Vivian,
la hermana mayor, nunca terminó su débil protesta. La sala de audiencias quedó
inquietantemente silenciosa al ver la mirada aguda de Axelion. El hombre puso
los ojos en blanco con disgusto, la expresión del emperador loco se curvó en
una sonrisa burlona y cariñosa.
―
Como ya no quedan príncipes en mi linaje, planeo elegir un sucesor entre
ustedes. Sin embargo, no puedo someter a mis queridas hijas a la misma competencia
brutal que los príncipes. Después de todo, soy un padre que las aprecia y las
ama profundamente.
―…
―
Por lo tanto, planeo llevar a cabo esta contienda sucesoria en forma de una
guerra por poder. El prisionero que elijan lucharán en su lugar.
Las
intenciones del loco Emperador eran obvias.
La
escena del combate de gladiadores, que se celebró públicamente para humillar a
mis hermanos varones, también ayudó a fortalecer el poder imperial de Axelion.
Al
proporcionar a los súbditos de la capital entretenimiento estimulante, los
alentó a centrarse en el placer en lugar de criticar al emperador.
Pan
y circo. Era un método ancestral que se utilizó para mantener a las masas
ignorantes y sumisas.
“Parece
que vas a hacerle eso al esclavo gladiador de las princesas”
Es
insultante llamarlo línea de sucesión. No es más que un pasatiempo superficial
cuyo premio es el trono.
Lo
aborrecía. Odiaba al emperador loco, e incluso su propia sangre, que corría por
mis venas.
―
Hermana Sasha.
Nanaen
susurró para que sólo yo pudiera escuchar.
―
¿A quién vas a elegir?
―…
―
Por favor, elije al caballero también para mí, por favor. Sabes que no se me
dan bien estás cosas.
No respondí.
―
Supongo que estás de mal humor, entonces dime sí o no. ¿Qué hay con el caballero
de la primera fila que tiene el brazo izquierdo lesionado? El pelirrojo.
Sentí
una ola extremadamente fuerte de poder mágico proveniente de él. Parece que los
sentidos de Nanaen han mejorado un poco después de todo.
―
Has lo que quieras.
―
Supongo que fue una buena elección ya que no dijiste nada. Confiaré en ti,
hermana.
Nanaen
levantó suavemente el dobladillo de su vestido y dio un paso adelante primero.
Su dedo índice, muy audaz, apuntaba directamente al joven que aún conservaba
algunos aspectos infantiles.
― Abamama,
tomaré este caballero.
―
Eres rápida de movimientos, Nana.
―
Este es un regalo de Abamama. ¿Por qué rechazaría la oportunidad de elegir lo
mejor?
Algunas
hermanas se impacientaron ante la mención de “el primero en llegar, es el
primero en ser atendido”
―
Yo también tengo que elegir el mío.
―
No puedo ver muy bien la última fila…
―
Vamos a caminar y examinarlos uno por uno.
Las
hermanas comenzaron a caminar entre los caballeros derrotados alineados en
cinco filas, examinándolos uno por uno.
Las
hermanas, que al principio se mostraban reticentes y cautelosas, pronto se
acostumbraron. La forma en que miraban y evaluaban a los caballeros no era muy
diferente a la de quienes compran en una boutique.
Miss
hermanas tomaron sus decisiones una por una.
―
Sí, ya lo elegí.
La
hermana mayor, Vivian, eligió a un caballero que pudiera sobrevivir estando
rodeado por una sola legión.
―
Me gusta este chico. Creo que se verá bien con un buen baño y trato sus
heridas.
La
cuarta hermana, Liliana, eligió un caballero que pudiera borrar un pequeño
pueblo del mapa.
―
Me interesa, me ha llamado la atención, su majestad.
―
Vaya, eso es interesante. ¿Por qué lo elegiste, Sehera?
―
Es el que menos lesiones tiene. Supongo que eso es una prueba de que es así de
fuerte.
La
quinta hermana, Sehera, tomó una mala decisión.
Los
elegidos por las princesas fueron liberados inmediatamente de las ataduras que
sujetaban sus tobillos y muñecas. Pero después de eso, les esperaba una
restricción más severa que las esposas o los grilletes.
―
Mírame a los ojos.
El
poder de la familia imperial se manifestaba a través de su mirada y su voz. Mis
hermanas cruzaron miradas con sus caballeros elegidos y ejercieron su dominio,
obligándolos a prestar juramento de lealtad.
El
tiempo dependía del maná del caballero, su fuerza de voluntad y el poder de la
princesa. Nanaen fue la que más tardó en dominar el suyo. Apenas lo había
logrado, estaba empapada en sudor y se tambaleaba.
Sehera,
que había completado el suyo con facilidad, fingió preocupación y se acercó a
Nanaen con un pañuelo.
― ¡Oh,
mira todo este sudor, querida hermana! ¿Tan agotador fue dominar a un solo
caballero?
―
Es difícil, ¿por qué estás buscando pelea…?
― ¡No te preocupes! ¿Qué problema hay si te
falta habilidad? Mientras el Ciervo Dorado del Imperio parezca frágil y
lastimoso, eso es todo lo que importa.
―
Si no fuera por Abamama, Juro que….
Nanaen,
que tuvo que fingir ser inocente delante de su padre, tuvo que aceptar
dócilmente que Sehera le secara el sudor con un pañuelo e incluso darle las gracias.
Mientras
se desarrollaba esta nauseabunda muestra de cariño fraternal, la
hermana Orlete se me acercó.
― ¿No
vas a elegir a nadie?
―….
―…
Parece que no quieres tratar a las personas como objetos. Retrasar el proceso
no cambia la situación.
No
se trataba solo de seleccionar a una persona. Se trataba de elegir a alguien
para usarlo como herramienta y lanzarlo a una lucha a muerte. No quiero ser
parte de este crimen.
―
No se puede evitar, ni por la supervivencia ni por la sucesión al trono. Elige
a tu oponente como si fuera el destino.
Ese
es mi destino, no el de la otra persona.
No
podía escuchar cada palabra sin quedar atrapada, así que mantuve la boca
cerrada.
Entonces
algo me llamó la atención. Tal como el destino que acaba de mencionar la
hermana Orlete.
―
Supongo que éste no funcionará.
― Parece
que va a morir pronto.
El
caballero fue examinado por mi tercera hermana, Gwendoline, y la menor, Shushu.
Su estado era lamentable. Su cuerpo estaba tan cubierto de vendajes que apenas
quedaban zonas sin vendar. Era difícil creer que se mantuviera en pie. Incluso
sus ojos estaban dañados, con vendajes cubriendo la mitad superior de su
rostro. Mechones de cabello blanco despeinado sobresalían por debajo de ellos.
A pesar de su rostro oscurecido y su cabello canoso, lo reconocí al instante.
“¿Está
vivo?”
Mi
corazón latía con fuerza. Quería sacarlo a la luz ahora mismo. Quería llevarlo
a mi habitación y mantenerlo a salvo donde nadie pudiera tocarlo.
“Tienes
que calmarte, no debes actuar precipitadamente.”
―
Sasha, simplemente te quedarás sentada ahí. ¿Es posible que no te guste el regalo
que preparé?
Desde
hace un tiempo, he estado sintiendo la mirada de Axelion centrada en mí. Él me
estaba mirando.
Esa
bestia con piel humana no solo jugaba con vidas. Jugaba con la esperanza, la
dignidad, la fe, el amor y la desesperación. Si mostraba alguna reacción
emocional, la tomaría como una debilidad.
Avancé
con aplomo y me paré frente a él.
―
De ninguna manera, Su Majestad. Simplemente lo estaba sintiendo con mis sentidos,
no con mis ojos.
―
Bueno. Espero tu elección.
Rápidamente
me di la vuelta y caminé hacia los prisioneros. Con cada paso que doy hacia él,
mi corazón comienza a latir más fuerte. Me detuve cuando sentí que mis
costillas ya no aguantaban más.
Incluso
con mis tacones altos, mis ojos apenas alcanzaban su barbilla. Miré las vendas
que le cubrían los ojos.
―
Lo elijo a él.
―
¿Qué?
No
solo el emperador loco, sino también mis hermanas y los caballeros imperiales
que lo respaldaban reaccionaron conmocionados. Era natural. Este hombre
apestaba más a muerte que a vida. Su núcleo de maná parecía destrozado, y
apenas emanaba maná. Pero tenía una excusa preparada para justificar mi
decisión.
―
No quiero tomar decisiones ordinarias. Si juego bien a pesar de mi elección,
mis habilidades brillarán.
―
¿Eh?
―
¿No sería menos aburrido un concurso con un toque diferente, Su Majestad?
Proporcionar
entretenimiento al loco Emperador que quiere estimulación. Sería la persuasión
más efectiva.
―
Sasha, no esperaba que fueras tan ambiciosa.
― Me
halaga, Su Majestad.
―
Ahora que he puesto mis expectativas tan altas, ¿crees que podrás manejarlas?
―
Lo afrontaré con la determinación de arriesgarme el cuello.
Aumentar
las apuestas en aquello en lo que siempre estás apostando no hará ninguna
diferencia.
―
Mi caballero tiene más de una o dos áreas que necesitan ser tratadas, ¿puedo
retirarme primero?
―
Hazlo.
Funcionó.
Ahora lo único que me queda es llevármelo.
Siento
mi garganta seca. Agarré su muñeca, esperando que mis manos temblorosas
quedaran ocultas por el dobladillo de mi manga.
―
Sígueme. A partir de ahora, eres mío.


Comentarios
Publicar un comentario
Escribe un comentario.