La espada y la flor del Palacio Imperial 2.
Michael envainó la espada gravemente dañada. Habían pasado cinco días desde que empezó a entrenar. Y gracias al apoyo activo de Iby, Michael ya había derrotado a más de diez golems de piedra, haciendo que el filo de su espada fuera casi inservible.
― Debiste cuidar más tu espada. El filo de una espada
es más débil que un golem.
― Ha pasado tiempo desde que usé mi flujo de maná.
Mientras entrenaba perfeccionando mis movimientos, la hoja de la espada se
dañó. Sin embargo, cuando la Séptima Princesa me entregue una nueva espada,
empezaré a usarla con cuidado.
― Oh, ya veo. Te dará una espada...
La mirada de Sylvestian reflejó un pequeño atisbo de envidia, pero rápidamente se borró. Michael lo miró detenidamente por un momento, de pronto, extendió su mano derecha para darle un apretón de manos.
― Ahora que lo pienso, no me he presentado. Soy
Michaelis Agnit, Caballero Personal de la Séptima Princesa, aunque parece que
ya lo sabes. ¿Qué hay de ti?
― Sylvestian Millard, miembro de los Caballeros de la
Guardia Imperial.
― ¿No eres un Caballero Personal?
― Todavía no, pero lo seré pronto.
― Eres el Caballero que fue elegido por la Octava
Princesa.
― Sí... Es realmente un honor...
Bajar la cabeza y balbucear, eran acciones que estaban muy lejos de sentir orgullo. Inmediatamente. Sylvestian aclaró cautelosamente el propósito real de su acercamiento a Michael.
― Michael, en realidad quiero preguntarte algo.
― ¿Qué cosa?
― Escuché que, si le permites a la Familia Imperial imprimarte, cambiarás desde ese momento, ¿es cierto?
Sylvestian parecía angustiado por la inminente ceremonia de imprimación. Era algo comprensible, por lo que Michael estaba dispuesto a contestar.
― Bueno, es solo mi tercer día aquí por lo que no
estoy seguro, pero creo que definitivamente ese es el caso. Nunca he sido muy
emocional antes, pero después de ser imprimado, se sintió un poco extraño
ponerla naturalmente como mi máxima prioridad. No sé si tiene sentido lo que
digo, pero es como si mi voluntad se adaptara a la persona con la que hice el
juramento.
― Entonces, después de realizar la ceremonia de
imprimación, ¿dedicaré con fervor mi absoluta lealtad a la Octava Princesa?
― Tal vez.
― Entiendo. Quizás sea mejor así...
Aquellas palabras parecían haber sido reconfortantes para Sylvestian.
“Este tipo, ya tenía a otro miembro de la Familia Imperial en mente.”
Michael vio a través de Sylvestian.
“Incluso si es así, no sirve de nada pensar en ello, ya que se trata de la Familia Imperial.”
En ese momento, Michael recordó la breve mirada hostil con la que lo miró Sylvestian, cuando le dijo que Iby le daría una espada. Él se sintió molesto por alguna razón. ¿Qué fue eso?, Poco después Michael le dijo:
― Tal vez no.
― ¿Qué?
― Lo que me llamó la atención es que incluso después
de la imprimación aun así los odiaba. Parece ser que no cambias por completo
antes y después de la imprimación. Solo reduce la sensación de rechazo.
― Dijiste que serías sincero. ¿Por qué ahora dices
algo distinto?
― Dije que tal vez, pero no estoy seguro.
― Te estás burlando de mí... ―Sylvestian le dio una mirada feroz.
Por supuesto, eso solo estimuló la malicia de Michael en vez de intimidarlo.
― De todos modos, ¿No fuiste entrenado en el centro
de formación para ser leal a cualquier miembro de la Familia Imperial?, No
puedo creer que estés tratando de elegir a tu dueño. Que desleal, Sir Millard.
― Ja, que gracioso que tú digas eso. ―dijo Sylvestian sin mostrarse disgustado.
Dada su falta de lealtad y de emoción, parecía ser que no era un homúnculo ordinario. Por lo que Michael cambió su actitud seriamente.
― No pienses mal. Incluso si es doloroso, es mejor
tener una actitud subjetiva. Para la Familia Imperial, un homúnculo es una cosa
que pueden desechar como un objeto. Es más doloroso si pierdes tu voluntad
volviéndote unilateralmente leal a ellos y luego te abandonan.
― Bueno, eso es cierto. ―Sylvestian asintió silenciosamente.
Fue entonces, mientras Sylvestian estaba perdido en sus pensamientos, le hizo una pregunta inquietante a Michael, sorprendiéndolo con la guardia baja:
― Michael, entonces tú, ¿Crees que la Séptima Princesa Imperial podría abandonarte?
Era una pregunta fácil, pero extrañamente, sus labios no se movían.
Michael tenía muy bajas expectativas en lo que se refería a la Familia Imperial, pero Iby también era un miembro de esa familia por lo que debería afirmar de inmediato la pregunta que le hizo Sylvestian.
Sin embargo, Michael no fue capaz de admitirlo. Esto se debía a que la idea era tan desagradable que ni siquiera se atrevió a imaginarla. De repente, los ojos de Michael se tornaron visiblemente turbios. Sylvestian, notando esto, se retractó rápidamente.
― Disculpa, te hice una pregunta grosera. No creo que
sea necesario pensar en esa posibilidad. Su Alteza la Séptima Princesa no es
ese tipo de persona.
― Así es. ―Solo entonces, los
ojos de Michael regresaron a la normalidad.
― Me temo que he interferido demasiado con tu
entrenamiento. Disfruté platicar contigo, Michaelis.
― Igual yo. Ha pasado un tiempo desde que hablé con
alguien.
― La próxima vez me gustaría que nos enfrentáramos en
un duelo de espadas.
― Lo esperaré con ansias.
Los dos Caballeros homúnculos se dieron la mano y se despidieron prometiendo tener un duelo en otra oportunidad.
***
Por otro lado, el número de personas en la residencia de Iby aumentó. Iby se sentó en el sofá de la sala y la saludaron dos chicas y un joven.
― Soy Lian Díaz, me presento a su majestad, la
Séptima Princesa.
― Yo soy Fiony Granice. Saludos majestad, la Séptima
Princesa.
― ¡Yo soy Hugh, el tercer hijo de la familia Ba, Balzamik! ¡Es un honor servir a su majestad!
Como era de esperarse, la elección de la Tercera Emperatriz fue tan buena como esperaba. A Iby le gustaron los sirvientes porque parecían honestos y sinceros a pesar de tener distintas personalidades.
― Bienvenidos a mi Palacio, espero que ayuden a
Cedella y a mí en el futuro.
― Sí, Su Gracia.
Cedella, la doncella exclusiva de Iby, comenzó inmediatamente a instruirles. Esto hizo que Iby se sintiera más tranquila, ya que esto reduciría en gran medida la carga de Cedella, que era la única que se había encargado de cuidar del Palacio de la Séptima Princesa hasta ahora.
Los nuevos sirvientes originalmente trabajaban para la Tercera Emperatriz, Fenella, por lo que sabían cómo era el trabajo en el Palacio. Después de una breve sesión de entrenamiento, Iby llamó a Cedella a su habitación.
Tenía algo importante que
hacer.
― Cedella, por favor ve a la herrería que se
encuentra en las afueras del Palacio.
― ¿Mandará a forjar una espada para Sir Agnit?
― Sí. Esta es la hoja con el pedido. El lugar es la Herrería Riblow, el propietario es un hombre llamado Balbo Riblow, pero no es muy conocido, por lo que puede que te tome algo de tiempo encontrarlo.
Balbo Riblow era un herrero desconocido que no veía la luz del día, debido a su inmersión en la herrería. Sería solo dentro de cinco años que se volvería famoso, tras ser descubierto por el Marqués de Chansley, el encargado del financiamiento político de Brigitte.
Sus herramientas fueron amadas por muchos aristócratas, pero seguía sufriendo de pobreza a causa de injustos contratos.
“No puedo esperar para conocerlo.”
Esta vez, sería Iby quien descubriría al herrero y lo volvería famoso.
En su anterior vida, la espada de Michael, también fue forjada por Balbo. Ella quería darle a Michael una espada lo más similar posible a la que tuvo en su vida pasada. El arte era uno de los aspectos culturales que se le enseñaban a las Princesas, por lo que el dibujo que añadió a su solicitud fue bastante plausible.
Asimismo, Iby tenía más recados para Cedella.
― Y busca un taller de alquimia que podamos adquirir.
Sería bueno si fuera uno pequeño de tres personas donde podamos contratar al
mismo personal, y que esté equipado con un sistema de pociones de alquimia.
― Se refiere... ¿A un taller de alquimia?
― Sí. El número de empleados de la residencia en el
Palacio ha aumentado, así que debemos hacer un nuevo presupuesto. Es por ello,
que estoy pensando en hacer un pequeño negocio donde pueda utilizar mi
habilidad, por eso necesito el taller de alquimia.
― Está bien, Majestad.
― Si vas al gremio de talleres de alquimia y
preguntas, te contactarán con un lugar que cumpla con las condiciones que te
pedí. Si después de ver el lugar crees que es adecuado, firma el contrato de
adquisición de inmediato. Aquí está mi sello. No sería bueno que sepan que soy
una Princesa, así que firma el contrato con otro nombre, solo asegúrate de
estampar el sello. De esta forma el contrato mágico tendrá validez.
― No tengo conocimientos sobre alquimia, ¿está bien
que firme un contrato para adquirir un taller de alquimia según mi criterio?
― Sí, está bien. ―Iby asintió sin dudarlo.
A partir de ahora, Cedella tendría que lidiar con muchos de estos asuntos. Por lo que era necesario que fuera desarrollando un buen ojo.
― Puedes cometer errores o fallar. Pero haz todo lo que
puedas, Cedella.
― Entiendo, su excelencia. ¿Hay algo más que quiera
que haga?
Iby reflexionó por un momento y luego habló:
― Bueno, entonces... ¿Podrías pasar por el área sur
del río Labello y ver si hay una buena casa en el centro de la ciudad?, Hmm,
creo que las casas podrían subir de precio en esa zona. Estoy pensando en
invertir, pero no puedo comprar de inmediato una, pero echa un vistazo para ver
si te gusta alguna.
― Sí, Su Majestad. ―dijo aceptando las incomprensibles órdenes de su ama y luego se retiró.
Luego de que Iby quedara sola en el dormitorio, agitó su mano en el airé y un montón de documentos que estaban escondidos en el dosel de la cama volaron mágicamente hacia sus manos.
Era información que había recopilado durante cinco días para volver a entrar al mundo de la alta sociedad. Los documentos contenían datos de personas a las que necesitaba contactar en el banquete de cumpleaños de Rosie.
Por ahora, todo lo que tenía
que hacer era utilizar el taller de alquimia para tener un negocio con el cual
pudiese obtener dinero. Asimismo, tendría que buscar información sobre la mina
de Piedra Filosofal. Es por ello que Iby tomó varios libros prestados de la
biblioteca del Palacio Imperial, y abrió varios de ellos al mismo tiempo
creando una nueva pila de documentos.


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