demonios intentaba comunicar con ese lenguaje corporal?

Ante los ojos desconcertados de Sasha y Regen, la puerta de la habitación se abrió de par en par.

― ¡Vaya, pero si es ella!

― ¿No es acaso Su Alteza, la Princesa del Pájaro Plateado?

― ¡Qué honor encontrarme con Su Alteza!

Tres hombres de físicos robustos aparecieron a medio vestir, acomodándose la ropa. Era evidente qué habían estado haciendo y dónde hasta hace apenas un momento.

Sasha y Regen se quedaron sin palabras. Aunque era un hecho bien conocido que las noches de la Princesa Zafiro, Orlette, eran bastante ruidosas, no era fácil mantener la compostura al presenciar la escena en persona.

Al ver a los hombres semidesnudos salir envueltos en un calor sofocante en lugar de vestimenta, Sasha se quedó petrificada justo cuando iba a levantar su taza de té.

Aquellos hombres, elegidos según los gustos de Orlette, desbordaban carisma y zalamería. Se acercaron a Sasha sin dudarlo.

― He oído hablar mucho de usted a través de Su Alteza, la Princesa Zafiro.

― Siento que voy a perder el juicio ante la belleza de la Princesa del Pájaro Plateado. Desearía componer un poema de alabanza para ofrecérselo ahora mismo.

― ¿Me permitiría el atrevimiento de presentarle mis respetos, Su Alteza?

Aquellos hombres semidesnudos intentaron rozar el dorso de la mano de Sasha con sus labios. Regen reaccionó al instante.

― ¡Retrocedan!

¿Cómo se atrevían estos seres impuros, con sus vestimentas desordenadas y modales libertinos, a intentar tocar a la princesa? Al ser intimidados por su mirada gélida, los hombres retrocedieron soltando hipos de terror.

Regen, conteniendo su furia, se volvió hacia Sasha. Le preocupaba que se sintiera profundamente ofendida tras haber tenido a esos tipos tan indecentes merodeando frente a ella.

“¿Sasha?”

Sin embargo, al contrario de lo que él esperaba, Sasha observaba fijamente los cuerpos de los hombres. Ella pensaba para sus adentros, aturdida:

“¿Esas marcas... las habrá hecho mi hermana Orlette?”

Le resultaban extrañas las marcas rojizas que quedaban en los hombros y pectorales de los sujetos. Le sorprendía que Orlette hubiera llegado a clavar sus uñas y morder la piel de alguien.

“A ese nivel, es casi como si hubiera perdido la razón...”

Si de Orlette se trataba, era una princesa evaluada como alguien tan fría como la propia Sasha. Para ella, era natural sentirse tensa ante la idea de que esa podría ser su propia imagen en el futuro.

Por otro lado, Regen, al observar que Sasha no podía apartar la vista de los cuerpos de aquellos hombres, inhaló profundamente como si intentara contener algo.

Parecía que ella estaba hechizada por ellos, pues sus ojos ni siquiera parpadeaban. No podía seguir permitiendo que el objeto de su profunda contemplación fuera el cuerpo de otros hombres.

― Su Alteza.

―.....

― Su Alteza.

―….

― ¡Su Alteza!

―... Ah.

Solo después de que Regen la llamara con firmeza, Sasha volvió en sí.

― Es que... estaba desconcertada.

Eso parecía. Ella había estado llevándose la taza a los labios una y otra vez, sin notar siquiera que estaba vacía. Aun así, sus movimientos eran tan elegantes y serenos que, de no haber sido por Regen, nadie habría notado su agitación.

Regen sintió una ligera sensación de traición. Apenas esta mañana, Sasha se había excitado ante él. ¿Acaso ese deseo y esa curiosidad que ella mostró no iban dirigidos a él, sino simplemente hacia los hombres en general? Al pensar eso, su estado de ánimo decayó por completo.

Mientras tanto, aquellos sujetos no dudaron en hundir el humor de Regen aún más en el abismo. Complacidos por recibir la atención de Sasha, hacían alarde de sus cuerpos de forma descarada, flexionando sus pectorales de un lado a otro o contoneando sus cinturas con dinamismo. Incluso, con expresiones sugerentes, soltaron palabras como estas:

― Si alguna vez necesita a un hombre que le sea útil por la noche, no dude en llamarme.

― Será un placer estar a su servicio.

― Haré todo lo posible por convertirme en el deleite de Su Alteza.

Aunque pretendían hablar de “servicio”, Regen no se dejó engañar. Podía leer claramente la intención en sus ojos; era evidente que, tras quedar prendados de la belleza de la princesa, intentaban seducirla con palabras pretenciosas.

Sasha, sin responder, volvió a llevarse la taza vacía a los labios.

En comparación con la barrera inexpugnable que solía levantar siempre, ese silencio de Sasha se inclinaba, a ojos de Regen, hacia una señal positiva. Ahora, de verdad, el ánimo de Regen no podía hundirse más.

― Lo siento. ¿Han esperado mucho?

En ese momento, Orlette, con la ropa puesta de cualquier manera, salió a la sala de recepción.


 




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