Poseer al Rey de los homúnculos 9.
― Eso es realmente importante.
Aunque Iby todavía era menor de edad, era una excelente maga. Iby terminó inmediatamente la hora del té, como si fuera algo obvio.
― Entonces ve a entrenar, nos vemos mañana.
―... ¿Nos vemos mañana?
― Sí. ¿Por qué?
No es que Iby no pudiera decir nada, pero Michael pareció sorprendido. Ella no pensó que fuera porque lamentaba que la hora del té terminase pronto. Michael preguntó de nuevo como si estuviera tratando de confirmar.
― ¿Mañana? ¿Ya acabamos por hoy?
― Es usual terminar temprano el primer día.
― ¿Estás segura de que no me llamarás por la noche?
― ¿Quieres qué te llame?
― No, no es eso.
― Bien. Dijiste que necesitabas entrenar.
La intención de Iby de fomentar un lazo con Michael era pura. Michael murmuró con un rostro ligeramente aturdido.
―... No pensé que me dejarías ir.
― ¿Eh?
― No…, No es nada.
Michael se tragó una risa amarga. Generalmente en el día de la ceremonia de imprimación había una desagradable y amarga costumbre imperial de pedirle al homúnculo que pasara la noche para realizarle una inspección.
Siendo el palacio un semillero de depravación, Michael se estaba preparando mentalmente ya que pensaba que Iby podría ser como cualquier otro miembro de la Familia Imperial.
Pero al final, se sintió avergonzado en su interior.
― Entonces me iré ahora. Descansa bien, Princesa.
― Sí, nos vemos mañana.
Michael se inclinó con el brazo derecho en el pecho, para dar el saludo formal que hacían los Caballeros e Iby simplemente se despidió sin formalidades, agitando la mano.
Michael salió de la habitación y Cedella lo siguió para despedirlo. Tan pronto como salieron al pasillo, Cedella, cerró la puerta detrás de ella y llamó a Michael.
― Sir Agnit.
― ¿Qué ocurre?
Cedella miró a Michael gentilmente, pero sin sonreír, habló calmadamente con un rostro neutral:
― Es muy raro que su Majestad sirva el té ella misma. Hasta ahora solo ha ocurrido en 3 ocasiones: su maestro de alquimia, el dueño de la torre mágica, y Su Majestad la Cuarta Emperatriz... Todas esas son personas que su Majestad Ibyenrose respeta. Pero ahora Sir Agnit es el cuarto... Solo quería que lo supiera.
Cedella le informó a Michael que la buena voluntad de Iby nunca fue algo común. Su apariencia fue efectiva, por lo que Michael respondió con una cara seria.
― Ya veo. Lo tendré en cuenta.
― Sí, Espero su amable cooperación. ―dijo Cedella sonriéndole al fin.
Iby se fatigó bastante con la ceremonia de imprimación. Como consecuencia, se durmió y abrió los ojos a la mañana siguiente.
Se despertó bebiendo el té earl grey que Cedella había preparado cuidadosamente.
― ¿Y Michael?
― Está esperando en el salón.
― ¿Ya?, Debería darme prisa.
Iby se vistió de una manera mucho más sencilla que ayer.
El vestido de hoy tenía un diseño con rayas verticales grises y de color cielo que le daban un aire cortés. Fue peinada con un medio moño y la parte superior se sujetó con horquillas con perlas. Después de aplicar un maquillaje ligero y accesorios, Iby salió al salón que estaba conectado directamente al dormitorio.
― Hola, Michael. Buenos días.
― Buenos días, Princesa.
― ¿Cómo estuvo todo ayer?
― No hay nada especial que informar.
― Hmmm. Es un alivio.
Michael llevaba una gabardina con un cinturón donde colgaba una espada. Aunque era un suministro básico, era un elemento imperial y él era un Caballero que se preocupaba por su dignidad. Se veía bien usando un ceñido uniforme con un cinturón ajustado en la cintura.
Iby fue hasta su mesa de trabajo e hizo la mezcla de té con esencia de limón que le había prometido a Desmond II para ganarse su favor.
Antes de que partieran hacia el Palacio Principal, Iby avisó a Michael:
― Michael, tienes que ser educado delante de mi Padre.
― Lo sé.
― También tienes que ser formal conmigo.
― Por supuesto.
― ¿Te gustaría practicar el uso de honoríficos?
― Te preocupas demasiado. No tienes confianza.
― Debemos tener cuidado.
Michael hizo caso a Iby y pareció estar preocupándose hasta por el mínimo detalle. Pronto Michael, que tenía un rostro serio, cayó sobre una rodilla al suelo.
Los labios de Michael tocaron el dorso de la mano izquierda de Iby. El beso de cortesía dejó una extraña sensación en su piel. Iby estaba un poco desconcertada, Michael la miró con una mirada profunda, como si hubiera estado sirviendo a Iby durante una década.
― Dedicaré todo mi corazón y alma a su Majestad, la Séptima
Princesa Imperial.
―…
Con una postura perfecta y añadiendo un rostro hermoso, Iby pensó que estaba viendo una obra de arte. Iby sintiéndose muy avergonzada instó rápidamente a Michael para que se levantara.
― Levántese, Sir Agnit.
― Sí, Su Alteza.
Incluso el movimiento de levantar su cuerpo según el gesto de la mano de Iby fue tan poderoso como el movimiento de una espada.
Al final de la práctica, Michael volvió a preguntar con halago:
― ¿Tú también harás un saludo de cortesía?
― Por supuesto, hagámoslo en ocasiones formales. Creo
que es una de las pocas señales de respeto que puedo darle a Sir Agnit.
―... Si eso quieres.
Pretendió responder de forma despreocupada, pero no podía ignorar a Iby, quien lo trataba con sumo cuidado de muchas maneras.
Cedella, quien verificó la hora en ese momento, dijo:
― Su Alteza, tiene que irse ahora.
― Está bien, volveré pronto.
Iby fue al Palacio Principal con Michael.
Poco después de esperar en el salón donde los hizo pasar el sirviente, fueron llamados por el Emperador.
― Bienvenida, Iby. ―Desmond II saludó con una imponente atmósfera, estaba
sentado en una elegante silla decorada con oro y rubíes.
― La Séptima Princesa Imperial, Ibyenrose Chloe
Hadellamid, saluda a su Padre, el Sol del Imperio. Espero que se encuentre
bien.
― Sí, hmmm...
La mirada de Desmond estaba fija en Michael, quien estaba dando un saludo de cortesía detrás de Iby. Con una elegante mirada escaneó a Michael de arriba abajo.
― Es el monstruo de la prisión flotante.
― Sí, Padre. Éste es Michaelis Agnit.
― Sí, es el mismo monstruo repugnante que rechazó mí bendición. ―dijo Desmond con voz molesta.
Iby habló con cautela.
― Alivie su ira, Padre. Hasta donde tengo entendido,
no fue la voluntad de Sir Agnit rechazar la ceremonia.
― ¿Entonces?
― Como era de esperar, había una anomalía en el
circuito de maná de Sir Agnit. El flujo de maná de Sir Agnit no tiene
comparación entre los homúnculos. Parece que gracias a que el flujo de su maná
estuvo bloqueado por los brazaletes de restricción durante mucho tiempo, torció
su circuito de maná. Debido al delicado diseño de los homúnculos, el circuito
de maná no podría funcionar correctamente al estar torcido.
― Oh, ¿Entonces como lo hiciste?
Sin inmutarse, Iby ideó un relato que fuera convincente para Desmond II.
― Te lo pregunté, Iby. ¿Cómo resolviste el problema?
― En el momento cuando llegué, la zona donde el circuito de maná se había torcido se volvió visible. El circuito de Sir Agnit se volvió normal al detonar la parte que estaba bloqueando el flujo. Tuve mucha suerte.
La mirada de Desmond II se volvió pesada al mirar a Iby.
― ¿Tuviste suerte?
Desmond tuvo muchas dudas ante su respuesta. Iby estaba nerviosa.
“La creación de los homúnculos es un derecho exclusivo del Emperador. En otras palabras, él sabe mejor sobre ellos. ¿Quizá no sueno convincente?”
Un sudor frío recorrió el cuello de Iby. Desmond II levantó la atmósfera con una sonrisa.
― Iby, ¿De qué tienes miedo?
― ¿Disculpe?
― ¿Por qué tienes tanto miedo de revelar tus
habilidades?, ¿Acaso le sigues teniendo tanto miedo al trono?
― ¿...Ah?
Iby pudo entender las palabras de Desmond II solo después de parpadear tres veces.
“No, Padre. ¡Con lo que dijiste me has dado una gran ventaja...!”
Era el momento de mostrar su ingenio. Iby dijo con una mirada solemne en su rostro:
― Si dijera que no, estaría mintiendo. El trono de mi
Padre es demasiado deslumbrante e inalcanzable para mí. Ya que mis sentimientos
hacia Padre no son simplemente temor, sino más bien son de asombro, e incluso
respeto. No puedo simplemente inclinarme ante Padre y retroceder.
― Ja, no sabía que mi séptima hija fuera una oradora tan elocuente. ―Desmond parecía complacido.
Iby se sintió un poco extraña al recibir una mirada que era completamente diferente a las que había recibido en su vida pasada.
― Es todo. Como miembro de la Familia Imperial estoy
orgulloso de que hayas comenzado a comportarte correctamente, no tengo
intenciones de exigirte más.
― Gracias, Padre.
― Hiciste un buen trabajo con el grabado de ese monstruo de la prisión flotante. Es bastante gratificante tener a un monstruo como ese vistiendo un uniforme. Se ve bien estando limpio y obediente.
Iby se sintió incómoda al escuchar cómo se refería despectivamente a Michael como “monstruo”. Iby decidió hacer un comentario valiente, apoyándose en el favor que había comenzado a ganar.
― Padre, con el debido respeto, Michaelis Agnit se ha
convertido en mi Caballero Personal desde ayer, así que creo que lo correcto
sería llamarlo Sir Agnit ahora.
― Jajaja, claro Iby, tienes razón. Pero para que pueda ser reconocido como un verdadero Caballero, hay un procedimiento que debe realizarse antes, ¿No es así?
Justo en ese momento, el
ambiente cambió y se enfocó en la ceremonia del juramento de lealtad. Iby se
sintió nerviosa a pesar de que se había preparado bien.
Desmond II apoyó su mentón sobre su mano. Ordenó con una actitud arrogante y una expresión aburrida.
― Michaelis Agnit.
― Sí, Su Majestad.
― Levántate y acércate a el Emperador.


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