Quería responder. Pero no podía hacerlo.
Solo me había sentido cautivada por Regenhard
Lohengrin. Él no podría haber ignorado el sonido de mis latidos, que se
aceleraban cada vez que uníamos nuestros labios. E incluso ahora, mi corazón
latía con fuerza ante él.
Por lo tanto, si afirmaba en este lugar,
la identidad de mi primer amor quedaría al descubierto. En el palacio imperial,
si se descubre el amor, uno corre peligro. Por eso, resistí la mirada dorada
que me observaba con persistencia.
― Me acojo al derecho a guardar silencio.
― Entiendo.
Al verlo retirarse sin insistencia,
pareció que no tenía tanta curiosidad después de todo. Él me tendió la mano
para escoltarme. Comprendí que era una señal para regresar al palacio anexo y
me di la vuelta para retomar el camino.
Fue entonces cuando lanzó un ataque
sorpresa.
― ¿Alguna vez se ha sentido cautivada por
Dominic?
― ¿Estás loco?
Mi reacción fue casi instintiva. Me
sorprendí a mí misma por el tono tan mordaz de mi respuesta, y pensé que Regen
también se desconcertaría, pero su reacción fue distinta a lo que esperaba.
― Ya veo.
La curva en la comisura de sus labios era
evidente. Protesté en voz baja:
― Qué malo eres. Hay cosas con las que no
se debe bromear.
― ¿Bromear? Es un malentendido.
― Entonces, ¿por qué te ríes?
― ¿Me he reído?
― Sí.
Él puso una expresión seria. ¿Acaso ni
siquiera era consciente de que se estaba burlando de mí? Eso lo hacía aún peor.
― Aquí.
―.....
― Las comisuras de tus labios están hacia
arriba.
Levanté el dedo índice y presioné con
fuerza la comisura de su boca. Los ojos de Regen se agrandaron y, de repente,
atrapó mi mano con firmeza.
― Ah.
Tanto él como yo nos quedamos
desconcertados al mismo tiempo.
Lo ocurrido esta mañana se solapó con la
situación actual. Me refería a cuando lo toqué sin reservas y terminé con las
manos entrelazadas, siendo frenada de golpe.
Me sentí sumamente avergonzada de mí
misma por repetir el mismo error, a pesar de haber recibido un rechazo tan
claro una vez. Tanto por lo de esta mañana como por lo de ahora, era evidente
que a Regen le disgustaba que alguien le pusiera la mano encima.
Después de todo, los besos no eran más
que parte del tratamiento del núcleo de maná. Yo estaba cayendo en un error,
perdiendo el autocontrol e intentando cruzar la línea por mi cuenta.
“Debo reaccionar.
Si no recupero la cordura, terminaré quedando en ridículo”.
― Tendré más cuidado.
―..... No. Yo he sido el grosero.
Como estaba segura de que sus palabras
eran mera cortesía, retiré mi mano como si la estuviera escondiendo. Caminé
mirando solo hacia adelante, sin dirigirle la vista.
***
Durante todo el camino de regreso al
palacio anexo, Regen tuvo que contener sus suspiros.
Debido a que él había tomado erróneamente
el ligero contacto de Sasha como una provocación, el ambiente se había
arruinado. Ahora que ella había sido quien marcó la distancia y retrocedió,
sería difícil volver atrás.
Sasha, por su parte, actuaba con total
normalidad, como si él fuera el único que seguía dándole vueltas a lo ocurrido.
Con la misma expresión y el mismo paso de siempre, se limitaba a seguir su
camino.
Llegaron al pasillo del segundo piso del
palacio anexo. Justo antes de entrar a la habitación del Pájaro Plateado, Sasha
giró sobre sus talones.
― Regen, entra tú. Tengo un lugar al que
debo pasar antes.
― ¿A dónde se dirige?
― A la habitación Zafiro.
Parecía que tenía algo que consultar con
la princesa Orlette. ¿Sería una charla confidencial entre hermanas? Debido al
momento de incomodidad de hace poco, Regen no quería separarse de Sasha en
absoluto.
― Si me lo permite, la acompañaré.
― Hmm... Supongo que no hay problema.
Caminaron por el pasillo bañado por la
luz del atardecer hasta llegar frente a la habitación Zafiro. Al llamar a la
hermosa puerta, decorada en púrpura y oro, salió una doncella.
― Mis respetos a Su Alteza, la Princesa
del Pájaro Plateado.
― Vengo a ver a mi hermana Lette. ¿Se
encuentra dentro?
― Sí, está aquí, pero... bueno... La haré
pasar de inmediato.
La doncella, tras un breve instante de
vacilación, guio a Sasha y a Regen hacia la sala de recepción. Nada más entrar,
lo primero que vieron fue al caballero personal de cabello castaño, de pie con
una expresión de total descontento.
― ¿Sir Noah?
― Mis saludos a Su Alteza, la Princesa
del Pájaro Plateado...
Tenía un rostro malhumorado que jamás
mostraría frente a Orlette.
― No tienes buena cara. ¿Ha sucedido
algo?
― No es nada.
Sasha cambió la pregunta:
― ¿Qué está haciendo mi hermana Lette?
―.....
De repente, Noah puso una expresión de
profundo agravio y señaló con la mirada hacia la puerta que conducía al
dormitorio. ¿Qué demonios intentaba comunicar con ese lenguaje corporal?
Ante los ojos desconcertados de Sasha y
Regen, la puerta de la habitación se abrió de par en par.
― ¡Vaya, pero si es ella!
― ¿No es acaso Su Alteza, la Princesa del
Pájaro Plateado?
― ¡Qué honor encontrarme con Su Alteza!
Tres hombres de físicos robustos
aparecieron a medio vestir, acomodándose la ropa. Era evidente qué habían
estado haciendo y dónde hasta hace apenas un momento.
Sasha y Regen se quedaron sin palabras.
Aunque era un hecho bien conocido que las noches de la Princesa Zafiro, Orlette,
eran bastante ruidosas, no era fácil mantener la compostura al presenciar la
escena en persona.
Al ver a los hombres semidesnudos salir
envueltos en un calor sofocante en lugar de vestimenta, Sasha se quedó
petrificada justo cuando iba a levantar su taza de té.
Aquellos hombres, elegidos según los
gustos de Orlette, desbordaban carisma y zalamería. Se acercaron a Sasha sin
dudarlo.
― He oído hablar mucho de usted a través
de Su Alteza, la Princesa Zafiro.
― Siento que voy a perder el juicio ante
la belleza de la Princesa del Pájaro Plateado. Desearía componer un poema de
alabanza para ofrecérselo ahora mismo.
― ¿Me permitiría el atrevimiento de
presentarle mis respetos, Su Alteza?
Aquellos hombres semidesnudos intentaron
rozar el dorso de la mano de Sasha con sus labios. Regen reaccionó al instante.
― ¡Retrocedan!
¿Cómo se atrevían estos seres impuros,
con sus vestimentas desordenadas y modales libertinos, a intentar tocar a la
princesa? Al ser intimidados por su mirada gélida, los hombres retrocedieron
soltando hipos de terror.
Regen, conteniendo su furia, se volvió
hacia Sasha. Le preocupaba que se sintiera profundamente ofendida tras haber
tenido a esos tipos tan indecentes merodeando frente a ella.
“¿Sasha?”
Sin embargo, al contrario de lo que él
esperaba, Sasha observaba fijamente los cuerpos de los hombres. Ella pensaba
para sus adentros, aturdida:
“¿Esas
marcas... las habrá hecho mi hermana Orlette?”
Le resultaban extrañas las marcas rojizas
que quedaban en los hombros y pectorales de los sujetos. Le sorprendía que Orlette
hubiera llegado a clavar sus uñas y morder la piel de alguien.
“A ese nivel,
es casi como si hubiera perdido la razón...”
Si de Orlette se trataba, era una
princesa evaluada como alguien tan fría como la propia Sasha. Para ella, era
natural sentirse tensa ante la idea de que esa podría ser su propia imagen en
el futuro.
Por otro lado, Regen, al observar que
Sasha no podía apartar la vista de los cuerpos de aquellos hombres, inhaló
profundamente como si intentara contener algo.
Parecía que ella estaba hechizada por
ellos, pues sus ojos ni siquiera parpadeaban. No podía seguir permitiendo que
el objeto de su profunda contemplación fuera el cuerpo de otros hombres.
― Su Alteza.
―.....
― Su Alteza.
―….
― ¡Su Alteza!
―... Ah.
Solo después de que Regen la llamara con
firmeza, Sasha volvió en sí.
― Es que... estaba desconcertada.
Eso parecía. Ella había estado llevándose
la taza a los labios una y otra vez, sin notar siquiera que estaba vacía. Aun
así, sus movimientos eran tan elegantes y serenos que, de no haber sido por
Regen, nadie habría notado su agitación.
Regen sintió una ligera sensación de
traición. Apenas esta mañana, Sasha se había excitado ante él. ¿Acaso ese deseo
y esa curiosidad que ella mostró no iban dirigidos a él, sino simplemente hacia
los hombres en general? Al pensar eso, su estado de ánimo decayó por completo.
Mientras tanto, aquellos sujetos no
dudaron en hundir el humor de Regen aún más en el abismo. Complacidos por
recibir la atención de Sasha, hacían alarde de sus cuerpos de forma descarada,
flexionando sus pectorales de un lado a otro o contoneando sus cinturas con
dinamismo. Incluso, con expresiones sugerentes, soltaron palabras como estas:
― Si alguna vez necesita a un hombre que
le sea útil por la noche, no dude en llamarme.
― Será un placer estar a su servicio.
― Haré todo lo posible por convertirme en
el deleite de Su Alteza.
Aunque pretendían hablar de “servicio”,
Regen no se dejó engañar. Podía leer claramente la intención en sus ojos; era
evidente que, tras quedar prendados de la belleza de la princesa, intentaban
seducirla con palabras pretenciosas.
Sasha, sin responder, volvió a llevarse
la taza vacía a los labios.
En comparación con la barrera
inexpugnable que solía levantar siempre, ese silencio de Sasha se inclinaba, a
ojos de Regen, hacia una señal positiva. Ahora, de verdad, el ánimo de Regen no
podía hundirse más.
― Lo siento. ¿Han esperado mucho?
En ese momento, Orlette, con la ropa
puesta de cualquier manera, salió a la sala de recepción.

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