― Entonces, por si acaso... ¿el hecho de que su Alteza me
haya estado tratando con tanta cortesía, siendo yo un simple caballero, también
ha sido por eso...?
Debo ser descarada.
― Sí. Porque pensé que mi hermano mayor había regresado a
mi lado.
Él guardó
silencio, como si estuviera abrumado por la emoción. Es momento de rematar la
jugada.
― ¿No podría intentar llamarte así al menos una vez?
―….
― Hermano.
Exprimí la voz más
tierna y melancólica que pude emitir. No olvidé mirarlo con los ojos
entrecerrados, como si estuviera a punto de llorar. Él inhaló profundamente,
inflando su pecho, y de repente giró la cabeza hacia otro lado.
¿Qué ha sido eso?
¿Ha tenido el efecto contrario? ¿Me he pasado? Justo cuando empezaba a entrar
en pánico por no saber qué más hacer, él finalmente habló después de un largo
rato.
― Entiendo.
Sus ojos, llenos
de determinación, me miraron fijamente. Parece que ha caído.
“Definitivamente, en una estafa, el ímpetu lo es todo”.
Parece que basta
con presionar con confianza. Acabo de aprender algo muy malo. Sin embargo, era
demasiado pronto para aliviarse por haber logrado mi objetivo.
― Entonces, su Alteza... ¿qué es exactamente lo que desea
que haga y cómo quiere que lo haga?
Eso deberías
saberlo tú mejor que yo, ya que dijiste que tenías una hermana menor de mi
edad. Por supuesto, no podía decir eso, así que invoqué con todas mis fuerzas
el concepto idealizado de “hermano mayor” que tenía en mi mente.
― Cuando estemos a solas, por favor llámame Sasha. Mi
hermano solía llamarme por mi apodo.
― ¿Cómo me atrevería yo a llamar así a su Alteza Imperial?
― Si no pensabas llamarme así, ¿para qué preguntas?
Simplemente fingí
estar un poco ofendida, pero sus ojos se nublaron por la culpa. Una vez más,
sentí que realmente soy la hija del emperador loco. Lo normal sería que mi
conciencia me doliera tanto que no pudiera ni respirar por engañar a una
persona tan bondadosa, pero ahora mismo tenía más ganas de ver su reacción.
Tras vencer a duras penas la sangre del tirano que corre por mis venas, abrí la
boca.
― Está bien. Si no te nace hacerlo...
― Sasha.
―....
Me estremecí sin
darme cuenta. Pensando que no lo había escuchado, él mantuvo su mirada firme y
volvió a pronunciar mi nombre con la punta de la lengua.
― Sasha.
Esto no parece ser
bueno para mi corazón. Me llevé la taza a los labios para ocultar mi agitación.
Solo después de inhalar y exhalar profundamente, fingiendo que tragaba el té,
pude finalmente dar la respuesta adecuada para este juego de rol.
― Sí, hermano.
Después de
aquello, ni él ni yo dijimos nada durante un rato. Fue él quien huyó primero de
aquel ambiente incómodo.
― Dejémoslo por
hoy.
― Está bien.
― Cuando haya
ojos observando, cumpliré con mi deber.
― Entiendo. Por
cierto, no he escuchado tu nombre. ¿Cómo debería llamarte, sir caballero?
Él dudó un
momento antes de responder.
—... Ya que me
he convertido en el caballero de su Alteza Imperial, deseo abandonar mi pasado
y recibir un nombre nuevo. Llámeme como le resulte más cómodo.
Si es así...
― Sir Regen.
―.....
― Es el nombre
de mi hermano mayor.
Seguramente,
entre los sesenta y siete príncipes fallecidos, habría al menos uno llamado
Regen. Sus labios se entreabrieron por reflejo. Antes de que pudiera objetar,
sentencié:
― ¿Hay algún
problema?
―.... No,
ninguno.
― Perfecto.
Entonces te llamaré Sir Regen, hermano Regen o simplemente Regen.
Él tomó la
copa que tenía delante y bebió el contenido, como si sintiera el pecho
oprimido. Yo me alegré al ver esa reacción.
― ¿Por qué me
mira así?
― Porque has
bebido por voluntad propia.
¿Acaso no era
esa una prueba de que había recuperado el deseo de vivir? En ese ambiente mucho
más relajado, pude hacerle la invitación.
― Bien, entonces, ¿cenamos?



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